Santa Teófana Basarab, emperatriz de Bulgaria

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fresco ortodoxo de la Santa  en la catedral metropolitana rumana de Nuremberg, Alemania.

Fresco ortodoxo de la Santa en la catedral metropolitana rumana de Nuremberg, Alemania.

Teófana Basarab es el emblema de mujer noble de Europa Oriental en la Edad Media. De ancestros rumanos y conocida como la madre cultural de Bulgaria, permaneció como símbolo de madre devota, dama elegante y piadosa.

Primeros años
Nació en la familia principesca de Valaquia. Su padre, Basarab I, es el primer gobernante conocido del estado centralizado de Valaquia (1310?-1352). Sobre su madre sólo se sabe que se llamaba Margarita o Marghita (según los Sinaxarios de las iglesias en Câmpulung y Râmnicu Vâlcea), originaria de la familia húngara de Kökényes-Renold de Doboka/Dăbâca, actual Transilvania. Nacida como la hija mayor de la familia en torno a 1300-1305, fue bautizada con el nombre de Braida. Sus otros hermanos fueron una hermana, Ruxandra, junto a la cual disfrutó de la buena educación que se daba a una princesa, según la mentalidad de la Edad Media, y un hermano, Nicolae Alexandru, que fue el siguiente gobernante de Valaquia (1352-1364).

Como era usual en la Edad Media, Basarab I estaba interesado en fortalecer sus conexiones políticas con las vecinas casas reales y principescas, por ello casó a sus dos hijas con los zares de Bulgaria y Serbia. Braida se casó en torno a 1322 con el príncipe Iván Alejandro, déspota -líder regional- en Loveč, y como nieto del zar búlgaro Mihail Shishman, 1323-1330, aspirante al trono. Su hermana, Ruxandra, se casó con el príncipe serbio Stefan Uroš III Dečanski, (futuro zar de Serbia 1322 – 1331).

Emperatriz de Bulgaria
En su nueva residencia de Loveč, tomó como princesa el nombre de Teodora. Su actividad consistía en promover la vida cultural de los búlgaros. Patrocinó un gran centro cultural, es decir, una escuela medieval y un centro de copia y traducción de manuscritos del Monte Athos y Constantinopla al viejo búlgaro, o sea, a la lengua de la Iglesia Eslava, de modo que esos manuscritos pudieran ser difundidos por Europa oriental.

Miniatura del príncipe Iván Alejandro de Bulgaria, esposo de la Santa. Miniatura en los Tetraevangelia de Iván Alejandro.

Miniatura del príncipe Iván Alejandro de Bulgaria, esposo de la Santa. Miniatura en los Tetraevangelia de Iván Alejandro.

El trabajo iniciado aquí lo continuó después de que su marido se convirtiera en zar de los búlgaros en 1331 y se trasladaran a Tărnovo. Entre los manuscritos que se redactaron aquí hay una traducción búlgara de la Crónica de Masasses bizantina (1344–1345), actualmente conservado en el Vaticano; los Tetraevangelia de Iván Alejandro, hoy en la British Library; el Salterio de Tomić (1360), hoy en Moscú; y el Salterio de Sofia (1337). En la “Alabanza al zar Iván Alejandro”, comprendido en este Salterio, un fragmento se refiere a su familia de la siguiente manera: “¡Alégrate, fiel intercesor! ¡Alégrate, alabanza y gloria búlgara! ¡Alégrate, oh zar Alejandro! ¡Alégrate, Iván! ¡Alégrate con tu piadosa esposa, la zarina Teodora! Alégrate con tus dulces hijos, Miguel Asen y Stratsimir y Asen”. Es difícil saber si Teodora es descrita como piadosa simplemente por motivos poéticos o eran sus cualidades reales, pero su futuro tiende a probar una auténtica piedad.

En cualquier caso, esto es también una prueba de los hijos que nacieron de este matrimonio. Iván Alejandro y Teodora tuvieron tres hijos: Miguel Asen (conocido como Miguel Asen IV, nacido en 1322, co-emperador con su padre en Vidin desde 1331; murió en batalla en 1355), Iván Stratsimir (nacido en 1324 o 25, zar de Vidin de 1356 a 1396), e Iván Asen IV (nacido en 1326, murió en 1349 en combate) y una hija. Si su nombre era Basilisa, o Kera Tamara como indican otras fuentes, es difícil de asegurar. Kera Tamara (casada primero con un déspota llamado Constantino, y posteriormente enviudada y vuelta a casar con el sultán Murad de los otomanos (1326-1389), podría haber sido hija de la segunda esposa de Iván Alejandro, también llamada Teodora.

En sus casi dos décadas como emperatriz, Teodora llegó a ver a sus hijos lo suficientemente adultos como para ver casarse a uno de ellos, Iván Asen, con una sobrina valaquia. La muerte de Iván Asen en una batalla contra los turcos en 1349 es la única vez que ella aparece representada en las miniaturas de la Crónica de Manasses, junto al lecho de muerte de su hijo.

