Contestando a algunas breves preguntas (XXVII)

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Pregunta: Hace unas pocas semanas escribieron ustedes sobre San Miguel Samuel, seglar ortodoxo ruso “loco por Cristo”. He tenido conocimiento de que en Ucrania también acaban de canonizar a otro “loco por Cristo”, muerto en los años treinta del siglo … Sigue leyendo

San Teófano Vénard, sacerdote mártir en Vietnam

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Foto de San Teófano Vènard.

Foto de San Teófano Vènard.

San Teófano Vénard nació el día 21 de noviembre del año 1829, en la localidad de Saint-Loup-sur-Thouet, departamento de Deux-Sèvres y diócesis de Poitiers, en Francia, día en el que la Iglesia conmemora la Presentación de la Santísima Virgen en el Templo; y quizás de ahí le vino la devoción que desde muy joven sintió de manera especial hacia Nuestra Señora. Su padre se llamaba Juan Vénard, y su madre, María Guéret, que pertenecían a una familia acomodada y profundamente piadosa; y que fueron para él y sus hermanos sus primeros maestros. El matrimonio tuvo seis hijos, de los cuales, la mayor – llamada Melania – se hizo religiosa, Teófano fue sacerdote y dos murieron siendo bebés. De pequeño, era un niño guapo, sonriente y juguetón, brillante e inteligente, que diligentemente acudía a la iglesia de su localidad y que, con sólo siete años de edad, dominaba la lectura y la escritura. Compaginaba la asistencia a la escuela con las labores duras del campo, ayudando a su padre en el pastoreo del ganado. Una de sus aficiones era la lectura de la vida de los Santos, sintiendo verdadera pasión por lo que leía.

Un día – a sabiendas de los riesgos de martirio que esa tarea conllevaba, pues así se lo había hecho saber un sacerdote francés, misionero en tierras vietnamitas -, manifestó a su padre su deseo de ser misionero, diciéndole: “Yo quiero predicar en el Vietnam y ser bendecido con la gracia del martirio”. Desde entonces, esta idea siempre estuvo en su mente, confortándolo pero al mismo tiempo atormentándolo, por lo que decidió solicitar a su familia el permiso para ingresar en el seminario y ordenarse de sacerdote. Sus padres aceptaron y lo pusieron al cuidado del párroco local que le enseñó latín. Posteriormente, se trasladó al Colegio de Douè-la-Fontaine, donde en el año 1843 recibió la noticia de la muerte de su madre, cuyo puesto al frente de la casa ocupó su hermana Melania.

Los dos últimos años en el Colegio sufrió grandes crisis de incomprensión, pues sus profesores no entendían sus ansias por ser sacerdote y misionero, aunque él siempre se sintió ayudado por las cartas que recibía de su padre y de su hermana Melania y así, con dieciocho años de edad, en el mes de octubre de 1848, ingresó en el seminario mayor de Montmorillon. Habiendo recibido el subdiaconado, solicitó permiso al obispo para entrar en la Congregación de las Misiones Extranjeras de París, ordenándose allí de sacerdote, con sólo veintidós años de edad, el 5 de marzo de 1851, antes de emprender viaje a Tonkín (protectorado francés del sureste asiático que constituía lo que hoy es la mayor parte del norte de Vietnam).

Pintura del Santo en la Casa Madre de las Misiones Extranjeras en París, Francia.

Pintura del Santo en la Casa Madre de las Misiones Extranjeras en París, Francia.

Embarcado en Amberes el 23 de septiembre, sustituyendo a un misionero enfermo, después de cuatro meses y medio de navegación, llegó a Singapur, donde tuvo su primer encuentro con cuatro seminaristas vietnamitas, lo que le causó una gran conmoción, al considerarlos hijos y hermanos de mártires que habían tenido que abandonar su propia tierra, pues sus vidas corrían peligro. En Hong Kong, mientras esperaba su destino definitivo, se dedicó a estudiar el mandarín, hasta que le vino la orden que esperaba: “A usted, señor Vénard, se le confía la joya de Tonkín”. Era el escrito que recibía del superior de la Congregación en París en febrero del 1854.

Una vez que llegó a Cua Càm el 13 de julio de ese mismo año, fue aceptado en Vinh Tri – que era la residencia episcopal – por parte del obispo Retord, responsable de las misiones del Tonkín Occidental. Inmediatamente se dedicó al estudio de la lengua, a fin de acompañar al obispo durante algunos meses en sus visitas pastorales.

En aquel tiempo, el emperador Tu Duc, hombre amable y tranquilo, instigado y presionado por los mandarines, inició la persecución contra los cristianos; publicando un edicto el 3 de marzo de 1851 en el que se ordenaba que todos los sacerdotes europeos fueran ahogados en los ríos, todo sacerdote vietnamita fuese descuartizado y todos sus bienes fueran confiscados y a todos aquellos que los delatasen, premiarles con trescientos talentos de plata. Ante esto, algunos cristianos apostataron y se convirtieron en espías al servicio de los mandarines. Pero la aplicación de este durísimo edicto imperial se vio mitigada al ser curado el hijo del gobernador regional por parte de un misionero que estaba encarcelado.

