Algunos temas sobre reliquias (III)

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Reliquia de San Fermín en Pamplona, España.

Reliquia de San Fermín en Pamplona, España.

Reliquias de San Fermín

Pregunta: En el artículo publicado en el blog el pasado día 23 de agosto sobre San Fermín, dijiste textualmente: “Son muy complejos y no están del todo claros los eventos relacionados con sus reliquias. En el siglo VII se ignoraba donde estaba el sepulcro del santo, pero una visión milagrosa que tuvo el obispo San Salvio las localizó”. Posteriormente mencionas que en Pamplona hay algunas, ¿podrías añadir algunos datos sobre estas reliquias pamplonicas?

Respuesta: Pues vamos a ello: Como dije en el artículo, los restos de San Fermín, una vez descubiertos, fueron llevados a Amiens y en el lugar de la tumba del santo en Abdalène (Abladene), se levantó una iglesia y se encontró una lápida con la inscripción “Firminus M.”. Hasta ahí, lo dicho, pero como la ciudad de Pamplona reivindicaba ser su localidad de origen era normal que quisiera tener reliquias del santo y la primera que obtuvo fue facilitada por el obispo Teobaldo de Heilly de Amiens, quién en el año 1186 dio a la ciudad Navarra una pequeña porción del cráneo del santo que hoy se conserva en la catedral pamplonica dentro de un busto realizado en el año 1527. Más tarde, en tiempos de Carlos II de Evreux se entregó otra reliquia del cráneo que también se guarda en la catedral dentro de una especie de copón del siglo XVI.

Copon relicario de san Fermín en la catedral de Pamplona, España.

Copon relicario de san Fermín en la catedral de Pamplona, España.

Ese mismo siglo, desde Amiens llegaron a Pamplona otras tres reliquias de San Fermín. Una la consiguió en el 1569 el embajador de Felipe II en Paris quién se la facilitó a su prima Beatriz de Beaumont, quién la colocó en el pecho de la imagen del santo que sale procesionalmente el día 7 de julio, aunque unos años más tarde fue sustituida por otra que consiguió don Martín Azpilicueta y finalmente, en el 1638, por otra conseguida por don Martín de Olagüe quién fue protector de la catedral de Amiens.

La cosa no quedó aquí, porque en el 1941 se recibió desde Amiens otra reliquia, concretamente un fémur, regalo de monseñor Lucien Martín obispo de Amiens a la ciudad de Pamplona, quién hoy la guarda en una arqueta relicario en la catedral.

Reliquias de San Marcos

Pregunta: Como San Marcos es el fundador de la Iglesia Copta, sabemos que el Beato Papa Pablo VI restituyó al Patriarca San Cirilo VI parte de las reliquias que estaban en Venecia y que San Cirilo las puso en la catedral patriarcal de El Cairo. Pero si San Marcos evangelizó Egipto y murió en Alejandría, ¿cómo llegaron sus reliquias a Venecia?

Respuesta: Este tema, aunque fuera de manera somera, se trató en el artículo que publicamos en este blog el día 25 de abril del año 2011. Por eso, en primer lugar te recomiendo que releas ese artículo, pero aún así vamos a tocar este tema con más detalle, aunque de antemano te digo que inevitablemente, se mezcla historia y leyenda. Como dijimos entonces, después de varias vicisitudes ocurridas con anterioridad, en el año 828 el cuerpo de San Marcos estaba en Alejandría y con el pretexto de “evitar la profanación por parte de los árabes”, dos mercaderes venecianos lo robaron y se lo llevaron a su tierra. ¿Para evitar la profanación o por cuestiones políticas? Pues veamos.

Sarcófago del Santo en la Basílica de San Marcos de Venecia (Italia).

Sarcófago del Santo en la Basílica de San Marcos de Venecia (Italia).

En ese siglo IX, desde el punto de vista eclesiástico, Venecia estaba sujeta al exarcado de Rávena, pero quería ejercer el poder político en el norte de Italia y estaba en discordia con el Patriarcado de Aquileya reclamando para si dicho Patriarcado ya que teniendo el poder eclesiástico obtendría el poder político. Uno de los argumentos de peso de Aquileya para ejercer el Patriarcado era que poseía las reliquias de San Hermágoras y de hecho, el Sínodo celebrado en Mantova le dio la razón. ¿Y qué pensaron en Venecia? Si Aquileya tiene a San Hermágoras a nosotros nos corresponde tener a San Marcos; pero ¿por qué esa reliquia tenía que ser suya? Pues sigamos viendo.

Sabemos que San Marcos era discípulo de San Pedro, que estuvo con él en Roma donde escribió el evangelio que prácticamente le iba contando, le iba dictando su maestro. Hasta ahí: verdad, pero dice la leyenda que San Pedro lo envió para que evangelizara el norte de Italia, que en Aquileya convirtió a Hermágoras, quién llegaría a ser el primer obispo de aquella ciudad. Posteriormente se embarcó y una tormenta sobre el Mar Adriático hizo que diera con sus huesos en los territorios donde posteriormente se levantó Venecia. Allí se le apareció un ángel quién le dijo: “La paz sea contigo mi evangelista; aquí descansará tu cuerpo”. De esta frase proceden las palabras que se leen en el libro que sostiene entre sus patas el león del escudo de Venecia: “Pax tibi Marce evangelista meus”. Así que si un ángel dijo que allí tenía que descansar, pues allí tenía que estar y como el maestro es superior al discípulo, Marcos era superior a Hermágoras y consecuentemente, el Patriarcado le correspondía a los venecianos y no a Aquileya.

San Cirilo VI, Patriarca Copto lleva las reliquias de San Marcos regaladas por Pablo VI.

San Cirilo VI, Patriarca Copto lleva las reliquias de San Marcos regaladas por Pablo VI.

Pero es que en aquella época el cuerpo de San Marcos no estaba en Venecia, ya que el evangelista se había marchado a evangelizar el norte de África, fue el primer obispo de Alejandría, en aquellas tierras había sido martirizado y allí estaba sepultado. Así que ¿cómo conseguir su cuerpo para darle validez a sus argumentos? Pues muy sencillo: robándolo, sobre todo cuando ese robo – según la interpretación que hicieron del legendario ángel -, estaba bendecido desde el cielo. Así que basándose en esta “legitimidad” planearon robar las reliquias del santo evangelista para sepultarlo en Venecia. Y, según nos lo cuenta la “Traslatio Sancti Marci”, sabemos como lo hicieron: en Alejandría había dos mercaderes venecianos (Bueno de Malamocco y Rústico de Torcello) quienes con el pretexto de que las reliquias corrían cierto peligro, quisieron ponerlas “a buen recaudo”. En este trajín, hubo cierta complicidad con los guardianes que custodiaban el cuerpo del santo, a los que sobornaron y durante la noche sustituyeron el cuerpo del santo por el cuerpo de una Santa Claudia. Sin embargo no fueron lo suficientemente precavidos porque los alejandrinos sospecharon algo raro y fueron a ver el sepulcro. Al encontrarse el cuerpo de Santa Claudia, confundieron uno con otro y no se percataron del cambiazo. Los mercaderes escondieron el cuerpo de San Marcos bajo unos trozos de carne de cerdo y cuando iban a marcharse, los musulmanes los registraron, pero al ver la carne de cerdo desistieron del registro.

