San Pedro Canisio, Doctor de la Iglesia (II)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Retrato de san Pedro Canisio realizado en 1546.

Retrato de san Pedro Canisio realizado en 1546.

Como indicamos en el artículo de ayer, su obra literaria fue muy amplia y muy eficaz y, aunque sea de manera breve, debemos enumerarla y explicarla. En primer lugar destaquemos sus “Catecismos”, escritos a petición del emperador Fernando I, de los que en vida llegó a hacer tres ediciones.

La “Summa Doctrinae Christianae”, publicada en Viena en el año 1555, aunque sin la indicación del nombre del autor, con doscientas trece preguntas y respuestas y que fue ideada como un manual para el último año de colegios y universidad. En la edición post-tridentina del año 1566 las preguntas ascendieron a doscientas veintitrés. Bajo su inspiración aparecen toda una colección de textos y de fuentes: “Auctoritatum sacrae Scripturae et sanctórum Patrum, quae in Summa doctrinae christianae Doctoris Petrii Canisii theologiae S.I. citantur”, Pietro Buys, Colonia, 1569.

El “Piccolo Catechismo”, que es el apéndice de una gramática latina que aparece bajo el título “Summa doctrinae christianae per questiones tradita et ad captum rudiorum accommodata”, que se presenta en cincuenta y nueve preguntas con sus respectivas respuestas y un breve compendio dogmático y cuyo destino era la primera instrucción religiosa que habrían de recibir los niños en la escuela. Este pequeño catecismo apareció por vez primera en alemán, en el año 1556, siendo editado en Ingolstadt. La tercera edición del mismo se hizo bajo el título “Catechismus Minor seu parvus Catechismus Catholicorum”, editado en Viena en el año 1558, aunque en sucesivas ediciones se le denominó “Catechismus Catholicus” o “Institutiones christianae pietatis”. Después de un detallado calendario de fiestas y de santos, contiene ciento veinticuatro preguntas y respuestas, siendo ideado como libro de texto para la instrucción religiosa en las escuelas medias y superiores. Es cierto que este formato de preguntas y respuestas no fue precisamente una invención de San Pedro Canisio, pero él la perfeccionó. Es muy significativo para la difusión y la importancia de la obra catequética de San Pedro Canisio, el hecho de que en el ámbito lingüístico alemán, hasta finales del siglo XIX, a los catecismos se les llamaban “Kanisi” (por Canisio).

San Pedro Canisio utilizó ampliamente las palabras de las Sagradas Escrituras y de los Padres de la Iglesia en sus exposiciones dogmáticas. En el llamado “Gran Catecismo” cita más de mil veces las Escrituras y varios cientos de veces a los Santos Padres. Por lo tanto, su obra catequética adquiere un carácter muy válido durante el tiempo, y en su forma textual no depende, o lo hace solo en parte, de las situaciones de cada momento. Junto a esta substancial fidelidad hay que tener en cuenta otra característica que le es distintiva y es el hecho de que los “Catechismi” son muy constructivos y en modo alguno, son polémicos o agresivos. O sea, en sus catecismos, San Pedro Canisio no refuta nada, sino que demuestra las cosas. De esta forma evita polemizar, renunciando incluso a citar los nombres de los reformadores. Hace mención de ellos de manera genérica: protestantes, utraquistas (los que defendían que para recibir realmente la Eucaristía había que comulgar forzosamente con las dos especies), hermanos de la religión de Augsburgo, etc., pero no los nombra por sus nombres. Él tenía conciencia de que renunciaba a la polémica y esto daba a su obra catequética un mayor valor en cada lugar y en cada tiempo.

Pintura-relicario en la residencia de los jesuitas en Innsbruck (Austria).

Pintura-relicario en la residencia de los jesuitas en Innsbruck (Austria).

Los criterios didácticos que él utilizaba, también contribuyeron al gran éxito de su obra. Fue muy ventajosa la división que realizó en tres partes, mediante las cuales se dispuso de un material muy oportuno para cada edad, desde la escuela elemental hasta la Universidad, dando a esta instrucción religiosa un contenido unitario. Su lenguaje es fácilmente comprensible, agradable, manteniendo un adecuado equilibrio entre el pensamiento latino de los escolásticos y la artificiosidad del humanismo. Se advierte claramente que el mismo Pedro Canisio había tenido una buena experiencia en la instrucción recibida durante su juventud. En realidad fue una ventaja que a la redacción de estos manuales – que eran necesarios -, no solo se dedicase un teólogo de profesión, sino que también era un hombre de acción, conocedor de la realidad de su tiempo, que tenía experiencia en las necesidades y en las posibilidades de cada uno. Por eso, el Papa Pío XI, con ocasión de su canonización, puso a los “catecismos” como ejemplos de ser las obras más conocidas y más importantes escritas por el santo para el servicio de la Iglesia.

Sus numerosas obras de contenido exegético, apologético, ascético y hagiográfico fueron apreciadas de manera muy especial, editándose en dos volúmenes titulados “De verbi Dei corruptelis”, en Ingolstadt en el año 1571 y en el 1577 y “De Maria Virgine incomparabili”, compuesto por encargo del Papa San Pío V como réplica a las “Centuriae” de Magdeburgo, que es un cuerpo de historia eclesiástica compuesto por cuatro luteranos de Magdeburgo a partir del año 1560. San Pedro Canisio demuestra en estas obras – en las que intenta hacer una exposición de la doctrina católica lo más ampliamente posible -, un amplio conocimiento de las Sagradas Escrituras y de los escritos de los Padres de la Iglesia, aunque se muestra poco especulativo y con escaso espíritu crítico.

El primer volumen, relacionado con la figura de San Juan Bautista, hace una exposición de la doctrina católica acerca de la justificación, mostrando especial respeto a la tradición, mientras que en el segundo recoge los testimonios de la tradición sobre la Virgen María. Sin embargo esta obra no pudo responder al propósito original, que era hacer una réplica a la “Historia de la Iglesia” de Magdeburgo, que iba apareciendo de manera muy rápida bajo la dirección de Flacius Illyricus.

Vidriera en Liesing, Viena (Austria).

Vidriera en Liesing, Viena (Austria).

Mientras realizaba esta obra tuvo algunas controversias con su sucesor en la dirección de la provincia de la Compañía de Jesús en la Alemania Superior, el padre Paul Hoffaeus, el cual viendo que el método de trabajo del santo – excesiva precisión, una cierta pedantería y una investigación documentadísima -, era una carga demasiado pesada para aquella provincia, recurrió a Roma a fin de que fuera revocado el encargo que se le había hecho a Pedro. De acuerdo con el padre Hoffaeus estuvo el propio hermanastro de San Pedro (Dietrich, mencionado en el artículo de ayer), que una vez tuvo que escribir: “In erudito hoc scribendi genere cui assuetus non est, supra modum sese macerat et vix unquam sibi satisfacit” (Cuando escribe de este modo erudito, a lo cual no estaba acostumbrado, se mortificaba sobremanera y casi nunca se sentía satisfecho).