Un segundo edicto imperial, publicado el 18 de septiembre de 1856, impuso la aniquilación total de todos los cristianos, por lo que el gobernador, Nguyen dinh-Hung, envió un catequista a su amigo el sacerdote para avisarlo de las intenciones que tenían los mandarines de destruir en Centro Misional de Vinh Tri, aunque antes de llegar el mensajero, las tropas ya habían rodeado el centro misionero. El padre Lê Bao Thinh se presentó ante el oficial que estaba al mando de las tropas, diciéndoles que él era el director y que allí no se encontraba ninguna otra persona; con esto estaba permitiendo al obispo Retord, a Teófano Vénard, a otro sacerdote europeo, a tres vietnamitas y a todos los estudiantes, que se escondieran en las montañas que circundaban el Centro. El padre Thinh fue decapitado, el poblado fue destruido y todos sus habitantes fueron dispersados.

Cráneo del Santo venerado en Xuzhou (Vietnam).

Cráneo del Santo venerado en Xuzhou (Vietnam).

Escondido en las montañas y pasando de unas localidades a otras, Teófano Vènard llegó al seminario de Hoang Nguyen, donde se podía vivir más tranquilo, ya que el gobernador de aquel distrito era mucho menos cruel. Pero instigado por su colega Nam Dinh, se vio obligado a arrestar a tres sacerdotes vietnamitas, un diácono y diez seminaristas. Teófano tuvo que esconderse nuevamente y esta vez lo hizo con un misionero francés en But Dông, pero las numerosas deserciones de cristianos hicieron que nuestro Santo visitase varias localidades de aquel distrito con la intención de reconducir a los apóstatas al seno de la fe. En esta tarea estaba cuando un traidor lo delató, diciendo que se hospedaba en la casa de una pobre anciana cristiana. Los soldados rodearon la casa, encontraron al catequista Luong, al que atravesaron con una caña de bambú, y descubrieron a Teófano, que fue conducido en una barcaza hasta la casa del delator, que lo encerró en una jaula junto con el catequista atravesado con el bambú, llevándolos a la prefectura de Phu Ly.

Concluido el interrogatorio el 14 de diciembre de 1860, San Téfano fue encerrado en otra jaula menos estrecha y enviado ante el gobernador. En la parada que hicieron en Ke Voi, el jefe local – el cristiano Pablo Uong Moi -, le entregó una carta del coadjutor Monseñor Theurel. La jaula en la que iba el padre Vénard era transportada por ocho hombres y llegó a Hanoi a mediodía, siendo la curiosidad de muchos habitantes locales. Delante de la Puerta del Este, el malherido catequista fue arrastrado por los soldados y obligado a pisar una cruz que estaba sobre el terreno, mientras que quienes transportaban la jaula la zarandeaban, amenazando con tirarla. Interrogado por el gobernador el 17 de diciembre, los dos mártires fueron invitados a que pisotearan la cruz y, como ambos se negaron, fueron condenados a muerte.

Fieles vietnamitas besando el relicario del cráneo.

Fieles vietnamitas besando el relicario del cráneo.

La sentencia fue enviada a la Corte de Huè a fin de que fuera ratificada, llegando de vueltas a las ocho semanas de ser enviada. Durante este tiempo, el padre Vènard fue encerrado en una jaula más grande que las anteriores. A veces lo sacaban de la jaula y él aprovechaba la ocasión para acercarse a varios sacerdotes vietnamitas detenidos y confesarse; y cuando algún guardián no lo dejaba salir, el coadjutor Monseñor Theurel le enviaba al padre Thinh, quien a escondidas le hacía llegar la comunión a través de una mujer cristiana. Los guardianes, generalmente, eran clementes con los condenados a muerte, y en este sentido, les permitían que rezaran y meditaran. De esta manera, la oración le permitió vencer una última tentación de apegarse a la vida, que sufrió la noche del 18 de febrero de 1861.

En cuanto llegó la confirmación de la inmediata ejecución, un soldado cristiano advirtió a los catequistas Pedro Khang y Juan Batta Luong y, fingiendo el padre Vènard que estaba sufriendo grandes dolores, los dos catequistas consiguieron él fuera llevado al médico. Los dos aprovecharon la ocasión para comunicarle la noticia al padre. Este simplemente contestó: “Pues bien”, y confesándolos, se recogieron en oración. Una viuda llamada Nghien, que se encargaba de preparar la comida del padre, fue advertida por un soldado cristiano, llamado Domingo, a fin de que le preparase una ropa nueva y limpia para su último viaje.

Cráneo del Santo venerado en Xuzhou (Vietnam).

Cráneo del Santo venerado en Xuzhou (Vietnam).