El cuerpo fue embarcado, trasladado a Venecia y allí recibido con todos los honores. Se inició la construcción de la Basílica de San Marcos, que fue consagrada en el año 1094 y bajo el altar mayor se pusieron las reliquias del evangelista. Venecia tenía ya argumentos para arrebatarle la soberanía eclesiástica a Aquileya y reclamar para sí el honor del Patriarcado. Si la primacía de Roma se sustentaba en que había sido evangelizada por los apóstoles Pedro y Pablo los cuales estaban allí sepultados, ¿por qué ella iba a ser menos, si ni siquiera reclamaba el Patriarcado de Occidente sino solo el Patriarcado del norte de Italia? Habían conseguido su objetivo: consiguió su independencia eclesiástica, su autonomía y pudo convertirse en una gran república, respetada por todas las ciudades del norte del Mar Adriático e independiente de Bizancio. Aun hoy en día conservan ese título patriarcal, por lo que su arzobispo es además, patriarca.

Las reliquias de San Marcos bajan del avión en El Cairo.

Las reliquias de San Marcos bajan del avión en El Cairo.

Esto pasó en el siglo IX, pero la historia nos dice que los venecianos le cogieron “el gustillo” al robo de reliquias, sobre todo esquilmando los tesoros de infinidad de monasterios e iglesias bizantinas a partir de los siglos XI y XII. De esto ya hemos hablado en más de una ocasión.

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La Iglesia Ortodoxa Copta siempre reclamó lo que legítimamente era suyo y el beato Papa Pablo VI atendió – al menos en parte -, esta petición restituyéndole parte de las reliquias del fundador de la iglesia alejandrina cuando el 25 de junio del año 1968 (17 de Baounah del año 1684 según el calendario copto), fue inaugurada la actual catedral patriarcal de El Cairo. Allí fueron colocadas dentro de un altar construido a tal efecto, allí permanecen y allí son veneradas por la Iglesia Copta.

Aunque sea muy brevemente digamos algo acerca de cómo se realizó esta devolución: El Patriarca San Cirilo VI (el 116 sucesor de San Marcos en la Sede Alejandrina y que como ya sabemos también ostenta el título de Papa) había enviado una delegación oficial a Roma para recibir las reliquias. Esta delegación papal estaba compuesta por diez obispos y metropolitas ortodoxos, de los cuales siete eran coptos y tres eran etíopes, acompañados por algunos líderes religiosos laicos. La delegación alejandrina recibió las reliquias de San Marcos el sábado 22 de junio de 1968 (tres días antes de la consagración de la catedral cairota) de manos del beato Papa Pablo VI. Después de once siglos, parte de los restos del santo volvían a la tierra de donde jamás debían haber salido. Este fue uno de los actos eclesiales más importantes para la Iglesia Ortodoxa Copta de todo el siglo XX. O sea, ahora el cuerpo de San Marcos está repartido entre Venecia y El Cairo.

Sepulcro de San Marcos en la Catedral Patriarcal de El Cairo, Egipto.

Sepulcro de San Marcos en la Catedral Patriarcal de El Cairo, Egipto.

También fueron devueltas parte de las reliquias del patriarca Alejandrino San Atanasio que, ¡oh casualidad! estaban también en Venecia, pero este relato lo dejaremos para otro momento.

Antonio Barrero

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Algunos temas sobre reliquias (II)

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Relicario de San Andrés apóstol.

Relicario de San Andrés apóstol.

Aunque en este blog se ha escrito mucho sobre reliquias y relicarios, el pasado día 23 de junio escribimos un primer artículo, de lo que podríamos llamar genéricamente “algunos temas sobre reliquias”. Creo que hay toda una temática más que suficiente como para que en adelante podamos escribir algunos artículos parecidos a aquel y hoy vamos a repetir aquella experiencia porque sabemos que a parte de nuestros lectores estas cuestiones les interesan. Para esto tomaremos tres temas nuevos y dejaremos otros para artículos posteriores.

Pregunta: Yo se que parte del cráneo del apóstol San Andrés de Betsaida continúa en Italia, pero también se que otra parte del mismo, en tiempos del Papa Pablo VI, fue devuelto a la Iglesia Ortodoxa y que se encuentra en Patras (Grecia). Estamos acostumbrados a ver ambos relicarios que vosotros mismos habéis publicados en el blog, pero ¿qué me podéis decir de este otro del que os adjunto una foto? Gracias desde Cuba.

Respuesta: Interesante pregunta. Efectivamente, el 26 de septiembre de 1964, el Beato Papa Pablo VI entregó al metropolita Constantino de Patras parte del cráneo del apóstol Andrés. Este acto fue el fruto de una serie de contactos entre las Iglesias Católica y Ortodoxa, iniciados en Atenas el año anterior y fomentados tanto por Su Santidad Atenágoras I, Patriarca de Constantinopla, como por el Beato Papa Pablo VI. El Papa respondió afirmativamente a la petición del metropolita de Patras, quién puso la sagrada reliquia en el relicario que todos conocemos, que es de plata y que tiene la forma de un templo.

Lignum crucis procedente de Constantinopla (realizado entre el 1090-1110) y que se conserva actualmente en el Museo Diocesano de Génova (Italia).

Lignum crucis procedente de Constantinopla (realizado entre el 1090-1110) y que se conserva actualmente en el Museo Diocesano de Génova (Italia).

Sabemos que las reliquias del apóstol martirizado en Patras, fueron llevadas a Constantinopla en el año 365 por orden del emperador Constancio y que estas fueron depositadas en la Iglesia de los Santos Apóstoles. En ese antiguo relicario bizantino de oro que tú nos muestras, que es del siglo VII y que tiene un valor incalculable, estaba el cráneo del apóstol cuando en el año 1462 el príncipe de Bizancio Tomás Paleólogo lo entregó al Papa Pío II antes de que los otomanos destruyeran Patras. Actualmente, este relicario se encuentra en aquella ciudad griega, ya que el Vaticano lo devolvió junto con la reliquia. En Italia ha quedado una copia del mismo.

Pregunta: ¿Me podríais decir cuantos fragmentos de la cruz de Cristo existen en el mundo? Se que este tema debe ser muy complejo pero supongo que algo se sabrá al respecto. Gracias desde Austria.