La revocación de aquel encargo vino en el 1578, cuando San Pedro Canisio había comenzado a trabajar en el tercer volumen, que trataba sobre San Pedro y la doctrina del Primado. Otras divergencias y diferentes puntos de vista entre Hoffaeus y Canisio, hicieron que a finales de 1580, fuera enviado a Friburgo, donde fue con el encargo de poner en marcha el colegio, que recientemente había sido fundado. Este fue su último destino, en el que permaneció hasta 1590, predicando y escribiendo hasta pocos días antes de morir, el 21 de diciembre del 1597.

En el último año de su vida escribió su testamento espiritual, que sin lugar a dudas tiene que ser considerado como la conclusión de un diario espiritual, en el cual, Pedro Canisio que era extraordinariamente lacónico y muy reservado en lo que se refería a sus cuestiones personales, expone las líneas fundamentales de su vida y de su incansable actividad.

Reliquias del santo conservadas en Friburgo (Suiza).

Reliquias del santo conservadas en Friburgo (Suiza).

Mañana continuaremos escribiendo sobre su personalidad y sobre su Causa de canonización y culto.

Antonio Barrero

Bibliografía:
“Cathechismi latini et germanici”, dos volúmenes editados por Fr. Streicher, Monaco, 1933.
– Kröss, A., “San Pedro Canisio en Austria”, Viena, 1898.
– Schäffer, W., “Pedro Canisio, la lucha de los jesuitas en la Reforma de la Iglesia Católica Alemana”, Göttingem, 1931.
– Schamoni, W., “Le vrai visage des Saints”, Bruges, 1955.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctorum, tomo X”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.


O Rex Géntium,
Et desiderátus eárum,
Lapisque anguláris qui facis útraque unum:
Veni
Et salva hóminem,
Quem de limo formásti.
Oh Rey de las naciones,
Y esperado por los pueblos,
Piedra angular que haces de los dos pueblos uno solo,
Ven
Y salva al hombre,
Que hiciste del barro de la tierra.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Pedro Canisio, Doctor de la Iglesia (I)

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Lienzo. de San Pedro Canisio. Colegio de San Miguel de Friburgo, siglo XVII.

Lienzo. de San Pedro Canisio. Colegio de San Miguel de Friburgo, siglo XVII.

Hoy, día en el que conmemoramos su muerte, quiero escribir sobre este santo Doctor de la Iglesia aunque, dada la importancia de su vida y la amplitud y complejidad de su obra, es inevitable que tenga que hacerlo en tres artículos correlativos.

Pedro Kanijs (Canisio), nació el día 8 de mayo de 1521 en Nijmegen (Holanda). Su nacimiento fue contemporáneo a dos acontecimientos que incidieron profundamente en su vida y en su obra: la “Dieta de Worms” (una asamblea de príncipes del Sacro Imperio Romano Germánico, celebrada en Worms) que pronunció un bando contra Martín Lutero y la conquista de la ciudad de Pamplona, en Navarra, donde San Ignacio de Loyola fue gravemente herido.

Su ciudad natal pertenecía al ducado de Geldern y por lo tanto, en aquel tiempo, era todavía territorio alemán. Su familia formaba parte de la aristocracia de la ciudad y su padre, después de haber estudiado en la Universidad de París, había educado a los príncipes de la Corte del duque de Lorena y de vueltas a su ciudad, había sido nombrado burgomaestre, lo que equivalía a lo que ahora es un alcalde. En el año 1519 se había casado con la hija de un farmacéutico – Egidia van Houweningen – con la que tuvo tres hijos, siendo Pedro el primogénito. Su madre murió al nacer el tercer hijo, no sin antes aconsejar y conseguir de su esposo que su familia siguiera fiel a la Iglesia Católica. Su padre contrajo segundas nupcias con Wendelina van den Berhg, que fue una verdadera madre y no una madrastra con los tres hermanos. De este segundo matrimonio nacieron ocho hijos, uno de los cuales, Dietrich, siguió el ejemplo de su hermano Pedro ingresando también en la Compañía de Jesús.

Por tanto, Pedro creció en el seno de una familia profundamente católica a pesar del cisma provocado por Lutero. El mismo lo escribe en sus “Confessioni”: “Yo encontraba en aquellos tiempos una profunda alegría mirando las pinturas de los santos y asistiendo a las funciones litúrgicas; los días de fiesta, servía voluntariamente en la Misa y desde muy pequeño asumía el rol del sacerdote, tratando de imitarlo en su oficio cuando cantaba, rezaba o leía la Misa. Y hacía tan bien ese papel, que a mis compañeros de juegos les enseñaba lo que el sacerdote tenía que hacer. Una costumbre, un celo que en aquel entonces era pueril, pero que ya revelaba una tendencia que más tarde se desarrollaría y en la que se podría demostrar la Divina Providencia”.

San Pedro Canisio delante del emperador Fernando I y del cardenal Otto. Cesare Fracassini (XIX), Museos Vaticanos. Fuente: Alinari.

San Pedro Canisio delante del emperador Fernando I y del cardenal Otto. Cesare Fracassini (XIX), Museos Vaticanos. Fuente: Alinari.

Contrariando a su padre, que pretendía que su hijo estudiase una brillante carrera, Pedro decidió estudiar teología durante su estancia en la Universidad de Colonia. Allí estuvo desde el 1536 al 1546, a excepción de un curso que pasó en la Universidad de Lovaina, entrando en estrecha relación con un grupo de piadosos sacerdotes que pretendían una verdadera reforma de la Iglesia, manteniendo vivo el espíritu humanista holandés, la mística alemana y la llamada devoción moderna. Este círculo de sabios y santos sacerdotes influyó fuertemente en Pedro, especialmente Nikolaus van Esche y el prior Gerhard Kalckbrenner y el sub-prior Johann Justus Lansperger, de la Cartuja de Santa Bárbara.