Al detenido se le permitió que algunos amigos lo visitasen y él aprovechó esta ocasión para confortar a los dos catequistas; y dejando a la viuda Nghien sus ropas usadas, el breviario, el crucifijo y el rosario. Probó un poco de dulces que le llevaron sus amigos y algunas bebidas que le dieron los soldados, repartiendo casi todo entre los catequistas. La imprudente llegada de Ana Xui, que clandestinamente le llevaba el Viático, originó un gran tumulto entre los soldados, convencidos de que lo que le llevaban era veneno. La viuda Nghien se dirigió al comandante, diciéndole que aquello no era veneno, sino una “medicina que da la vida” y, ante las palabras irónicas de quien le estaba leyendo la sentencia, San Teófano, sabiendo que era un supersticioso, le respondió que jamás buscaría la venganza ni siquiera después de la muerte, sino que rezaba por él en ese momento y seguiría rezando después de muerto.

Se dirigió al lugar del suplicio, escoltado por doce soldados y precedido del prefecto, que iba montado en un caballo. Cerca de cien militares, guiados por dos oficiales montados en elefantes, rodeaban el cortejo. Al llegar a las puertas de la ciudad, al ver la cruz tirada en el suelo, se negó a pisarla, siendo arrastrado a la fuerza mientras él cantaba el “Magnificat”. Inútilmente buscó con la mirada al padre Thinh, que había sido enviado por el coadjutor para que le saliera al encuentro mientras lo llevaban al suplicio. Al llegar, se sentó sobre unos paños que habían puesto unas mujeres piadosas, mientras un soldado, con unas tenazas, rompía las pesadas cadenas que lo ataban desde el cuello hasta los pies. Libre de las cadenas, trató de alzarse para buscar nuevamente con la mirada al padre Thinh, a fin de que le diera la absolución, pero no viéndolo, él mismo bendijo a todos los presentes y se arrodilló junto a la estaca de bambú. Cuando el verdugo le preguntó que cuánto dinero le iba a dar, a fin de que la muerte fuera rápida y menos dolorosa, él le respondió: “Nada; haz tu trabajo”. Fue fijado a la estaca con los antebrazos atados a la espalda, a fin de que la cabeza quedase en alto y, habiendo cesado el toque de tambores y cimbales, el verdugo le asestó el primer golpe, cortándole la mejilla izquierda. Al segundo golpe, la espada se rompió, siendo degollado con dos golpes más de espada. Tenía al morir poco más de treinta y un años de edad.

Los cristianos pudieron recoger el cadáver y las ropas del mártir, pero no pudieron impedir que la cabeza fuese expuesta públicamente durante tres días y tirada a un río, aunque pudieron rescatarla. Asimismo, la sangre seca del padre Vènard fue recogida tanto por los cristianos como por los paganos. En el año 1865, el cuerpo de San Teófano Vènard fue enviado al Seminario de las Misiones Extranjeras en París, pero la cabeza quedó en Vietnam, conservándose en la parroquia de Xuzhou.

El proceso de canonización se inició en el año 1878 y, junto con otros veintinueve mártires vietnamitas, fue beatificado por San Pío X, el día 2 de mayo del año 1909. Finalmente, fue canonizado junto con otros ciento dieciséis mártires más por San Juan Pablo II, el día 19 de junio del año 1988. Su fiesta se celebra el 2 de febrero.

Relicario de San Teófano Vénard que era propiedad de Santa Teresa de Lisieux.

Relicario de San Teófano Vénard que era propiedad de Santa Teresa de Lisieux.

Santa Teresa de Lisieux, que admiraba la santidad de vida y el pensamiento del padre Vènard, haciendo canciones con las últimas cartas escritas por el padre a sus familiares, añadía: “Éstos son mis pensamientos; mi alma se le parece, ya que fue él quien mejor vivió mi camino de infancia espiritual”.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– HOA NGUYEN VAN HIEN, S., “Bibliotheca sanctórum, tomo XII”, Città N. Editrice, Roma, 1990.
– TROUCH, F., “Le bienheureux Théophane Vénard”, Lyon, 1929.

Enlace consultado (14/04/2014):
http://donghuongtuchau.com/post/2013/11/15/Kinh-cac-Thanh-Tu-%C4%91ao-Viet-Nam-Linh-muc-Thanh-Theophane-Venard

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santa Inés Le Thi Thanh (Ba Dê)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Lienzo contemporáneo de la Santa mártir vietnamita.

Lienzo contemporáneo de la Santa mártir vietnamita.

Hace un tiempo nuestro amigo y compañero Antonio Barrero abordó el martirio de numerosísimos mártires de Vietnam, un artículo dedicado a todos los canonizados y tres dedicados exclusivamente a los pertenecientes a la Orden dominica. Hoy, como he prometido diversas veces, hablaré de la única mujer canonizada de este grupo, Santa Inés Le Thi Thanh (Ba Dê), que es también la única mujer laica de los 117 mártires vietnamitas.