Respuesta: ¿Complejo, dices? En primer lugar quiero decirte que no entraré en el tema de la autenticidad de estas reliquias porque de eso ya hemos hablado y con abundancia, en este blog, pero lo que si te digo es que yo creo que es imposible saber cuantos fragmentos de la verdadera cruz hay dispersos por toda la cristiandad. Tanto en Oriente como en Occidente, raro es el monasterio, convento, iglesia o basílica que se precie que no presuma de tener alguno y a niveles de tecas particulares, ya ni te cuento. En la red existen numerosas webs que mencionan algunos en concreto, pero como no es la pregunta que tu haces, intentaré ceñirme a ella basándome en unos datos publicados por la profesora Nicoletta De Matthaeis de la Universidad La Sapienza de Roma.

Lignum crucis del monasterio de San Pablo en el Monte Athos (Grecia).

Lignum crucis del monasterio de San Pablo en el Monte Athos (Grecia).

Sabes que se dice que “si pudieran juntarse todas las reliquias que existen de la cruz, saldrían más de una veintena de cruces”, pero eso no deja de ser una exageración. En su “Traité des reliques” de Jean Calvin, publicado en Ginebra en el año 1822, este autor llega a decir que “todas las piezas juntas llegarían a configurar toda la carga de un barco, aunque los evangelios dicen que esa carga fue llevada por un hombre”. ¡Otra exageración! Pero centrémonos en algo más serio.

A finales del siglo XIX, el célebre arquitecto francés Charles Rohault de Fleury, se dedicó a examinar uno por uno todos los fragmentos de la cruz que en aquel momento estaban catalogados, comparando el tipo de madera de cada uno de ellos y calculando su volumen. Basándose en numerosos documentos antiguos sobre las prácticas de la crucifixión hizo también un cálculo de las medidas y el volumen que pudo tener la cruz de Cristo y asimismo tomó como muestra las medidas y la densidad de la reliquia conservada en la Basílica romana Santa Croce in Gerusalemme. Con todo ello, determinó que las medidas pudieron ser de tres metros para el “stipes” y un metro ochenta para el “patíbulum”. Asimismo calculó que la anchura sería de unos veinticuatro centímetros. Con esas conclusiones, el volumen total de madera lo calculó en unos treinta y seis mil centímetros cúbicos. Más tarde, Michael Hesemann (periodista alemán nacido en Düsseldorf en marzo de 1964), quién ha estudiado en profundidad todas las reliquias de la Pasión, se manifestó a favor de los cálculos realizados por Charles Rohault de Fleury.

En base a todo esto, determinaron que sumando los volúmenes de todas las reliquias conocidas superiores a un centímetro cúbico, apenas se llegarían a los cuatro mil centímetros cúbicos, o sea, algo más del diez por ciento del volumen total de la cruz. Pero es cierto que existen muchísimos otros relicarios cuyos volúmenes de madera son más pequeños, que son inimaginables, que están repartidos por todo el mundo y que no están catalogados. Aun así, para Hesemann es muy difícil asumir que el volumen de todas ellas juntas pueda llegar a casi el noventa por ciento del volumen calculado por Charles Rohault de Fleury, defendiendo que como mucho, se triplicaría ese diez por ciento ocupado por los grandes relicarios. O sea, que en su conjunto, en cuanto a volumen se refiere, no se llega ni a la mitad del volumen que pudo tener la “Vera Crux”. Como dije al principio, otro tema distinto es la autenticidad de estas reliquias.

Cráneo de San Mamés venerado en la catedral de Langrés (Francia).

Cráneo de San Mamés venerado en la catedral de Langrés (Francia).

Pregunta: ¿Podríamos decir que es auténtica la reliquia del cráneo de San Mamés, venerada en la catedral de Langres? Gracias desde Francia.

Respuesta: En primer lugar te aconsejo que leas el artículo que sobre este santo y sus reliquias publicamos el día 17 de agosto del año 2011. Recordemos que San Mamés (Mamas o Mamante) fue martirizado y sepultado en Cesarea de Capadocia y que, aunque algunos restos o al menos su antigua tumba es conservada ahora en Morphou (Chipre), en una época no muy bien determinada, su cráneo fue llevado a Constantinopla cuando los seleúcidas tomaron Cesarea (hay quienes afirman que eso ocurrió en el año 1067).

Cuando los cruzados tomaron Constantinopla en el año 1204 la saquearon robando todo lo que pudieron tanto en sus palacios, como en las iglesias y en los monasterios. De esto ya hemos hablado en numerosísimas ocasiones. Entre las reliquias robadas estaba el cráneo de San Mamés, conservado en el monasterio de su mismo nombre, que tenía una corona de plata con su nombre escrito en griego: “Άγιος Μάμας”. Gualon de Dampierre, un clérigo que posteriormente fue arzobispo de Damasco, la trasladó a Francia poniéndola en la catedral de Langrés en el año 1209. Allí se conserva y venera, especialmente en el día de su festividad.

La reliquia estaba dentro de un valioso busto-relicario que fue destruido durante la Revolución Francesa. Hoy está dentro de un relicario similar hecho en el año 1855, que fue un regalo del cardenal Césaire Mathieu, que había sido obispo de la ciudad. El actual relicario es de plata dorada y en la parte superior tiene como una especie de tapadera que puede abrirse para mostrar la reliquia que contiene.

Antonio Barrero

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Contestando a algunas breves preguntas (XXXI)

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Escultura del Beato Gerardo Tenque, fundador de la Orden Sanjuanista, obra de Vicente Tena (Valencia).

Escultura del Beato Gerardo Tenque, fundador de la Orden Sanjuanista, obra de Vicente Tena (Valencia).

Pregunta: Hola amigos. Desde hace tiempo tengo varias preguntas que hacer sobre San Gerardo Tenque. A partir de recibir esta estampa que os envío me surgieron estas dudas: ¿Por qué a este santo se le conoce con varios apellidos como Tum, Tune y Sasso? Esto da pie a muchas confusiones. La Orden Sanjuanista que fundó, ¿es hoy en día la Orden de Malta? ¿Queda en esta orden militar algo de los orígenes con la que él la fundó o con el paso del tiempo, esta derivó en lo que hoy es? Gracias de antemano por vuestra respuesta, queridos amigos. España

Respuesta: En primer lugar tengo que decirte que oficialmente no está canonizado, por lo que en realidad estamos hablando de una persona que recibe el título de beato sin haber sido beatificado y ni siquiera confirmado su culto. Por eso no encontrarás datos sobre él en ningún libro de hagiografía. Solo te puedo dar estos datos sacados más que nada de obras que tratan sobre la Orden de Malta.