En el año 1540, fue promovido como “maestro en artes” y junto al estudio de la teología, adquirió una extraordinaria familiaridad con las Sagradas Escrituras, lo que fue el comienzo de un serio trabajo científico a nivel personal. Si en la edición alemana de la obra de Johannes Tauler, aparecida en Colonia en el año 1543, se nombra como editor a un “Petrus Noviomagus”, identificado por Braunsberger y Tesser como San Pedro Canisio, mientras que Streicher y Brodrick lo niegan, sin embargo es cierto que es suya la edición en Colonia en 1546, de las obras de los Padres de la Iglesia con textos de San Cirilo de Alejandría y de San León Magno. Ésta es su primera obra y es, al mismo tiempo, el primer libro publicado por un jesuita.

Entretanto, en el año 1543, Pedro Canisio había entrado en la Compañía de Jesús, que había sido aprobada tres años antes por el Papa Paulo III, habiendo hecho previamente en Maguncia los ejercicios espirituales junto a San Pedro Favro, que como sabemos, fue uno de los primeros compañeros de San Ignacio de Loyola. En torno a Pedro Canisio, se constituyó en Colonia la primera comunidad jesuita en territorio alemán, que era la tercera al norte de los Alpes, después de las de París y Lovaina.

En una discusión que tuvo con el arzobispo Hermann de Wied, proclive al protestantismo y que intentaba llevar a su diócesis hacia las tesis de la Reforma Protestante, Pedro fue el portavoz del clero y de los fieles católicos que se oponían a los planes reformadores del arzobispo. De esta forma, en el año 1545 presentó los intereses de su ciudad ante la “Dieta de Worms” y poco después, hizo lo propio ante el mismo emperador en Colonia. A finales de ese año, fue enviado a Amberes para hacer lo mismo ante el emperador Carlos V, para presentarle las quejas de la ciudad contra el arzobispo de Wied.

Vidriera en la basílica de Dillingen (Alemania).

Vidriera en la basílica de Dillingen (Alemania).

El cardenal Otto Truchsess de Valdburg, arzobispo de Augsburgo – que también había estado en la “Dieta de Worms” -, como Pedro era un eminente teólogo, puso sus ojos en él llevándolo como su teólogo personal al Concilio de Trento. Antes de marchar hacia el Concilio, en el verano de 1546 recibió la ordenación sacerdotal en la ciudad de Colonia. Poco después de su llegada a Trento, en marzo de 1547 el Concilio se trasladó a Bolonia, donde durante unos meses participó en algunas comisiones teológicas especializadas en temas concretos. En el verano de ese mismo año, San Ignacio lo llamó a Roma, haciendo allí su noviciado como jesuita bajo la dirección del propio Ignacio. De este período de su vida él mismo escribe: “Me veo aquí, en la casa de la sabiduría, en la escuela de la humildad, de la obediencia y de todas las virtudes y me gustaría aprender más, no necesitando para ello que me lo impusieran por obediencia”.

En la primavera del año 1548 fue enviado al colegio de Messina para que enseñara latín y allí estuvo hasta finales de julio del año siguiente cuando San Ignacio lo envió a Baviera atendiendo a una petición del duque Guillermo IV, que quería tener presente a los jesuitas en la Universidad de Ingolstadt. Haciendo una breve parada en Roma, el 4 de septiembre de 1549 emitió los votos solemnes, habiendo recibido dos días antes la bendición del propio Papa Paulo III para ejercer su nuevo encargo en Alemania. Como él mismo lo escribe, después de recibir la bendición del Papa, visitó la tumba de San Pedro: “Plazca a tu infinita bondad, santo Padre y eterno sacerdote supremo, que yo implore a tus apóstoles que son venerados en la basílica vaticana y que gracias a ti obraron grandes maravillas, a fin de que quieran conferir una constante eficacia a la bendición que he recibido del Papa. Yo experimenté una gran consolación y la presencia de tu gracia que Tú has permitido me tocase a través de su intercesión. Así bendigan y confirmen mi misión en Alemania, siendo para mí como si quisiera prometerme la benigna asistencia para ser destinado por así decirlo como apóstol en Alemania. Tú sabes, Señor, cuanto y con qué frecuencia he confiado en este día por el cual tuve que soportar constantes preocupaciones y que, como hizo el propio Pedro Favro, hicieron valer todas mis fuerzas. Mi deseo era vivir y morir en Alemania y para esto deberé colaborar, por así decirlo, con el ángel de los alemanes, San Miguel.

De hecho, siglos más tarde, el Papa León XIII lo llamó el “segundo apóstol de Alemania, después de San Bonifacio, ya que durante unos treinta años participó en la reconstrucción de la iglesia alemana, que estaba acosada por el cisma, llegando a ser un promotor del movimiento de renovación católico alemán. Estuvo en Viena, en Innsbruck, Augsburgo y Mónaco y posteriormente, en Praga, Varsovia y Münster y a intervalos, volvía a Roma. Enseñó y predicó especialmente en Ingolstadt, Viena, Augsburgo, Innsbruck y Mónaco, ejerciendo una creciente influencia en la situación eclesiástica del Imperio alemán, sobre todo a través de la organización y difusión de la Compañía de Jesús, en el ambiente político y, con sus escritos, en la producción literaria.

San Pedro predicando ante el Papa. Pierre Wuilleret, Colegio de Friburgo (Suiza).

San Pedro predicando ante el Papa. Pierre Wuilleret, Colegio de Friburgo (Suiza).

En el mes de junio de 1556, San Ignacio lo nombró primer superior de la provincia jesuita de la Alemania Superior, que aunque después quedó reducida por la separación de la provincia austríaca, él dirigió hasta el año 1569, aunque con dos breves interrupciones. A él se debe la terminación de los colegios de Ingolstadt, Viena y Praga y el inicio de los colegios de Mónaco, Innsbruck, Dillingen, Tyrnau y Hall en el Tirol. Se preocupó de manera determinante por la creación de numerosos colegios en la provincia de la Alemania Inferior y organizando la Compañía de Jesús hizo que esta fuera un factor determinante y decisivo en la Contrarreforma. Aun tuvo mayor relieve su influencia personal en la política de la Iglesia y, en general, en la situación eclesiástica, teniendo una relación muy personal con todas las personas influyentes del catolicismo y contribuyendo esencialmente en la creación de una nueva autoconciencia entre los católicos alemanes. De él tenemos casi mil cuatrocientas cartas, de las que se han publicado mil trescientas dieciséis y en ellas cuenta y relata todo este tipo de relaciones tendentes a reformar a la Iglesia.

Al mismo tiempo fue consejero de los principales príncipes católicos, especialmente del emperador Fernando I, de los duques de Baviera y de los Papas Pío IV, San Pío V y Gregorio XIII, encontrándose implicado en las negociaciones políticas más importantes de la Iglesia. Su influencia tuvo una especial importancia en la aclaración de las discrepancias entre el papado y el emperador, las cuales, a finales del 1562 había llevado a la gran crisis del Concilio. En la “Dieta” de Augsburgo de 1566 obtuvo que el legado papal se abstuviese de hacer una protesta formal contra la paz religiosa obtenida el año anterior, a la que sus asesores canonistas trataron de inducirlo; eso fue importante porque de esa manera pudo evitar un conflicto armado.