Nació en 1781 en la aldea de Bai Dem, provincia de Tran-Hoa, al norte de Cocochina (actual Vietnam del Norte), y desde la cuna fue cristiana. En la adolescencia pasó a vivir con su madre en Phunc-Nhat, en la provincia de Ninh Binh. Como era costumbre en su tierra, se casó a los 17 años de edad con otro cristiano vietnamita, un pacífico agricultor llamado Dguyen-Van-Nhat, llevando con él una vida apacible en matrimonio y teniendo 6 hijos. No mucho más se sabe sobre ella durante estos años de armonía, salvo que observaba una vida de buena cristiana. Era católica practicante y profundamente religiosa, lo cual hizo que le diera una óptima educación cristiana a sus seis hijos, tratando siempre estar en contacto con los sacerdotes cristianos y enorgulleciéndose de poderles dar hospitalidad en su casa cada vez que alguno de ellos llegaba a aquel pueblo. Siempre lo hacía con espíritu de verdadera caridad, lo que la hizo merecedora de la corona del martirio.

Conservamos algunos testimonios de su marido e hijos referentes al proceso de beatificación. Así, su esposo dijo acerca de su vida matrimonial: “Los dos siempre vivimos en armonía, paz y alegría; y jamás permitimos que nadie nos oyera discutir”. Lucía, la menor de sus hijos, nos ha dejado este testimonio: “Nuestra madre se preocupaba mucho de nuestra educación. Los maestros nos enseñaban literatura y otras cosas, ella nos enseñaba a ir a misa y a confesarnos. A veces, por pereza, no nos queríamos confesar, y entonces ella nos animaba a hacerlo e íbamos juntos a la iglesia”. Otra de sus hijas, Ana, dijo: “Después de que me casara, mi madre me visitaba a menudo y me daba buenos consejos. Una vez me dijo: “Obedecer a Dios y estar casada es una carga pesada. Debes obrar con sabiduría y no desobedecer a tus suegros. Pero también, por favor, debes aceptarlo como una cruz enviada por Dios”.

Relicario de la Santa llevado en procesión por mujeres vietnamitas.

Relicario de la Santa llevado en procesión por mujeres vietnamitas.

Cuando el emperador Minh Mang decretó la persecución de los cristianos, ella fue instrumento esencial de ayuda a los sacerdotes nativos, que viajaban disfrazados para eludir a los magistrados locales. En abril de 1841, en la aldea de Phunc-Nhat, se alojaban cuatro sacerdotes católicos. Como Inés tenía refugiado en su hogar a uno de estos sacerdotes, el misionero P. Galy, fue arrestada durante una redada en busca de sacerdotes católicos entre las poblaciones vecinas, ya en tiempos del emperador Thieu Tri, sucesor de Minh Mang. Había sido delatada por un catequista apóstata, quien por orden del gobernador, caracterizado por su especial crueldad con los cristianos, había traído un grupo de soldados a registrar el poblado y su casa, encontrando al misionero oculto en una cisterna vacía al fondo del huerto de Inés. Un conocido sacerdote vietnamita, el padre Li, y otro miembro de la Iglesia perteneciente a la misma aldea, fueron arrestados con ella y llevados ante el gobernador.

Como era una mujer, el gobernador de la provincia la juzgó débil y ordenó que fuera torturada tanto física como psicológicamente, seguro de doblegarla en poco tiempo y así, lograr que apostatara. Inés fue brutalmente golpeada y atormentada con serpientes venenosas. A pesar del inmenso terror y sufrimiento que esto le provocaba, mantuvo la compostura recurriendo a la fe en la Santísima Virgen; y todo ello mientras permanecía en la prisión de Tran-Hoa, siendo interrogada y golpeada constantemente. Los interrogatorios eran extenuantes y brutales, pero ella respondía a todo con firmeza: “Yo sólo adoro a mi Dios y jamás renegaré del cristianismo”. Uno de los guardias la golpeaba con un palo, pero viendo que resistía valientemente aquello, decidió usar una larga tabla de madera para azotarle las piernas. Cuando su marido acudió a visitarla a la cárcel, ella le dijo: “Me han golpeado con mucha violencia, ni un hombre podría haber soportado esto, pero estoy agradecida a la merced de Nuestra Señora, que me ha concedido no sentir dolor”.

Los soldados que se encargaban de torturarla tenían órdenes de obligarla a pisar una cruz que estaba tirada en el suelo, pero cuando la agarraron y quisieron forzarla a que la pisara, Inés se desplomó en el suelo, de modo que la arrastraron, haciéndola pasar por encima de la cruz. Ante esto, Inés rompió a llorar y gritaba: “¡Señor, ten piedad de mí, ayúdame! Jamás negaré mi fe en Dios, pero como soy una mujer débil, han usado la fuerza para obligarme a pisar la Cruz”. Otras veces, como ya se ha dicho, los torturadores usaban tácticas más crueles, como atarle las piernas juntas y meterle serpientes venenosas dentro de los pantalones y de su camisa. Esto le producía un gran pánico, pero entonces, rogaba tan fervorosamente a Dios que Él le concedía una fortaleza extraordinaria para sobrellevar esta prueba. Al poco, se quedaba sorprendentemente serena, era capaz de mantenerse inmóvil y no se agitaba, por lo que las serpientes no la mordían y poco a poco, se escurrían del interior de su ropa.

La Santa, con las ropas ensangrentadas, consuela a su hija Lucía en prisión. Ilustración contemporánea.