Aunque se le conoce como Gerardo Tenque, en realidad se llamaba Gerardo Tum y nació en el año 1040. Aunque se han insinuado algunos lugares de nacimiento como Amalfi en Italia, Martigues en la Provenza francesa e incluso en el Castillo de Avesnes en el condado de Henao, la realidad es que no puede confirmarse con seguridad ningunos de esos sitios, o sea, no se sabe si era francés o si era italiano. Se dice que fue comerciante, soldado y posteriormente monje benedictino y que a finales del siglo XI fue en peregrinación a Jerusalén, encontrando allí un hospicio donde se quedaban los peregrinos y que estaba situado junto a la iglesia de San Juan. El se hizo cargo de dicho edificio, lo convirtió en hospital en una fecha anterior al año 1100 y fue allí donde, para atenderlos, organizó a la Orden de San Juan de Jerusalén (Orden de los Hospitalarios) a la que le dio la Regla de San Agustín y cuyos religiosos hacían los tres votos monásticos. Esta Orden recibió el “placet” del Papa Pascual II mediante la Bula “Gerardo institutori ac praeposito Hierosolimitani Xenodochii”, emitida el 15 de febrero del año 1113 concediéndole el derecho a elegir a sus superiores. Esta Bula fue confirmada por el Papa Calixto II poco antes de la muerte de Gerardo, acaecida el 3 de septiembre del año 1120.

La constitución del Reino de Jerusalén obligó a la Orden a asumir la defensa militar de los enfermos de los territorios ocupados por los cruzados, para lo cual construyeron algunos castillos-hospitales en Palestina. En un primer momento, la mayoría de los miembros de esta Orden eran nobles europeos, pero poco a poco fue recibiendo a otros miembros que no pertenecían a la nobleza. Cuando Saladino tomó Jerusalén en el año 1187, la Orden tuvo que instalarse en Chipre y posteriormente en Rodas. Cuando esta isla griega cayó en manos musulmanas en el año 1523, los miembros de la Orden tuvieron que rendirse o abandonar la isla, quedando desde ese momento sin territorio donde asentarse. Fue siete años más tarde, cuando Carlos V cedió a la Orden la isla de Malta, y desde ese momento comenzó a conocerse como la Orden de Malta. Esta Orden jugó un papel importante en la célebre batalla de Lepanto.

Cráneo del beato venerado en Manosque (Francia).

Cráneo del beato venerado en Manosque (Francia).

La misión original de la Orden era, como he dicho, la asistencia hospitalaria a los peregrinos enfermos, pero con el devenir de los tiempos llegó a convertirse también en una orden militar que combatía contra los musulmanes. El Beato Gerardo decía que “la Orden perduraría mientras hubiese sufrimiento humano que aliviar” y por eso aun hoy en día atienden algunos centros hospitalarios. Algunos miembros de la Orden son frailes que han profesado los tres votos monásticos, pero otros solo hacen la promesa de obediencia, siendo la mayoría de los caballeros y damas simples seglares. El Gran Maestre – que tiene el título de cardenal – se elige entre los profesos. La espiritualidad de la Orden se simboliza en la cruz de ocho puntas que representan las ocho bienaventuranzas. La Orden de Malta recuerda al beato el día 13 de octubre. De esta Orden de San Juan de Jerusalén derivan las Religiosas Sanjuanistas, denominadas oficialmente “Comendadoras de San Juan de Jerusalén (Orden de Malta)”.

Pregunta: ¿Es cierto que en la localidad salmantina de Ledesma se conservan las reliquias de tres de los pastores que adoraron a Jesús en Belén la noche de su nacimiento? Muchísimas gracias desde Galicia, España.

Relicario de los santos pastores de Belén venerado en Ledesma (Salamanca).

Relicario de los santos pastores de Belén venerado en Ledesma (Salamanca).

Respuesta: ¡Ay, qué pregunta me haces! En la iglesia de San Pedro y San Fernando de esa localidad existe un cofre con unos huesos que, según la tradición, son de tres pastores que adoraron al Niño Jesús en Belén. Estos restos procedían de una iglesia anterior dedicada a San Pedro, diciendo la tradición que pertenecen a los pastores Jacobo, Isacio y Josefo, cuyos restos llegaron a Ledesma por medio de un caballero medieval, natural del pueblo, que los trajo desde Tierra Santa en el siglo XI. Desde entonces se han conservado en una arqueta de madera.

El Beato Papa Inocencio XI (1676-1689) concedió indulgencia plenaria a la “cofradía bajo la advocación de los Santos Jacobo, Isacio y Josefo, canónicamente erigida y fundada en la iglesia parroquial de San Pedro de la villa de Ledesma, en la diócesis de Salamanca”. Esta arqueta estuvo oculta en unos muros durante varios siglos, siendo descubierta en el año 1965. Esto es lo que dice la historia y la leyenda, pero que sean unas reliquias auténticas ya “es harina de otro costal”.

Pregunta: ¿Vais a seguir comunicándonos algunas otras coincidencias entre la Sábana Santa (Síndone) de Turín y el Sudario de Oviedo? Gracias

Respuesta: En el artículo que publicamos el día 7 de abril ya hablamos sobre este tema, pero te prometimos que continuaríamos con él y eso es lo que voy a hacer. El profesor Alfonso Sánchez Hermosilla, director del Equipo de Investigación del Centro Español de Sindonología, en el Congreso anual del Centro Internacional de Sindonología ha dicho textualmente lo siguiente: “Desde el punto de vista de la antropología forense y de la medicina forense, toda la información puesta al descubierto por la investigación científica es compatible con la hipótesis de que la Síndone y el Sudario cubrieron el cadáver de la misma persona. En el Sudario de Oviedo, la similitud en la morfología de las manchas y el tamaño de las mismas con la Síndone de Turín confirman esta hipótesis”.

Vista del Santo Sudario de Oviedo.

Vista del Santo Sudario de Oviedo.

Desde el punto de vista textil, ambas reliquias tienen igual composición, idéntico grosor de fibra, están hilados a mano y con torcedura en “Z”, aunque han sido tejidos de diferente manera: sarga en espiga en el caso de la Síndone y trama octogonal o tafetán, en el caso del Sudario. En el Sudario no hay ninguna imagen misteriosa como en la Síndone; solo hay huellas de sangre del grupo AB y de otros fluidos corporales procedentes de un cadáver humano. El estudio morfológico de las manchas presentes en los dos lienzos manifiesta un evidente parecido entre ellas, lo que quiere decir según el profesor Sánchez Hermosilla, que el cadáver fue tratado con mucho cuidado. Y sigue diciendo: “Debe tenerse en cuenta que este parecido morfológico entre las manchas de sangre no tendría por qué darse obligatoriamente: cabezas distintas pueden dar manchas muy parecidas y la misma cabeza puede dar manchas muy distintas. Sin embargo, ambas formaciones se corresponden perfectamente, tanto en posición relativa como en tamaño superficial, a lo que habría que añadir la concordancia de las distancias entre las lesiones maculantes que originaron las manchas si comparamos ambas reliquias. Desde el punto de vista de la medicina forense, podemos decir que el Sudario pudo cubrir el rostro del cadáver antes de que fuera envuelto en la Sábana.