Asimismo fue consejero de los nuncios pontificios en Alemania, tomando parte en numerosas discusiones religiosas con los luteranos. Su lema era: “No herir, no humillar, pero hay que defender la religión Católica con toda el alma”. Recibió del Papa muchos encargos especiales, como por ejemplo, en el año 1565, una misión ante los obispos alemanes para convencerlos a fin de que aceptaran los decretos del Concilio de Trento, las negociaciones secretas con los príncipes de la Alemania meridional en el año 1573 o la misión ante el duque de Klève en el año 1578.

Tumba del santo en Friburgo (Suiza).

Tumba del santo en Friburgo (Suiza).

Sus informes sobre la Reforma en Alemania, en los cuales juzga con particular crudeza la conducta de una parte del clero, incluidos los obispos, promovieron una mejor formación y elección de los mismos, sobre todo en tiempos de Gregorio III, y fueron decisivos en las medidas adoptadas por Roma, como el aumento de las nunciaturas, la fundación de seminarios pontificios, la consolidación del “Collegium Germanicum” en Roma, etc., aunque su propuesta presentada en la “Dieta” de Regensburg de anulación de los privilegios de los nobles a la hora de elegir a los obispos, no tuvo éxito.

En el artículo de mañana seguiremos escribiendo sobre su intensa obra literaria, su personalidad y pensamiento y sobre su culto.

Antonio Barrero

Bibliografía:
“Cathechismi latini et germanici”, dos volúmenes editados por Fr. Streicher, Monaco, 1933.
– Kröss, A., “San Pedro Canisio en Austria”, Viena, 1898.
– Schäffer, W., “Pedro Canisio, la lucha de los jesuitas en la Reforma de la Iglesia Católica Alemana”, Göttingem, 1931.
– Schamoni, W., “Le vrai visage des Saints”, Bruges, 1955.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctorum, tomo X”, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.


O Oriens,
Splendor lúcis aetérnae,
Et sol iustitiae,
Veni
Et illumina sedéntes in ténebris,
Et umbra mortis.
Oh Sol, que naces de lo alto,
Resplandor de la luz eterna,
Y sol de justicia,
Ven
Ahora para iluminar a los que viven en tinieblas
Y en sombra de muerte

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Edmundo Campion, sacerdote jesuita mártir

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Cuadro del Santo en el Salón de los Campeones de Oxford, Reino Unido.

Cuadro del Santo en el Salón de los Campeones de Oxford, Reino Unido.

Nació en Londres el día 25 de enero del año 1540, en el seno de una noble – aunque no rica -, familia católica que se pasó al protestantismo cuando subió al trono la reina Isabel I en el año 1558. Gracias a su ingenio vivaz y prometedor se fue a estudiar a la Grocers’ Company, primero en una escuela preparatoria y posteriormente a la del Christ’s Hospital, donde su discurso del 3 de agosto del año 1553 con motivo de la llegada a Londres de la reina María Tudor, le abrió las puertas del colegio universitario de San Juan en Oxford.

En la Universidad triunfó, especialmente después de un discurso que pronunció en el año 1564 con ocasión de la muerte del fundador, Tomás White y otro que pronunció dos años más tarde con motivo de una visita de la nueva reina Isabel I. Sus compañeros lo estimaban por sus convincentes cualidades y así, los mejores alumnos se reunían con él en un grupo que se hacía llamar los “campionistas”. Todos estos éxitos eran el preludio de un porvenir espléndido, que sin embargo le reportaron algunas consecuencias penosas, como por ejemplo, una cierta aquiescencia con la situación religiosa que imperaba en Inglaterra, hasta el punto de que en el 1564 llegó a prestar juramento anticatólico, reconociendo la supremacía religiosa de la reina.

Pero teniendo que dedicarse aquel mismo año – después de los cursos de filosofía aristotélica y teología natural -, al estudio de los escritos de los Santos Padres, descubrió claramente que la religión anglicana no era más que una deformación de la antigua fe que había llegado a las Islas Británicas hacía más de mil años. Esto le hizo recapacitar y tomar la decisión de retornar al catolicismo.

Impresión de 1631 conservada en Londres.

Impresión de 1631 conservada en Londres.

Mientras estaba en esta tesitura encontró un amigo en el obispo de Gloucester, Ricardo Cheney, que aunque se había pasado a la Reforma, consideró que Edmundo podía ser un buen sucesor suyo y lo ordenó de diácono, persuadiéndole de que aunque exteriormente profesase la nueva religión, en su interior siguiera conservando y profesando la fidelidad a Roma. Esto, en “román paladino” se llama jugar a dos cartas. Esta ordenación diaconal lo perturbó profundamente, dándole más de un amargo remordimiento de conciencia, por lo que dejó los servicios religiosos protestantes y se retiró a sus estudios en el colegio de Oxford. Abandonó esta ciudad el día 1 de agosto del 1569 y se marchó a Dublín, donde vivió como un católico.

Pero viéndose perseguido y asechado por los secuaces de la reina Isabel I – que había sido excomulgada por el Papa San Pío V -, se marchó a Douai en Francia, donde ingresó en el seminario y volvió a estudiar teología y así, reconciliándose con la Iglesia Católica, se ordenó de subdiácono, considerando que la anterior ordenación diaconal había sido ilícita e inválida.

Sintiéndose especialmente atraído por la Compañía de Jesús, se marchó a Roma en el 1573, donde fue admitido, asignándosele a la provincia austriaca de la Compañía. Estuvo en Brno y fue profesor en la Universidad de Praga y, ordenado sacerdote en el año 1578, se dedicó en exclusiva a la predicación. De este tiempo son algunos de sus discursos y algunas obras teatrales que compuso para las solemnidades académicas del colegio, como por ejemplo: “Abrahami sacrificium”, “Tragoedia de Saule rege” y otras. Es muy probable que sea también de esta época el célebre discurso “De iuvene academico”, que tenía como objetivo “el formar a un joven culto y piadoso, dispuesto a escuchar la voz del Maestro que lo llamaba al apostolado”.

El Santo ante la reina Isabel. Vidriera en el Campion House College de Osterley, Reino Unido.

El Santo ante la reina Isabel. Vidriera en el Campion House College de Osterley, Reino Unido.