La Santa, con las ropas ensangrentadas, consuela a su hija Lucía en prisión. Ilustración contemporánea.

Un testigo dijo: “La señora Inés ha sido tan brutalmente golpeada que su cuerpo está ensangrentado. Aún así, es feliz y aún quiere sufrir más”. Lucía, su hija más joven, la visitó en prisión y, al verla con las ropas salpicadas de sangre, no paraba de llorar, sollozando entre lágrimas al ver el estado de su madre. Ella confortaba a sus hijos diciendo: “No lloréis, éstas son mis rosas rojas del coraje. Estoy sufriendo en el nombre de Jesús, ¿por qué lloráis?” Posteriormente, Lucía contaría: “Mi madre me pidió por favor que cuidara de la casa y de mis hermanos, que me mantuviera ferviente en la oración y en la asistencia a misa; y que rezara por ella, para que Dios le diera fuerzas para cargar su propia cruz. Me dijo que ambas, madre e hija, nos reuniríamos de nuevo en el cielo”. Su marido le pedía también que reconsiderara su posición, o cuanto menos, que pensara en sus hijos. Ella replicó: “Te confío a ti nuestros hijos. Confía en Dios. En cuanto a mí, confiaré y seguiré a Jesús hasta el final…”

Finalmente, tras tres meses y medio de tormentos y encarcelamiento, Inés Le Thi Thanh murió de disentería, sucumbiendo a las torturas y las condiciones deplorables de higiene y sanidad de las prisiones de la época. Aunque dos monjas se encargaron de cuidarla y algunos sacerdotes le hacían llegar medicinas a la prisión, nada pudieron hacer por salvar su vida. Recibió el consuelo sacramental de la penitencia y la unción de enfermos, mientras repetía: “Señor, Tú que moriste por mí, hágase tu divina voluntad. Que Dios perdone todos mis pecados”. Las últimas palabras que pronunció, poco antes de expirar, fueron: “¡Jesús, José y María! En las manos del Señor encomiendo mi alma y mi cuerpo, bendito sea el Señor y en todo sea obedecido”. Era el 12 de julio de 1841 y tenía 60 años de edad. Los carceleros, según era costumbre, quemaron los dedos gordos de sus pies con un hierro candente, para asegurarse de que estaba realmente muerta. Ni su ancianidad, ni el ser madre de una gran familia, habían movido a compasión a sus torturadores; que no la ejecutaron ni, al parecer, querían molestarse con ello tratándose de una mujer, pero se encargaron de destruirla de forma más lenta y atormentadora, y se contentaron con dejarla morir. Su marido y sus seis hijos la sobrevivieron. Fue enterrada rápidamente, aunque seis meses después, los cristianos la desenterraron y le dieron un funeral más digno.

Relicaro con huesos de la Santa.

Relicaro con huesos de la Santa.

El papa León X la beatificó el 2 de mayo de 1909 y el papa San Juan Pablo II la canonizó el 19 de junio de 1988 con otros 116 mártires vietnamitas. Aunque es venerada de forma conjunta con el resto del grupo, su fiesta particular es el día de su muerte, el 12 de julio. Ella es modelo para todas las madres católicas vietnamitas que usan la oración y el consejo para guiar a sus hijos. Hay tres iglesias dedicadas a ella como santa patrona, las tres en Estados Unidos: una en Florida, otra en Los Ángeles y la tercera en Nueva Orleans, además de imágenes suyas en muchas iglesias en Vietnam (Ciudad Ho Chi Minh) y Estados Unidos.

Meldelen

Bibliografía:
– SALOTTI, C., “I nuovi martiri Annamiti e Cinesi”, Roma, 1909

Enlaces consultados (15/10/2013):
http://www.phatdiem.org/Portal/Print.aspx?Culture=vi-VN&q=265
http://www.santiebeati.it/dettaglio/93421
https://sites.google.com/site/vietnamesemartyrs/VietnameseMartyrs/agnes-le-thi-thanh
http://tinmung.net/CACTHANH/118ThanhTDVN/_TieuSu/Thanh_AneLeThi.htm

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Santos mártires vietnamitas (III)

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Simulacros de santos mártires vietnamitas.

Simulacros de santos mártires vietnamitas.

Santo Domingo Mau, sacerdote dominico
Era natural de Phu-nhai y de pequeño ingresó en la “Casa de Dios”. Fue ordenado sacerdote y deseando una mayor perfección, ingresó en la Orden de Santo Domingo. Ya era anciano cuando fue hecho prisionero y encerrado en la cárcel de Hung-yen y tan dulce era su carácter que se granjeó el respeto e incluso el cariño de los carceleros. Siempre llevaba el rosario en el cuello y pasaba horas enteras en oración dentro de la cárcel. Murió decapitado el día 5 de noviembre del 1858. Un testigo ocular declaró posteriormente: “Cuando era llevado al suplicio, yo le seguía y vi que iba con gran firmeza de ánimo al lugar donde sería ejecutado, juntas las manos y entregado muy devotamente a la oración”.