Entre las evidencias más importantes están las manchas de sangre atribuidas a las espinas de la corona que “aparecen en ambas reliquias con una gran similitud en la distancia que las separa entre sí. La superficie ocupada por la nariz en ambos lienzos es muy similar: en el Sudario de Oviedo ocupa un área de dos mil doscientos ochenta milímetros cuadrados y en la Síndone es de dos mil. Asimismo, hacia la mitad de la región derecha de la nariz aparece una zona inflamada con una superficie de cien milímetros cuadrados en el Sudario y noventa en la Síndone”.

Manchas de sangre y otros fluidos en el Sudario de Oviedo.

Manchas de sangre y otros fluidos en el Sudario de Oviedo.

Además, una de las manchas del Sudario de Oviedo “parece compatible con algunas de las heridas ocasionadas por Flagrum Taxilatum en la zona derecha del cuello y resulta ser compatible con algunas de las improntas de la Síndone de Turín atribuidas a esta misma causa. En la región occipital aparecen manchas de sangre vital, es decir, que se vertió cuando el condenado estaba aún con vida, que son muy similares en ambos lienzos y parecen relacionarse con lesiones punzantes en el cuero cabelludo; además resultan ser concordantes con las que produciría un casquete de espinas”.

Pero este profesor sigue aportando más datos para confirmar su tesis: “A la altura de la séptima vértebra cervical, o “vertebra prominens”, en el Sudario de Oviedo aparece una mancha que adopta la forma de una mariposa y que se pudo originar como consecuencia de coser cuidadosamente el lienzo al cabello del cadáver embadurnado con sangre aún fresca. Esta forma de coser el lienzo a la cabellera ocasionó que esta adoptase la forma que puede apreciarse en la imagen de la Síndone y que algunos autores creyeron identificar con una especie de coleta, o incluso trenza, constituyendo otra prueba más de la influencia que el uso previo del Sudario pudo tener sobre la Síndone. A ambos lados de esta mancha, aparecen otras ocasionadas por fluidos cadavéricos y que resultan similares tanto en una como en la otra reliquia”.

Cripta de la catedral de Oviedo donde se conserva el Santo Sudario y otras reliquias.

Cripta de la catedral de Oviedo donde se conserva el Santo Sudario y otras reliquias.

Sánchez Hermosilla también afirmó que en el Sudario de Oviedo hay una mancha que se encuentra precisamente en la esquina inferior izquierda del reverso de la tela, “que podría haberse producido como consecuencia del orificio de salida de la lesión ocasionada por la lanzada; dicha mancha tiene su equivalencia en la Síndone de Turín, y podría haber pasado desapercibida hasta la fecha por su similitud morfológica con las manchas atribuidas a la flagelación. Además de esta mancha, aparecen signos indirectos de la lanzada, tales como los abundantes coágulos de fibrina que aparecen en las denominadas mancha difusa y mancha en acordeón”.

Las reconstrucciones tridimensionales del rostro del hombre de la Síndone de Turín corresponden con las manchas que se encuentran en el Sudario de Oviedo. “Tras conocer las proporciones craneométricas que aparecen en ambas reliquias, y una vez realizada su comparación, se comprueba que son concordantes, lo que ha permitido al escultor D. Juan Manuel Miñarro López realizar una reconstrucción del rostro del Hombre de la Síndone. Dicha reconstrucción es absolutamente compatible con el rostro del Hombre del Sudario, no sólo en sus proporciones antropométricas, sino también en las lesiones traumáticas que ambos presentan”.

El Hombre de la Sábana Santa (Síndone de Turín).

El Hombre de la Sábana Santa (Síndone de Turín).

Para concluir, incrustado en un coágulo de sangre que proviene del Sudario de Oviedo, “se ha descubierto un grano de polen que ha sido identificado morfológicamente por la bióloga Doña Marzia Boi, como perteneciente al género botánico “Helicrisum” y es compatible con otros pólenes análogos encontrados por otros investigadores sobre la Síndone de Turín. Este hallazgo, además de suponer una nueva concordancia entre ambas reliquias, podría corroborar la hipótesis de Doña Marzia Boi de que parte de los pólenes podrían haber llegado a los lienzos procedentes de los ungüentos con que fue amortajado el cadáver”.

Perdona si al contestar a tu nueva pregunta me he referido constantemente a esta conferencia. Me ha parecido lo más oportuno y he utilizado para ello la información que ha proporcionado el propio Vaticano sobre este Congreso.

Antonio Barrero

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San Simón Cireneo

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"Cristo cargando la cruz", óleo de Tiziano Vecellio, ca. 1565. Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

«Cristo cargando la cruz», óleo de Tiziano Vecellio, ca. 1565. Museo Nacional del Prado, Madrid (España).

Introducción
En el drama de la Pasión de Cristo intervienen muchos personajes, algunos de ellos con una intervención fugaz, pero que trasciende por el gesto con que participaron. Hay personajes antagónicos, que sin duda desagradan por sus desatinadas actuaciones, pero también destacan otros por sus actitudes valientes y llenas de humanidad. Cada uno de nosotros hemos sido Pilato, Herodes o Judas y podemos ser Juan el discípulo amado, Pedro que llora su pecado, la valiente Verónica que atraviesa barreras para reconfortar a Cristo o tal vez ser el Cireneo que le ayudó a cargar la Cruz. Todos somos un poco o mucho de estos personajes, sin embargo, lo más adecuado es que imitemos al protagonista principal de esta historia, el Señor Jesús, que en su Pasión dolorosa no hacía sino callar, entregarse mansamente por nosotros y reconciliarnos con el Padre Eterno.

El Evangelio de Marcos
Los Evangelios sinópticos coinciden en narrar la participación de Simón Cireneo en la Pasión de Cristo, pero es el Evangelio de Marcos quien nos da una referencia que conviene analizar: “Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, a que le llevase la cruz. Y le llevaron a un lugar llamado Gólgota, que traducido es: lugar de la Calavera”. Marcos 15, 21-22. Este texto nos refiere como un hombre llamado Simón, originario de Cirene, en Libia, estaba presente en Jerusalén durante la Pascua judía de ese año y de pronto y sin quererlo, se vio inmerso en el drama de Cristo. Su camino se cruzó con el del Nazareno esa trágica mañana y después ya nada fue lo mismo.

Luego, Simón de Cirene desaparece como llegó, si conocerse su origen, sin saberse nada sobre su perfil, fisonomía o carácter, no sabemos ni cuándo ni donde murió, más el Evangelio nos da un dato interesante: Simón era padre de Alejando y Rufo. El Evangelio de Marcos, escrito para la primera comunidad cristiana, comparte esta noticia para referir que unos integrantes de la misma tuvieron por parte paterna, una relación providencial con el Mesías. De lo anterior se puede asegurar con certeza que Simón escuchó el kerigma luego de la Resurrección del Señor y creyó en Cristo como Redentor; esta experiencia de fe la transmitió a su familia y así, el hombre que ayudó a Cristo a cargar su cruz tuvo también una pascua personal que le hizo pasar de las tinieblas de la ignorancia a la luz de la fe.