En el año 1580, junto con el también jesuita Roberto Persons, fue destinado a las misiones en Inglaterra, aunque antes tuvieron que pasarse por Roma para recibir las últimas disposiciones o consignas. Fueron recibidos en audiencia por el Papa y el 18 de abril del 1580 reemprendieron viaje hacia su nuevo destino: su patria. Durante el camino, tuvieron conocimiento de que los espías ingleses habían avisado de su próxima llegada y que estaban siendo seriamente vigilados. Cuando llegaron a Dover, Roberto Persons decidió precederle disfrazado de oficial y San Edmundo disfrazado de joyero, aunque por poco no fueron arrestados al poner pie en suelo inglés. El 26 de junio pudieron refugiarse en Londres en casa de unos amigos.

Un discurso pronunciado el día de San Pedro sobre el texto evangélico “Tu es Petrus” (San Mateo, 16, 18), tuvo un éxito tan extraordinario que llegó hasta los oídos de la reina, lo que provocó la orden de espiarle aun más estrechamente. Edmundo tuvo que dejar Londres y marcharse a lugares más seguros donde pudiera seguir ejerciendo su ministerio: Berkshire, Oxford, Northampton y Lancashire, aunque antes de iniciar este viaje apostólico escribió una declaración: “A letter to the Lords of the Privy Council” (una carta a los señores del Consejo Privado), que fue llamada por los protestantes como “La jactancia y el desafío de Campion”. En esta carta, él se confesaba como sacerdote jesuita, explicaba la espiritualidad de su misión, solicitaba poder tener tres discusiones públicas – con los lores, los profesores de la universidad y con personas expertas en derecho civil y eclesiástico -, y terminaba diciendo: “Sabed que todos los jesuitas de este mundo, hemos hecho una alianza para llevar con alegría la cruz que vosotros nos imponéis y no desesperamos en conseguir vuestra conversión, mientras quede uno de nosotros por gozar la gloria de vuestro Tyburn o soportar los tormentos de vuestras torturas o morir en vuestras prisiones”. El texto íntegro de esta carta, puede leerse en inglés en este link.

Aunque esta declaración no tenía como destinatario al pueblo inglés, fue ampliamente divulgada entre los católicos, que se sentían orgullosos de él. Pero también cayó en las manos de sus adversarios trayendo como consecuencia la intensificación de la persecución, llenándose las cárceles de católicos. Sin embargo, Edmundo quería ir más allá y así, en la mañana del día 29 de junio del año 1581 se encontraron esparcidas por todos los bancos de la iglesia de Santa María de Oxford, unas cuatrocientas copias de lo que hoy llamaríamos unas octavillas hechas dos días antes: “Diez razones por las cuales Edmundo Campion lanzó el guante del desafío a los ministros de la Iglesia Anglicana a causa de la fe”. Estos folletos trataban de la autoridad de las Sagradas Escrituras, de la Iglesia y de los Concilios, de la historia y de las tradiciones eclesiásticas, de las paradojas de los protestantes, de sus contradicciones, destruyendo sus sofismas y rebatiendo sus errores y concluyendo con una invitación a la reina Isabel I para que retornara a la Iglesia Católica.

Teca-relicario con un pequeño trozo de la cuerda con la que fue amarrado y paseado por las calles de Londres hasta el lugar de su ejecución. Esta cuerda fue recuperada por el padre Roberto Persons que la utilizó como su cinturón hasta su muerte. La mayor parte de esta reliquia se conserva en el Colegio de Stonyhurst, aunque pequeñas porciones se conservan en Liverpool, Oxford, Westminster y el Vaticano.

Teca-relicario con un pequeño trozo de la cuerda con la que fue amarrado y paseado por las calles de Londres hasta el lugar de su ejecución. Esta cuerda fue recuperada por el padre Roberto Persons que la utilizó como su cinturón hasta su muerte. La mayor parte de esta reliquia se conserva en el Colegio de Stonyhurst, aunque pequeñas porciones se conservan en Liverpool, Oxford, Westminster y el Vaticano.

Quince días más tarde, el 16 de junio de 1581 fue traicionado por Jorge Eliot que lo entregó a unos matones que rodearon la casa de la señora Yate, donde San Edmundo acababa de celebrar la Santa Misa en la que había pronunciado un sermón sobre las palabras bíblicas: Jerusalén, Jerusalén, ¿por qué matas a tus profetas?” (Mateo, 23, 37) y distribuido la Comunión a más de sesenta católicos allí presentes. Tres días más tarde, montado de espaldas en un caballo, con los codos atados por detrás y con los pies atados bajo el vientre del animal, fue conducido a la Torre de Londres. Sobre su cabeza llevaba un texto que ponía: “Campion, el sedicioso”. Conducido al palacio de Leicester, San Edmundo defendió su trabajo como sacerdote y encontrándose enfrente de la misma reina, declaró reconocerla como legítima soberana aunque evitando responder a su pregunta acerca de si el Papa podría deponerla, diciendo que esta cuestión no era competencia de su misión como sacerdote.

Llevado a prisión, no quiso renunciar a su fe católica, ni frente a las lisonjas que le ofreció la reina ni ante los tormentos del ecúleo al que fue sometido. Mientras tanto, se difundía entre los protestantes la calumnia de que el santo había traicionado a los católicos renegando de su fe y desvelando los lugares adonde había sido acogido por familias católicas. Todo fue inútil, ya que ante el Lord Hundson que estaba presente mientras le torturaban, declaró: “Le sería más fácil arrancarme el corazón del pecho, que sacar una palabra de sus labios”.

Teca relicario del Santo.

Teca relicario del Santo.

En la última sesión del pseudo juicio, celebrada el 16 de noviembre asistió un gentío jamás visto con anterioridad, ante lo cual, San Edmundo se defendió aun más ardientemente hasta incluso entusiasmar al personal allí presente. No obstante, fue condenado por “haber entrado en Inglaterra con el propósito de incitar a una rebelión planificada en Reims y en Roma”.

El 1 de diciembre lo condujeron al patíbulo y allí, con la soga al cuello y delante de un gran gentío entre los cuales estaban muchos nobles del Consejo de la reina, se defendió de la calumniosa acusación de traición a los católicos, diciendo que no había revelado ningún nombre, declaró su respeto hacia la reina como autoridad terrenal, pero afirmó morir por la verdadera fe católica y romana.