Santo Domingo An Kham, terciario dominico
También era ya anciano cuando fue ejecutado. Había nacido en Quan-cong y era uno de los hombres notables y ricos de su región. Era muy respetado por su generosidad y por su prudencia y pertenecía a la Tercera Orden de Santo Domingo.
Fue acusado de esconder a varios misioneros europeos y cuando quisieron que revelara su paradero y renegara de su fe, valiéndose de la autoridad de que gozaba, les instó a que no cometieran semejantes crímenes. Se negó a pisar la cruz y evitó que algún miedoso lo hiciera, por lo que destruyeron su casa y fue encarcelado en Nam-ding. En la cárcel se comportó como un auténtico apóstol y gastó gran parte de su fortuna socorriendo a los pobres. Fue decapitado el día 13 de enero de 1859.

San Lucas Cai Thin, terciario dominico
Nació en Quan-cong y era hijo del mártir al que nos hemos referido anteriormente: digno hijo de tan digno padre. Era rico, muy generoso, ferviente cristiano y ejerció como juez durante tres años. Cuando la persecución estaba en todo su apogeo, fue a Nam-dinh para defender a los cristianos ante el gran mandarín, pero fue hecho prisionero. Ya estaba en la cárcel cuando fue apresado su padre y algunos familiares suyos. Ni los halagos ni los tormentos consiguieron quebrantar su fortaleza y no pisó la cruz. Llegó incluso a confesar por escrito su fe en Cristo para que siempre quedara constancia. Murió junto con su padre el 13 de enero de 1859, llevando en sus manos un crucifijo y musitando el acto de contrición.

Tumba de mártires en la parroquia de Xuan Thanh.

Tumba de mártires en la parroquia de Xuan Thanh.

San José Cai Ta, terciario dominico
Como los dos mártires anteriores, también era natural de Quan-cong, padre de familia y con una buena posición social, ya que era subprefecto de una Toparquía. Fue acusado de acoger en su casa a los misioneros europeos, hecho prisionero y, cargado de cadenas, encerrado en la prisión de Nam-ding. Se negó una y otra vez a pisar la cruz, por lo que fue condenado a morir decapitado. La sentencia también se cumplió el 13 de enero de 1859 como los dos mártires anteriores, convecinos suyos. Al igual que ellos, también era terciario dominico.

Santo Domingo Kham, sacerdote y terciario dominico
Nació en Cam-thuong, era sacerdote y pertenecía a la Tercera Orden de Santo Domingo. Las pocas noticias que tenemos de este mártir se las debemos a San Valentín Berriochoa: el 21 de enero de 1859, fue apresado y encerrado en la cárcel de Hung-yen, aunque tuvieron mucha consideración con él, disfrutando de cierta libertad para poder hablar con todos los que acudían a la prisión. Pero él pedía todos los días en sus oraciones, obtener la gracia del martirio y lo consiguió, pues fue decapitado el 11 de marzo de 1859, a pesar de los esfuerzos del mandarín para salvarlo.

Santo Tomás Khuong, sacerdote y terciario dominico
Nació en Nam-hoa, el año 1779 y pertenecía a una familia de mandarines. En tiempos del emperador Ninh-Manh fue encarcelado, aunque fue puesto en libertad por pertenecer a una familia noble. Pero bajo el reinado de Tu-Duc, de nuevo fue hecho prisionero cuando le tendieron una trampa. Iba de viaje en diciembre de 1859 y al cruzar un puente, vio pintada una cruz en el suelo e inmediatamente se detuvo para no pisarla. Un militar que estaba al acecho, lo detuvo por ser cristiano.
Fue encerrado en Hung-yen, confesando valientemente su fe. Se le pidió que animara a los nobles cristianos para que renegaran y el se negó diciendo: “Soy sacerdote y he llegado a los ochenta años de edad. Desde que era niño no he conocido ninguna otra religión, siempre he obedecido sus preceptos y he predicado al pueblo cristiano para que cumplan esa ley. Si ahora abriese mi boca para decirles que pisen la cruz y abandonen la religión cristiana, podría decirse de mí, con mucha razón, que yo ya no pertenezco a la raza humana. Pido morir mil veces, sin quejarme ni guardar odio a nadie”. Fue encarcelado durante un mes hasta que el 30 de enero del 1860 fue decapitado en Hung-yen, mientras estaba agachado en oración ante una cruz que él mismo había hecho en el suelo.

Escultura de cuatro santos mártires vietnamitas.

Escultura de cuatro santos mártires vietnamitas.

San José Tuan Van Tran, sacerdote dominico
Nació en Tran-xá e ingresó en la “Casa de Dios”, donde estudió, ordenándose de sacerdote e ingresando posteriormente en la Orden de Santo Domingo. Tenía cincuenta años de edad, cuando fue traicionado por un cristiano que fingió llamarlo para que administrara los sacramentos a su madre, que estaba gravemente enferma. Fue encarcelado, donde siguió ejerciendo su labor sacerdotal. Después de estar varios meses en la cárcel, fue condenado a muerte. Cuando lo llevaban al lugar del suplicio, vio una cruz en el suelo y se negó a seguir adelante diciendo: “Hemos sido presos y condenados a muerte por ser cristianos, así que quita esa santa cruz y yo seguiré caminando” y se sentó. Cinco soldados intentaron arrastrarlo por encima de la cruz, pero no lo consiguieron. Entonces retiraron la cruz y él continuó su marcha alegre y con decisión; se postró de rodillas e invocando el nombre de Jesús, fue decapitado. Era el día 4 de abril del año 1861.