Simón Cirineo ayuda a Cristo con la cruz. Óleo de Tiziano, Museo Nacional del Prado, Madrid.

Simón Cirineo ayuda a Cristo con la cruz. Óleo de Tiziano, Museo Nacional del Prado, Madrid.

Simón y la Cruz
¿Cuáles serían los pensamientos y los sentimientos de Simón sobre su experiencia? Lo más probable es que haya estado disgustado por esa arbitraria elección sobre su persona; con miedos y a regañadientes aceptó ayudar al condenado a muerte, con el pensamiento de la impureza legal que adquiría al socorrerlo. No podemos determinar cuánto tiempo y qué distancia recorrería, lo que si podemos aceptar es que al llegar a la cumbre del Calvario, Simón era otro; es que cuantos colaboran con Cristo terminan identificándose con Él, llegando a amarlo y confundiéndose con su vida. Es fácil suponer el cambio en el corazón del Cireneo, tal vez una mirada del Señor le despertó simpatía y luego, en él, comprendió la inocencia del reo y protestó por esa injusticia. El desagrado por cargar la Cruz pronto se le convirtió en una afición por ayudar Jesús de Nazaret y no es difícil que haya reprochado a los verdugos y recriminado a sus acusadores su mezquindad y alevosía.

¿Permaneció Simón en la Ciudad Santa luego de la Muerte del Redentor? Aunque no es seguro, nada se opone a esta conjetura. La solidaridad verdadera con quien sufre se debe demostrar hasta el final, no antes. Eso es la verdadera caridad y no simple filantropía; y en lo secreto del alma del Cireneo, él intuía que ese drama del Viernes Santo no podía concluir allí. La posterior Resurrección de Cristo es el culmen de la Redención y siendo la voluntad de Dios que todos los hombres crean en su Hijo y que se salven, la predicación apostólica que comenzó en Pentecostés y que anuncia este mensaje, tuvo acogida en Simón todavía presente en Jerusalén o cuando esta noticia llegó hasta Cirene si es que no hubiera estado ya allí. Entonces, Simón se agregó a la naciente comunidad, compartiendo su experiencia con los primeros discípulos y desde luego, con sus hijos Alejandro y Rufo.

"Compasión", lienzo del pintor decimonónico William Adolphe Bouguereau. Museo de Orsay, Francia.

«Compasión», lienzo del pintor decimonónico William Adolphe Bouguereau. Museo de Orsay, Francia.

Nosotros y la Cruz
Cada uno de nosotros debe cargar su cruz cotidiana y seguir a Cristo. Esa cruz está hecha a la medida de quien la porta, ni más pesada o liviana; este peso nos ayuda a sobrellevarlo el Señor Jesús, que sabe de cargas y quiere hacer la nuestra más liviana. Para eso, nos manda también, para ser cireneos de quienes se caen bajo el peso de las dificultades que no han sabido enfrentar, para acompañar la soledad del que vive en abandono, para mitigar la tristeza del que ya no tiene consuelo, para dar la palabra de aliento a quien se ha hundido en la desesperación, para remediar las necesidades económicas que asfixian, para dar el consejo atinado a quien no sabe qué hacer en tal o cual circunstancia, para ser las manos del que no puede trabajar, los pies del que no puede moverse, la voz del que se ha quedado callado. La Pasión de Cristo sigue siendo actual y es necesaria nuestra ayuda para llevarla a buen término.

Culto
Simón de Cirene no está canonizado ni aparece en el Martirologio Romano. Nadie, o mejor dicho, casi nadie lo llama San Simón Cireneo; sin embargo, hay diversos calendarios en México que lo refieren como tal y señalan su fiesta el 1 de diciembre. Además, algunas iglesias orientales sí lo reconocen como tal.

San Simón Cireneo puede ser encontrado en la quinta estación de Viacrucis, cuyo origen histórico es innegable. Su figura también es infaltable en la representación del Viacrucis viviente, donde quien lo representa, hace lo posible por expresar la cooperación de este hombre con el Salvador para que pudiera llegar al Gólgota y ofreciera allí su vida en sacrificio por nuestra salvación.

Humberto

«La Pasión de Cristo» (2004): Simón de Cirene carga con la cruz

«La Pasión de Cristo» (2004): Simón de Cirene defiende a Jesús

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Apolo, un Santo de la época apostólica

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Apolo (Apolonio), mártir en Egipto con Marciano y compañeros (5 de junio).

San Apolo (Apolonio), mártir en Egipto con Marciano y compañeros (5 de junio).

“Fue muy útil a aquellos que por obra de la gracia se convirtieron en creyentes”. (San Lucas).

Apolo (en griego Απόλλων) es una divinidad de la antigua religión griega, dios de la medicina, de la música y de la profecía, que también fue venerado en la religión romana. Cuando se piensa en este nombre, hoy en desuso en la anagrafía, se piensa en el dios grecorromano. La tradición cristiana recuerda algunos Santos de nombre Apolo, entre los cuales está el gran colaborador de San Pablo.

Escuchemos la catequesis de SS. Benedicto XVI en la cual, el 31 de enero de 2007, presentaba a la audiencia general del miércoles algunos colaboradores de San Pablo: Bernabé, Silvano y Apolo: “Queridos hermanos y hermanas: siguiendo con nuestro viaje entre los protagonistas de los orígenes cristianos, dedicamos hoy nuestra atención a algunos otros colaboradores de San Pablo. Debemos reconocer que el Apóstol es un ejemplo elocuente de hombre abierto a la colaboración: en la Iglesia él no quiso hacerlo todo solo, sino que tuvo muchos y diversos colegas. No podemos referirnos a todos estos preciosos ayudantes, porque son muchos. Basta recordar, entre otros, a Epafras (cfr Col 1,7; 4,12; Fm 23), Epafrodito (cfr Fil 2,25; 4,18), Tíquico (cfr At 20,4; Ef 6,21; Col 4,7; 2 Tm 4,12; Tt 3,12), Urbano (cfr Rm 16,9), Cayo y Aristarco (cfr At 19,29; 20,4; 27,2; Col 4,10). Y mujeres como Febe (cfr Rm 16, 1), Trifena y Trifosa (cfr Rm 16, 12), Pérside, la madre de Rufo — del la cual San Pablo dice: “También es mi madre” (cfr Rm 16, 12-13) — y no olvidemos a cónyugues como Prisca y Aquila (cfr Rm 16, 3; 1Cor 16, 19; 2Tm 4, 19). Hoy, entre esta gran lista de colaboradores y colaboradoras de San Pablo, dirigimos nuestro interés a tres de estas personas, que han desarrollado un papel particularmente significativo en la evangelización de los orígenes: Bernabé, Silvano y Apolo.