Se podría decir que después de la muerte del santo, en Inglaterra se inició un importantísimo nuevo período en el que se mantuvo y acrecentó la fe católica. Edmundo Campion fue beatificado (confirmación de culto) el 29 de diciembre del año 1886. El decreto de martirio fue promulgado el 4 de mayo de 1970 y canonizado el 25 de octubre del año 1970 por el Beato Papa Pablo VI. Su fiesta se celebra en el día de hoy.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– MARTINDALE, C.C., “Edmund Campion”, Londres, 1933
– SIMPSON, R., “Edmund Campion”, Londres, 1889.
– TESTORE, C., “I martiri gesuiti d’Inghilterra e di Scozia”, Isola del Liri, 1934
– TESTORE, C., “Il beato Edmondo Campion”, Venezia, 1938.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo III, Città Nuova Editrice, Roma, 1990.

Enlaces consultados (27/10/2014):
– http://jesuitinstitute.org/Pages/Campion.htm
– http://www.thecampionschool.org.uk/SchoolAboutEdmund.html

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San Juan Berchmans, religioso S.J.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Grabado del Santo, obra de Alfred Hamy, en "Galerie illustrée de portraits" S.J., 1893.

Grabado del Santo, obra de Alfred Hamy, en «Galerie illustrée de portraits» S.J., 1893.

Introducción
La juventud ha sido destinataria particular de la atención de la Iglesia, pues su formación implica la forja de los adultos de las próximas generaciones, quienes tendrán en sus manos el progreso de la sociedad y de la misma iglesia. Hasta hace unos cuantos años la protección de los muchachos estaba alentada por la vida de tres jóvenes jesuitas: San Luis Gonzaga, que ostenta de hecho el Patronato sobre la juventud, San Estanislao de Kotska y San Juan Berchmans. Estos tres modelos ofrecen todavía muchos ejemplos a los muchachos de hoy para poder santificarse en su estado de vida.

Ahora toca a San Juan Berchmans, un joven con origen distinto a los otros dos referidos, pues no es de origen noble como ellos, sino del común del pueblo. Su vida nos inspira a ser responsables en nuestras obligaciones y a seguir con la sonrisa en el rostro aunque las dificultades quieran ensombrecerla.

Infancia
Juan fue el primero de cinco hijos habidos en el matrimonio de Juan Berchmans con Isabel Van der Hover. Nació el 13 de marzo de 1599 en Diest, Bélgica. Su padre era un maestro zapatero que también trabajaba en la alcaldía de la ciudad, donde conoció a su esposa, que desde muy pronto comenzó a estar enferma. Por ello, Juan, desde pequeño, tuvo que adaptarse a esta situación: no haciendo travesuras o escándalos, cuidando a sus hermanos, ayudar en los quehaceres domésticos. Con diez años cumplidos fue colocado como trabajador en la casa de un sacerdote vecino para ayudar en los gastos familiares. Este hombre, viendo las cualidades del pequeño, lo acogió con gusto en su casa.

Dos años después, con 13 años cumplidos se trasladó a vivir a Malinas, trabajando como empleado de un canónigo y cuidando a dos chicos holandeses. Tres años posaron cuando en el lugar se fundó un colegio jesuita al que decidió entrar. Su padre no estuvo de acuerdo y movió cielo y tierra para impedir su decisión, pero ésta ya estaba tomada; algo muy curioso para su progenitor, dada la docilidad del adolescente y su singular amabilidad. Con cinco meses de novicio, le llegó la noticia de que su madre estaba moribunda y que se requería su presencia pero no fue; envió en cambio una carta piadosa que causó lástima en el corazón de sus papás. Unos meses posteriores a la muerte de su madre, su padre ingresó al seminario, ordenándose poco tiempo después.

Grabado del Santo, obra de Boetius Adams Bolswert (1580 - 1633). Philadelphia Museum of Art, EEUU.

Grabado del Santo, obra de Boetius Adams Bolswert (1580 – 1633). Philadelphia Museum of Art, EEUU.

Religioso
Juan siempre fue un muchacho amable y alegre, le apodaron “el hermano alegre”. Fue un joven aplicado al estudio y responsable en sus obligaciones, cuando no alcanzaba a estudiar, dedicaba tiempo al estudio en su habitación hasta bien entrada la noche. Siempre jovial y atento con los demás, era escogido por ello como un ejemplo a presentar cuando había visitas en el colegio. Se decía de él que si alguien andaba de mal humor su sola compañía lo disipaba. Obediente a las indicaciones de su maestro de novicios, siempre trató de hacer las cosas ordinarias de manera extraordinaria. Cada servicio que le solicitaban, era un servicio a Cristo Jesús.

El muchacho tenia buena presencia, pues era rubio, de mediana estatura, faz alargada, ojos castaños, rasgados y saltarines, a través de los cuales se brotaba la inocencia de su alma. Era considerado un ángel en medio de los hombres. Fervoroso en la oración y muy práctico en las cosas espirituales decía: “Hablar sin ton son de cosas espirituales, molesta”; supo vivir en comunidad, pero también descubrió sus dificultades: “Mi mayor penitencia: la vida común”.

Tenía una inteligencia abierta a la erudición y la cultura. Dominar el inglés, el francés y el alemán le guiña el ojo; además del flamenco, habla el italiano desde que se fue a Roma a estudiar, el latín lo dominó por disciplina clerical. Le gustaba también estudiar el griego.

Tuvo un gran amor a la Santísima Virgen María, a quien le mostraba una tierna devoción llena de confianza y de cariño filial. Un año antes de morir firmó con su sangre: “afirmar y defender donde quiera la Inmaculada Concepción de la Virgen María”. Un estribillo que diariamente repetía era: “Quiero amar a María”. Tuvo esta convicción: “Si logro amar a María tengo segura mi salvación; perseveraré en la vida religiosa, alcanzar cuanto quisiere; en una palabra seré todopoderoso”.

Roma
En 1596 fue enviado al Colegio Romano que tenía la Compañía de Jesús en la Ciudad Eterna. Allí sobresalió por las virtudes que ya han sido descritas y particularmente por su aplicación al estudio. El 8 de julio anterior a su muerte pronunció un discurso en un certamen público al que asistieron grandes personalidades. Allí mostró su habilidad para hablar el latín, su buena memoria, su habilidad retórica, todo conforme a los cánones establecidos; con voz suave llena de seguridad, de tono amable con posiciones valientes, modestia y humor que fue lo demostró con su pericia. Alguien del público comento: “Si no es porque lo supiera cierto, juraría que este no es un joven sino un ángel”. Un mes después el 6 de agosto, tuvo que presentarse a una discusión semejante en el Colegio Griego. Al verse impedido el presidente del evento, Juan fue invitado como sustituto; allí también se echó al bolsillo al público por su participación encantadora.

Sepulcro del Santo. Iglesia de San Ignacio de Loyola al Campo Marzio, Roma (Italia).