San José Tuan, seglar
Nació en Nam-dien en una fecha no precisada, estaba casado y era un pobre campesino, aunque muy honrado. Con treinta y seis años de edad fue hecho prisionero. Padeció destierro y se negó en repetidas ocasiones a pisar la cruz; siempre se postraba ante ella adorándola y besándola reverentemente: “Te doy infinitas gracias, Dios mío, que eres mi refugio y mi fortaleza”. Condenado a muerte, marchó hacia el lugar del suplicio rezando las letanías de la Virgen, siendo decapitado el 7 de enero de 1862.

San Lorenzo Ngon, seglar
Era natural de Luc-thuy, agricultor y padre de familia. Fue hecho prisionero, pero aun pudiendo comprar su libertad con dinero, no lo hizo y obligado a pisar la cruz, se negó en repetidas ocasiones, por lo que fue encarcelado. Una noche, pudo escaparse de la prisión y fue a su casa para convencer a sus familiares a que de ninguna manera renegasen de su fe. Después de hecho esto, regresó voluntariamente a la cárcel. Allí, ayunaba tres días a la semana y animaba a sus compañeros diciéndoles: “Hermanos, es importante para nosotros padecer la más cruel muerte antes que ofender al Señor en lo más mínimo. Aunque el mandarín ordene que seamos cruelmente azotados y atormentados de mil maneras, permanezcamos firmes. No piséis jamás la cruz de nuestro Señor”. Nunca se dejó seducir, por lo que sufrió martirio el 23 de mayo de 1862.

Reliquias de Santos mártires vietnamitas.

Reliquias de Santos mártires vietnamitas.

San José Tuc, seglar
Era un joven oriundo de Hoang-xá, muy humilde, extremadamente pobre, pero muy fervoroso. Durante cinco meses fue desterrado, padeciendo hambre y sed. Encarcelado, fue cruelmente torturado para que pisara la cruz, pero siempre se negó. Fue llevado a Hung-yen, donde murió como mártir, con veinticinco años de edad, el día 1 de junio del año 1862.

Santo Domingo Ninh, seglar
Nació en Trung-linh donde fue obligado a contraer matrimonio, el cual resultó un fracaso, por lo que tuvieron que separarse. Aun así, él jamás habló mal de su esposa y de quienes le obligaron a casarse. Después de su separación, se dedicó a estudiar el chino. Junto con otros cuatro jóvenes de la “Casa de Dios”, fue hecho prisionero y obligado a pisar la cruz, a lo que se negó una y otra vez. Dos de sus compañeros fueron lanzados al aire con la trompa de un elefante que luego los pisoteó hasta matarles. Los otros dos y Domingo sufrieron el siguiente martirio: Los soldados cogieron un ramal suelto de la cuerda con la que estaban atados por el cuello y unas veces tiraban y otras aflojaban, martirizándolos de esta manera durante media hora, hasta que el final, tiraron tan fuerte que los estrangularon. No contentos con esto, les retorcieron los cuellos hasta volverles las caras al revés y después, aun les aplicaron teas encendidas en las plantas de los pies, dejando finalmente abandonados los cadáveres. Era el 2 de junio de 1862.

San Pablo Duong, seglar
Nació en Vuc-duong el 25 de noviembre del año 1800 y estaba casado. Por su piedad, fue elegido por sus convecinos para que cuidara de todo lo concerniente a la iglesia. El mismo día en el que cumplió sesenta años de edad fue arrestado por los soldados de Tu-Duc. Fue encarcelado y sometido durante mucho tiempo a los tormentos de la canga y el cepo, fue azotado, sometido a ayuno total por espacio de dos semanas y le marcaron en las mejillas los signos de la religión pagana. El, como pudo, se los quitó y ordenando el mandarín que se los grabasen de nuevo, se puso al complot con un cristiano que le gravó los caracteres “Huu-dao” (verdadera religión) en vez de “Ta-dao” (falsa religión), lo cual le valió nuevos tormentos y la condena a muerte. Fue ejecutado el 3 de junio del año 1862.

Tumba de varios santos mártires en el Santuario de Ba Ria.

Tumba de varios santos mártires en el Santuario de Ba Ria.

Santo Domingo Toai, seglar
Era pescador y estaba casado y tenía cincuenta años de edad cuando fue arrestado. Estaba enfermo y con dinero pudo haberse librado de la prisión, pero eran tantos sus deseos de morir por su fe, que prácticamente el mismo se entregó. Fue compañero de cárcel y de martirio de Santo Domingo Huyen.