Bernabé significa “hijo de la exhortación” (At 4,36) o “hijo de la consolación” y es el sobrenombre de un judío levita nativo de Chipre. Establecido en Jerusalén, fue uno de los primeros que abrazaron el cristianismo después de la resurrección del Señor. Con gran generosidad vendió un campo de su propiedad, entregando lo obtenido a los Apóstoles para las necesidades de la Iglesia (cfr At 4,37). Fue a hacerse garante de la conversión de Saulo en la comunidad cristiana de Jerusalén, la que aún desconfiaba del antiguo perseguidor (cfr At 9,27). Enviado a Antioquía de Siria, fue a encontrarse con Pablo en Tarso, donde éste se había retirado, y con él estuvo un año entero, dedicándose a la evangelización de aquella importante ciudad, en cuya Iglesia Bernabé era conocido como profeta y doctor (cfr At 13,1).

Santos Isaac y Apolo, mártires en Nicomedia de Bitinia.

Santos Isaac y Apolo, mártires en Nicomedia de Bitinia.

Así pues, Bernabé, en el momento de las primeras conversiones de los paganos, entendió que era la hora de Saulo, el cual se había retirado a Tarso, su ciudad. Allí fue a buscarlo. De este modo, en aquel importante momento, devolvió a Pablo a la Iglesia; le dio, en este sentido, al Apóstol de los Gentiles. De la Iglesia antioquena Bernabé fue enviado a misión junto a Pablo, en lo que se llama el primer viaje misionero del Apóstol. En realidad, se trató de un viaje misionero de Bernabé, siendo él el verdadero responsable, al cual Pablo se unió como colaborador, tocando las regiones de Chipre y de la Anatolia centro-meridional, en la actual Turquía, con las ciudades de Atalia, Perga, Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra y Derbe (cfr At 13-14). Junto a Pablo fue al llamado Concilio de Jerusalén, donde, después de un profundo examen de la cuestión, los Apóstoles con los Ancianos decidieron desligar la práctica de la circuncisión de la identidad cristiana (cfr At 15,1-35). Solo de esta manera, al fin, han hecho posible oficialmente la Iglesia de los paganos, una Iglesia sin circuncisión: somos hijos de Abraham simplemente por la fe en Cristo.

Los dos, Pablo y Bernabé, entraron en conflicto a inicios del segundo viaje misionero, porque Bernabé era de la idea de que había que tomar como compañero a Juan Marcos, mientras que Pablo no quería, separándose el joven de ellos durante el viaje precedente (cfr At 13,13; 15,36 – 40). También entre los Santos hay conflictos, discordias, controversias. Esto me parece muy consolador, porque vemos que los Santos “no han caído del cielo”. Son hombres como nosotros, con problemas también complicados. La santidad no consiste en no haberse equivocado nunca, en absoluto. La santidad crece en la capacidad de conversión, de arrepentimiento, de disponibilidad a recomenzar, y sobre todo en la capacidad de reconciliación y perdón. Y así Pablo, que era más bien áspero y amargo en los enfrentamientos con Marcos, al final se reencuentra con él. En las últimas Cartas de San Pablo, a Filemón y la segunda a Timoteo, el propio Marco aparece como “mi colaborador”. No es pues el no haberse equivocado nunca, sino la capacidad de reconciliarse y perdonas, lo que hace Santos. Y todos podemos seguir este camino de santidad. En cualquier caso Bernabé, con Juan Marcos, volvió a Chipre (cfr At 15,39) en torno al año 49. Desde ese momento se pierde su rastro. Tertuliano le atribuye la Carta a los Hebreos, a lo que no le falta verosimilitud porque, siendo de la tribu de Leví, Bernabé podía tener interés en el tema del sacerdocio. En la Carta a los Hebreos se interpreta de modo extraordinario el sacerdocio de Jesús.

San Apolo (Apolonio) de Bawit, abad.

San Apolo (Apolonio) de Bawit, abad.

Otro compañero de Pablo fue Silas, forma helenizada de un nombre hebreo (quizá Sheal, “llamar, invocar”, que es la misma raíz del nombre “Saulo”), del cual deriva la forma latinizada Silvano. El nombre de Silas está citado sólo en el Libro de los Hechos, mientras que el nombre Silvano aparece sólo en las Cartas paulinas. Era un judío de Jerusalén, uno de los primeros en hacerse cristiano, y en aquella Iglesia gozaba de gran estima (cfr At 15,22), siendo considerado profeta (cfr At 15,32). Le fue encargado comunicar “a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia” (At 15,23) las decisiones tomadas en el Concilio de Jerusalén, y de explicarlas. Evidentemente se le consideraba capaz de llevar a cabo cierta mediación entre Jerusalén y Antioquía, entre hebreos-cristianos y cristianos de origen pagano, y así servir a la unidad de la Iglesia en la diversidad de ritos y de orígenes.

Cuando Pablo se separó de Bernabé, tomó a Silas como nuevo compañero de viaje (cfr At 15,40). Con Pablo llegó a Macedonia (a las ciudades de Filipo, Tesalónica y Berea) donde se detuvo, mientras que Pablo continuó hacia Atenas y después Corinto. Silas se reunió con él Corinto, donde cooperó en la predicación del Evangelio, de hecho, en la segunda Carta dirigida a Pablo en esa Iglesia, se habla de “Jesucristo, que hemos predicado entre vosotros yo, Silvano y Timoteo” (2 Cor 1,19). Se explica así como él llegó a ser co-autor, junto con Pablo y Timoteo, de las dos Cartas a los Tesalonicenses. Esto me parece también importante. Pablo no ejerce de “solista”, de puro individuo, sino junto a estos colaboradores en el “nosotros” de la Iglesia. Este “yo” de Pablo no es un “yo” aislado, sino un “yo” entre “nosotros” de la Iglesia, entre el “nosotros” de la fe apostólica. Y Silvano es al fin mencionado en la Primera Carta de Pedro, donde se lee: “Os he escrito por medio de Silvano, hermano fiel” (5,12). Así vemos la comunión de los Apóstoles. Silvano sirve a Pablo, sirve a Pedro, porque la Iglesia es una y el anuncio misionero es único.

Estampa devocional de San Apolonio, mártir romano, perteneciente a la serie de Alberto Boccali ("Bertino").

Estampa devocional de San Apolonio, mártir romano, perteneciente a la serie de Alberto Boccali («Bertino»).

El tercer compañero de Pablo del que queremos hacer memoria es llamado Apolo, probablemente abreviatura de Apolonio o Apolodoro. A pesar de tratarse de un nombre de raigambre pagana, era un ferviente hebreo de Alejandría de Egipto. Lucas, en el Libro de los Hechos, lo define como “un hombre culto, versado en las Escrituras… lleno de fervor” (18,24-25). La entrada de Apolo en la escena de la primera evangelización tuvo lugar en la ciudad de Éfeso: fue a predicar y tuvo la fortuna de encontrar a los cónyugues cristianos Priscila y Aquila (cfr At 18,26), que lo introdujeron a un conocimiento más completo de la “vida de Dios” (cfr At 18,26).