Sepulcro del Santo. Iglesia de San Ignacio de Loyola al Campo Marzio, Roma (Italia).

Espiritualidad
Juan tuvo como divisa cumplir siempre lo mejor posible sus obligaciones, a pesar de sus deficiencias físicas y de sus enfermedades. Conforme al espíritu de San Ignacio de Loyola siempre tuvo presente: “Buscar y hallar a Dios en todo. Amar y servir en todo”. Fue siempre obediente, dedicado al estudio, atento al necesitado. Todo ello impresionando gratamente a quienes lo conocieron.

Sin embargo hay que proponer un punto muy delicado. Este entusiasmo fue el que causo su enfermedad y muerte. San Ignacio de Loyola siempre consideró primordial la salud del individuo y en esto, San Juan Berchmans, debió ser más precavido, abierto y preciso para con sus superiores y ellos mismos también debieron prestar más atención a ésto.

Muerte
En agosto de 1599, luego del certamen en el colegio, tuvo que ser ingresado a la enfermería del colegio por unos dolores de cabeza. El padre Cepari, Rector del mismo, ya se había dado cuenta meses antes de estos malestares y de su cansancio crónico, fuera de él, nadie lo había notado en la casa; pero Juan no tenía en cuenta sino servir sobre todas las cosas, sobre el estudio, la desgana y las molestias corporales, así servía a Dios y consagraba su dolor uniéndolo a la Pasión de Cristo.

Los días siguientes su situación se tornó más pesimista hasta que murió de total agotamiento. Pasadas las 8 de la mañana del 13 de agosto de 1599, a la edad de 25 años entrego su alma a Dios; sus últimas palabras fueron: “Jesús, María”. En sus manos tenía un crucifijo, el rosario y el libro de las reglas de la Compañía de Jesús. Fue colocado en un catafalco en la vecina iglesia de San Ignacio, a donde acudió de repente una conglomeración de gente. En medio del tumulto, luego del servicio religioso, los presentes, de manera indiscreta y rapaz, arrancaron gran parte de su ropa y del recubrimiento del catafalco para llevársela como reliquia, tuvieron que volver a vestir el cuerpo y se descubrió que faltaba un dedo del pie. Todo ello debido a la gran fama que tenía su personalidad.

Reliquia del corazón del Santo. Iglesia de los jesuitas de Lovaina (Bélgica).

Reliquia del corazón del Santo. Iglesia de los jesuitas de Lovaina (Bélgica).

Culto
San Juan Berchmans fue sepultado en la iglesia de San Ignacio. Fue beatificado el 9 de mayo de 1865 por el Beato Pio IX y canonizado el 15 de enero de 1888. La compañía de Jesús celebra su memoria litúrgica el 26 de noviembre.

Humberto

Bibliografía
– MARTINEZ PUCHE, J. Antonio, Nuevo Año Cristiano, Noviembre, EDIBESA, Madrid, pp. 448-452.
– VVAA, Año Cristiano, VIII agosto, BAC, Madrid, 2005 pp. 415-419.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

San José de Pignatelli, presbítero S.J.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Relieve marmóreo del Santo en la iglesia del Gesù, Roma (Italia).

Relieve marmóreo del Santo en la iglesia del Gesù, Roma (Italia).

Introducción
San Ignacio de Loyola fundó la Compañía de Jesús en el S. XVI dentro del periodo de la llamada Reforma Católica para contrarrestar los efectos de la Reforma Protestante y para fomentar el cambio que requería la Iglesia. En el S. XVIII, como resultado de la ilustración y a consecuencias del poder absolutista de algunas monarquías europeas, mediante presiones, chantajes y engaños se logró que el Papa Clemente XIV decretara la supresión de esta orden religiosa, cosa que sucedió principalmente en Francia, Portugal, España y todas sus colonias, sin embargo, el breve “Dominus ac Redemptor noster” que dejó a 23000 jesuitas sin estatus legal y con la condicición de proscriptos, no surtió efecto en Prusia y Rusia, países de fe protestante y ortodoxa. Federico el Grande y Catalina la Grande, respectivos monarcas de esos países no aplicaron esa ley y en estos países fue donde de manera casi embrionaria sobreviviera la Compañía.

En el año de 1814 el Papa Pío VII restauró la Compañía tras noventa y un años de su prohibición. Para que esto sucediera, hubo un hombre, San José de Pignatelli, que fiel a su vocación logró que resucitara la obra de San Ignacio de Loyola. En este año de 2014 se cumplieron dos siglos de esta restauración. Sirva este artículo como un homenaje a tan feliz aniversario, como reconocimiento a San José de Pignatelli sin cuya labor no se hubiera logrado este objetivo y como una muestra de filial cariño al Papa Francisco, primer jesuita que se ha sentado en la sede de San Pedro.

Infancia
San José de Pignatelli nació en Zaragoza, España el 27 de diciembre de 1737, penúltimo de una familia de ocho hijos formada por Antonio Pignatelli, Príncipe del Sacro Imperio Romano Germánico y María Francisca Moncayo. Fue bautizado en a la parroquia de San Gil, donde se le impusieron veintiún nombres. En 1742 murió su madre y un año después su padre traslada al a familia a vivir a Italia. En 1749 su hermano Nicolás se hace cargo de él junto con otros dos hermanos, inscribiéndolo en el Colegio Jesuita de Zaragoza, donde luego de tres años, sintió la vocación de ser también jesuita. Sus biógrafos coinciden en señalar que esto no era nada raro, pues por medio de la rama materna, había un parentesco con San Francisco de Borja y por el matrimonio del hermano mayor, se emparentaba también con San Luis Gonzaga.

Mascarilla mortuoria del Santo, que reproduce con fidelidad sus rasgos.

Mascarilla mortuoria del Santo, que reproduce con fidelidad sus rasgos.

Hijo de San Ignacio
En 1753 ingresa al noviciado y hace la emisión de sus votos en 1755. Los estudios del juniorado de los hizo en Manresa y los de filosofía en Calatayud. La teología la estudio en Zaragoza en 1759-1763, donde adquirió una afición por las antigüedades y desde donde forjó una gran biblioteca. En 1762 fue ordenado sacerdote, en víspera de su cumpleaños y de la celebración de su primera misa tuvo un vómito de sangre, por lo que desde entonces su salud fue precaria.

Su primer destino fue en Zaragoza, enseñando gramática a los niños del colegio, desarrollando una fecunda labor sacerdotal: creación de un coro de niños, atención del catecismo, predicación en la plaza pública, asiduidad al confesionario y sobresale su devoción a San Luis Gonzaga, promoviendo los seis domingos en su honor.