Santo Domingo Huyen, seglar
Era cinco años más joven que su compañero de martirio – del que acabamos de escribir – y, como él, era pescador y estaba también casado. Pasaron juntos nueve años en la prisión, la mayor parte del tiempo, cargados con la canga y el cepo. Fueron cruelmente torturados en numerosas ocasiones a fin de que renegaran de su fe y pisaran la cruz, pero ambos se resistieron. Fueron sentenciados a muerte y así murieron: el 5 de junio de 1862 fueron llevados caminando hasta el lugar del suplicio. Fueron encerrados en una estrecha cabaña hecha con caña y paja a la que prendieron fuego. Murieron quemados, pero alabando a Dios.

San Pedro Dung y San Pedro Thuan, seglares
Ambos habían nacido en Dong-phú y ambos eran pescadores y padres de familia. El primero era de condición humilde, mientras que el segundo era de los que mandaban en el pueblo y que tuvo la debilidad de pisar la cruz, de lo que posteriormente, se arrepintió. Ambos fueron arrestados y encarcelados, torturados y obligados a pisar la cruz, a lo que siempre se negaron por lo que fueron inhumanamente azotados en más de una ocasión. En cierta ocasión les dieron permiso para ir a sus casas y despedirse de sus familiares, lo que aprovecharon para fortalecerlos en la fe. Encerrados nuevamente, pasados unos días, fueron quemados vivos. Era el 6 de junio de 1862; el primero tenía sesenta y dos años y el segundo, sesenta.

San Vicente Duong, seglar
Nació en Ngoc-cuc, era terrateniente, estaba casado y era juez pedáneo. Como era un cristiano muy piadoso, fue hecho prisionero junto con otros vecinos y encarcelado. Todos fueron primeramente halagados y posteriormente atormentados para que pisaran la cruz. Una vez le dijo al presidente del tribunal: “¿Por qué nos halagas de esta manera? ¿Somos muchachuelos incautos que temen a tus tormentos más que a nuestro Dios? Si hubiéramos querido pisar la cruz, ya lo habríamos hecho en nuestro pueblo y nos hubiéramos evitado los tormentos a los que hemos sido sometidos. Haga lo que quiera, pero nosotros no renegamos de nuestra religión pisando la cruz donde murió nuestro Salvador. Al oír el juez estas palabras, ordenó que fuese decapitado. Era el 16 de junio de 1862.

Reliquias de dos santos mártires vietnamitas.

Reliquias de dos santos mártires vietnamitas.

San Vicente Tuong, seglar
De él y de sus compañeros de martirio se tienen muy pocos datos. De él solo se sabe que nació en Ngoc-cuc en el seno de una familia bien acomodada y que fue juez pedáneo, que estuvo muchos meses encerrado en una prisión en condiciones inhumanas, que diariamente rezaba el rosario, que ayunaba a menudo y que recitaba diariamente varias veces el acto de contrición. Por negarse a pisar la cruz fue decapitado el 16 de junio de 1862.

Santo Domingo Nguyen, seglar
También se sabe muy poco de él. Durante muchos años ejerció la medicina propia de su país, estaba casado y era un modelo de padre de familia. Fue apresado con los mártires anteriores y por negarse a pisar la cruz, con ellos, fue decapitado en mismo día 16 de junio de 1862.

San Andrés Tuong, seglar
Igual que los anteriores, había nacido en el mismo pueblo, aunque él se dedicaba a los trabajos del campo. Fue apresado el mismo día y torturado como los demás por no querer pisar la cruz, siendo asimismo decapitado el 16 de junio de 1862.

Santo Domingo Nghi, seglar
Del mismo pueblo que los anteriores, aunque agricultor de profesión. Sufrió los mismos castigos que sus compañeros, siendo decapitado el mismo día.

San Pedro Da, seglar
Fue otro de los mártires nacidos en Ngoc-cuc. Trabajaba como asalariado en el campo y vivía con su esposa de manera muy piadosa. Tenía sesenta años cuando fue hecho prisionero. Sufrió todos los tormentos a los que fueron sometidos sus compañeros, aunque a él lo martirizaron un día más tarde. Fue quemado vivo el 17 de junio del año 1862.

Reliquias de San Vicente Liem de la Paz.

Reliquias de San Vicente Liem de la Paz.

Todos estos santos mártires vietnamitas, junto con los santos José Maria Díaz Sanjurjo y San Melchor García Sanpedro, fueron beatificados por el Papa Pío XII, el día 29 de abril del año 1951. Junto con todos los anteriores y demás beatos vietnamitas relacionados con los sacerdotes de las Misiones Extranjeras de París, fueron finalmente canonizados por el Papa San Juan Pablo II, el día 19 de junio del año 1988.
Del resto de los santos mártires del Vietnam, escribiremos en otra ocasión.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– VV.AA., “Testigos de la fe en Oriente”, Misión Dominicana de Nuestra Señora del Rosario, Hong Kong, 1987.

Enlaces consultados (01/09/2013):
http://conggiao.info/photos/2109/0/0/cac-thanh-tu-dao-viet-nam-2411.aspx
http://es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=26409
http://en.wikipedia.org/wiki/Vietnamese_Martyrs

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