De Éfeso pasó a Acaya, llegando a la ciudad de Corinto, aquí llegó con el apoyo de una carta de los cristianos de Éfeso, que recomendaban a los corintios el darle buen acogimiento (cfr At 18,27). En Corinto, como escribe Lucas, “fue muy útil a todos los que, por obra de la gracia, se habían convertido en creyentes; confutaba virgorosamente a los judíos, demostrando públicamente a través de las Escrituras que Jesús es el Cristo” (At 18,27-28), el Mesías. Su éxito en esta ciudad tuvo un aspecto problemático, porque algunos miembros de aquella Iglesia, fascinados por su forma de hablar, se oponían a otros en su nombre (cfr 1 Cor 1,12; 3,4-6; 4,6). Pablo, en la Primera Carta a los Corintos, muestra aprecio por lo hecho por Apolo, pero reprende a los Corintios por lacerar el Cuerpo de Cristo dividiéndose en facciones enfrentadas. Ello trae una importante lección: ya sea yo o ya sea Apolo – dice- no somos otra cosa que diakonoi, esto es, simples ministros, a través de los cuales habéis venido a la fe (cfr 1 Cor 3,5). Cada uno tiene una tarea diferenciada en el campo del Señor: “Yo he plantado, Apolo ha regado, pero es Dios el que ha hecho crecer tanto… somos, pues, colaboradores de Dios, y y vosotros sois el campo de Dios, el edificio de Dios” (1 Cor 3,6-9).

Vuelto a Éfeso, Apolo resistió la invitación de Pablo de volver enseguida a Corinto, retrasando el viaje a una fecha posterior que ignoramos (cfr 1 Cor 16,12). No tenemos más datos suyos, aunque algunos estudiosos piensan que puede ser el autor de la Carta a los Hebreos, de la cual, según Tertuliano, era autor Bernabé.

Estampa devocional de San Apolonio el Apologista, mártir romano.

Estampa devocional de San Apolonio el Apologista, mártir romano.

Estos tres hombres brillaron en el firmamento del testimonio del Evangelio por un punto en común más que por las características propias de cada uno. En común, además de su origen judío, tuvieron la dedicación a Jesucristo y al Evangelio, junto al hecho de haber sido los tres colaboradores del apóstol Pablo. En esta misión evangélica original encontraron el sentido de su vida, y así se nos presentan como modelos luminosos de desinterés y generosidad. Y repensamos, al final, esta frase de San Pablo: ya sea Apolo, ya sea yo, somos todos ministros de Jesús, cada cual a su manera, porque es Dios quien hace crecer. Esta palabra vale también hoy para todos, sea el Papa, sean los cardenales, los obispos, los sacerdotes, los laicos. Todos somos humildes ministros de Jesús. Sirvamos al Evangelio cuanto podamos, según nuestros dones, y opremos a Dios para que haga crecer hoy su Evangelio, su Iglesia».

El Martirologio Romano (M.R.) nombra algunos Santos de nombre Apolo o Apolonio:

San Apolonio, filósofo y mártir de Roma (21 de abril)

San Apolonio, mártir en Sardi (10 de julio)

Santos Apolonio y Filemón, mártires en Egipto (8 de marzo)

Santos Marciano, Nicandro, Apolonio (Apolo) y compañeros mártires en Egipto (5 de junio)

San Apolonio mártir, venerado el 10 de abril: “En Alejandría de Egipto, San Apolonio, sacerdote y mártir”.

San Apolonio de Bawit, abad, venerado el 22 de octubre. Vivió en el siglo IV, probablemente entre los años 316 y 395. Ermitaño, de origen egipcio, tras un primer momento de soledad y aislamiento en torno a cuarenta años en la Tebaida, como otros padres del desierto, se convirtió en guía-abad de un cenobio cerca de Hermópolis. Hay que recordar que su retorno a la vida eclesial y civil es similar al que hizo San Antonio el Grande, cuando dejó el desierto para combatir a Julián el Apóstata.

Icono copto de los Santos Apolo y Abib.

Icono copto de los Santos Apolo y Abib.

Entre otros Santos de nombre Apolo que no aparecen en el Martirologio Romano, recordamos a:

– Apolo (Apolonio), ermitaño en Nitria.

– Apolo, mártir en Bitinia, con Isaac y compañeros.

– Apolo de Pelusio, ermitaño.

– Apolo obispo, recordado con el obispo Alejo en Bitinia.

– Apolo, colaborador de San Pablo.

Finalmente, las Iglesias Orientales recuerdan a:

– Apolo “el Pastor”, monje, venerado en la Iglesia Copta el 30 de enero.

– Apolo, venerado en la Iglesia Copta el 13 de octubre.

Concluyendo, la figura de Apolo nos recuerda que cada uno de nosotros tenemos un papel en la venida del Reino de Dios, el cual llega por la gracia, como recuerda San Pablo: “Yo he plantado, Apolo ha regado, pero es Dios quien ha hecho crecer… somos pues colaboradores de Dios, y vosotros sois el campo de Dios, el edificio de Dios”. (1 Cor 3,6-9).

“En una comunidad parroquial fue anunciado que en la noche solemne del sábado de Pascua el Mesías regresaría. El Reino de los Cielos sería llevado a pleno cumplimiento: había llegado el fin de los tiempos. El Mesías había comunicado su misión a la comunidad.

El sábado todos se reunieron. Las mujeres habían preparado la cena, los hombres habían ensayado largamente la música, los cantos y las danzas. Sabían que aquella noche, finalmente, el Mesías iba a llegar. La fiesta comenzó…

Lienzo de San Apolonio, obispo, obra de Girolamo Romani "Il Romanino". Basílica de los Santos Faustino y Jovita, Brescia (Italia).

Lienzo de San Apolonio, obispo, obra de Girolamo Romani «Il Romanino». Basílica de los Santos Faustino y Jovita, Brescia (Italia).

Medianoche: ¡de aquí a poco tiempo le veremos!
La una de la mañana: su llegada era inminente.
Las dos: los corazones latían más fuertes.
Las tres: el cansancio empezó a hacerse sentir.
Las cuatro: algunos comenzaron a perder el ánimo.
Las cinco: se dormían y bostezaban todos… aún no llegaba…

A mediodía, ¡el Mesías llamó finalmente a la puerta! Entrando, dijo educadamente: “Perdonadme, pero me he encontrado un niño que estaba llorando y me he detenido a consolarlo…”

Mientras haya niños que lloran, el Mesías no llegará…” (extraido de “Il Gufo”).

Damiano Grenci

Bibliografía:
– AA. VV., Enciclopedia dei Santi “Bibliotheca Sanctorum”, 12 voll., Città Nuova, 1990.
– C.E.I., Martirologio Romano, Libreria Editrice Vaticana, 2007, pp. 1142.
– Sitio web de “il Gufo”
– Sitio web de la Santa Sede
– Sitio web de Wikipedia
– Damiano Marco Grenci, collezione privata di immaginette sacre, 1977 – 2008.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es