Avatares de la Compañía
En 1767 el Rey Carlos III decretó la expulsión de todos los jesuitas en sus dominios, comenzando así un verdadero calvario para todos ellos. Tuvo que abandonar su ciudad natal y en Tarragona, resentido por el viaje, su salud tuvo otra recaída. De Tarragona se trasladó a Ferrara, en un viaje que puede ser considerado una odisea. Aquí tuvo San José la oportunidad de practicar la caridad con cerca de 500 jesuitas que viajaban hacinados en varias embarcaciones. Sus familiares le reprochaban el estado en que vivía y le sugirieron que renunciara a ser jesuita. En respuesta, él profesó solemnemente sus votos en la Iglesia del Gesú de Ferrara el 2 de febrero de 1773.

El 21 de julio de ese año, el Papa decretó la supresión de la orden religiosa a la que pertenecía y él se encontró de pronto como un simple sacerdote secular. Vivió en estas fechas en Ferrara y Bolonia. Entonces repartió su vida y su ministerio entre la oración, el estudio, el crecimiento de su biblioteca, la que creció tanto que tuvo que buscar una casa más amplia para poder albergarla. Por estos días tuvo la afición a la pintura, un dato poco conocido. Iba a las academias de la universidad de Bolonia donde le gustaban las investigaciones literarias, históricas y científicas.

Lienzo contemporáneo del Santo.

Lienzo contemporáneo del Santo.

Trató entonces de hacer el noviciado con los jesuitas de Rusia pero no lo logró al estar prohibido esto a los españoles. Luego radicó en Parma, donde renovó en 1767 sus votos religiosos hechos veinticuatro años antes. Tenía sesenta años de vida cumplidos. En Parma se dedicó a la predicación, al catecismo, al confesionario. En Colorno, recibió el convento abandonado de los dominicos, en este lugar y de manera secreta, abrió un noviciado jesuita. Con la muerte del Duque Fernando de Borbón en 1806, su experimento se vino abajo, pues por decreto del gobierno francés, los jesuitas fueron expulsados de Parma.

Restaurador
En 1803, había recibido el nombramiento de Provincial, cargo dado por el Prepósito General Gabriel Gruber desde San Petesburgo. Alegó que no tenía la capacidad para ejercer este mandato, pero el Superior informó de esto al Papa y finalmente tuvo que obedecer. En 1804, Fernando, Rey de Nápoles e hijo de Carlos III pidió la instauración de la Compañía en su reino, empresa que fue del agrado de la hermana del Santo, la Condesa de Acerra.

Así, el 15 de agosto de 1804, en presencia del Rey Fernando y la Reina María Carolina, en el templo del Gesú Vecchio, los jesuitas recobraron un estatus de vidas y también de bienes que habían perdido por causa del padre de quien ahora lo recuperaban. San José de Pignatelli fue nombrado primero provincial de Nápoles al haberse separado Sicilia en otra provincia. Posteriormente fue nombrado provincial de Italia. Los jesuitas tenían un lugar geográfico donde recuperaron su libertad. De los ciento sesenta y ocho religiosos sobrevivientes de la provincia napolitana, noventa y tres regresaron en 1804 y cuarenta y dos al año siguiente. Solo treinta y tres no lo hicieron por edad avanzada o enfermedad. Aquí volvieron también jesuitas de otras nacionalidades e incluso obispos jesuitas que deseaban vivir en comunidad. Una comunidad donde el más joven de sus integrantes tenía cincuenta y nueve años de edad. Pronto la cantidad de congregados rebasó la cantidad de trescientos.

Estampa devocional del Santo.

Estampa devocional del Santo.

Todo esto se hizo de manera clara y con buena comunicación. Hay contactos con el Rey Carlos IV de España, para que consienta la restauración de la Compañía en ese pais, se busca el acercamiento con los religiosos de Rusia, se reconoce primero la existencia canónica de los jesuitas en el imperio de los zares y luego en Nápoles y Sicilia.

Rasgos
Hombre sencillo y sensible a la necesidad de los demás, con una profunda vida espiritual que destaca por el tiempo dedicado a la oración. Práctico cuando hay que buscar soluciones a los problemas cotidianos. Hombre culto, dedicado al estudio de las antiguas culturas, de las matemáticas, de las bellas artes. Sacerdote unido a la cruz, fuerte en la deportación, valeroso para infundir ánimo con los desalentados, con una personalidad optimista y firme, sereno, prudente y con grandes dotes para gobernar. Con una gran confianza puesta en Dios.

Roma
San José de Pignatelli vivió en Roma, en el Hospital de San Pantaleón, donde vivieron una veintena de jesuitas. El lugar se convirtió en casa de ejercicios y de tercera probación. Así en este lugar renació la Compañía de Jesús en la Ciudad Eterna, con la momentánea protección de Pío VII. Sin embargo, con la invasión napoleónica y la deportación del Papa, el santo volvió a la clandestinidad. Se dedicó entonces a la atención pastoral de los pobres de su barrio y por ello recibió el nombre de “Padre de los pobres”.

Muerte
Desde octubre de 1811 volvió a padecer los vómitos de sangre que le ocurría desde su juventud y dándose cuenta de que estaba por abandonar este mundo, se despidió de cada uno de los hermanos de su comunidad. Así, el 15 de noviembre de 1811 recibió la extremaunción y con setenta y cuatro años de vida, su alma partió al cielo. No tuvo el consuelo de ver restaurada la Compañía de Jesús, que decretaría el Papa Pío VII en septiembre de 1814 luego de su regreso de Fointanebleu.

Urna del Santo en la capilla de la Pasión de la iglesia del Gesù, Roma (Italia).

Urna del Santo en la capilla de la Pasión de la iglesia del Gesù, Roma (Italia).

Culto
Fue sepultado, cumpliendo su deseo, en la Iglesia de Nuestra Señora del Buen Consejo, en silencio, para que no se hicieran altercados con las tropas francesas establecidas entonces en la urbe. En 1920, el Prepósito General, P. Fortis, lo hizo exhumar y luego sepultar en la capilla del crucifijo de la Iglesia del Gesú. Acompañado por la fama de santidad, su proceso de abrió en 1836. Su causa fue autorizada por el Papa Gregorio XV, Benedicto XV proclamó la heroicidad de sus virtudes, Pío XII lo beatificó el 25 de febrero ed 1933 y él mismo lo canonizó el 12 de junio de 1954.

Humberto

Bibliografía:
– MARTÍNEZ PUCHE, José A., Nuevo Año Cristiano, Noviembre, Editorial EDIBESA, Madrid, no refiere fecha, pp. 267-274.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es