Muerte de Iván Asen. Miniatura de la Crónica de Manasse. La Santa aparece inclinándose sobre su hijo agonizante.

Muerte de Iván Asen. Miniatura de la Crónica de Manasse. La Santa aparece inclinándose sobre su hijo agonizante.

Repudiada de la corte real y skema monástico
Debido a su elevada educación y su especial cuidado materno, llegó a ser muy respetada por los búlgaros, quienes la alababan por su elegancia, piedad y humildad, y por sus actos de caridad. Pero esto no era atractivo para el zar. El matrimonio de Iván Alejandro y Teodoro no fue un éxito en absoluto. Iván Alejandro se enamoró de una hermosa judía llamada Sara, así que se divorció de Teodora en 1347 y se casó con ella. Para que el matrimonio fuese posible, Sara se convirtió a la ortodoxia y tomó el mismo nombre, Teodora, siendo proclamada zarina. Pasó a la historia como “la dama que ríe”. Los documentos oficiales de la corte siguen simplemente intitulándose “en nombre del zar Iván Alejandro y su esposa Teodora”. Según otras fuentes, Teodora Basarab fue repudiada por su marido en 1352, sólo después de la muerte de su padre Basarab de Valaquia.

En cualquier caso, Teodora Basarab no regresó a Valaquia, lo que hubiese causado un conflicto entre los dos países. Eligió, en cambio, ingresar en un monasterio de monjas cercano a Tărnovo, donde tomó los votos monásticos con el nombre de Teófana.

Sus hijos fueron reacios a admitir la presencia de la nueva zarina, y hay noticias de que la nueva emperatriz envenenó a dos de los tres hijos de Teófana, para imponer a su propio hijo, Šišman, como heredero del trono. En realidad, los dos murieron en batallas contra los turcos. Por supuesto, tampoco faltan suposiciones de que primero fueron heridos en combate y después envenenados, pero esto no puede confirmarse. El único que sobrevivió, Iván Stratsimir, primero co-emperador con su padre, con responsabilidad sobre la región occidental, pasó a ser plenamente independiente en su reinado de Vidin (1356). Iván Alejandro hizo a Šišman su co-emperador en Tărnovo. Šišman heredó el trono en 1371 y fue el último zar de Bulgaria. Es más, la división del país terminó con la formación del principado de Dobrotič en el este (la actual Dobrogea, parcialmente rumana), situación que condujo a una fácil conquista del país por los turcos, completada en 1395.

Mapa de Europa Oriental a mediados del s.XIV, con los reinos de Vidin y Tarnovo y el principado de  Dobruja-Valaquia-Moldavia.

Mapa de Europa Oriental a mediados del s.XIV, con los reinos de Vidin y Tarnovo y el principado de Dobruja-Valaquia-Moldavia.

Después de la secesión, en 1356 o incluso antes, Teófana abandonó el monasterio cercano a Tărnovo y se trasladó cerca de su hijo en Vidin, probablemente el monasterio Albotina (como los lugareños aún creen hoy), donde se dedicó a continuar el trabajo comenzado décadas antes en Loveč y Tărnovo. Stratsimir se casó ese mismo año o al siguiente con su prima Ana, hija del voivoda Nicolás Alejandro de Valaquia (1352-1364), otra mujer muy bien educada. Si Teodora tuvo algún papel en el arreglo de la boda entre su hijo y su sobrina, no se sabe.

Con Ana y Teófana, Vidin se convirtió en el centro cultural más importante de la Bulgaria de ese tiempo. Aquí se traducían y copiaban manuscritos, y fue compilado el interesante Florilegium (hoy en la biblioteca de la universidad de Graz), que comprendía vidas de santos y modelos de vida cristiana. La vida monástica conoció también un gran desarrollo. Se sabe que Ana encargó el Salterio de Vidin, escrito en 1359-1360, otra obra maestra artística de la Bulgaria medieval. La actividad cultural fue interrumpida por los otomanos del sultán Bayezid, que conquistó Vidin en 1396.

Veneración de Teófana
Teófana murió en Vidin o en algún lugar cercano, pero no se sabe cuándo. A pesar de que en realidad no hay mucha información escrita sobre sus obras, su vida virtuosa y ascética ha permanecido en la memoria de la gente en los Balcanes, por lo que fue canonizada por la Iglesia Búlgara. Es posible que la canonización tuviera lugar en tiempos del metropolita Joasaf de Vidin (1374-1400), que estaba bajo la jurisdicción del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla después del cisma ocurrido en la Iglesia Búlgara por razones políticas. El metropolita es también el biógrafo de otra Santa de Valaquia, Teodora de Sihla.

Icono ortodoxo rumano de las Santas Maura de Ceahlau (izqda.) Teófana Basarab (centro) y Teodora de Sihla (dcha.)

Icono ortodoxo rumano de las Santas Maura de Ceahlau (izqda.) Teófana Basarab (centro) y Teodora de Sihla (dcha.)

Las reliquias de Teófana fueron honradas en la catedral de Vidin. En 1396, tras la conquista de la ciudad por los turcos, la urna fue trasladada a Belgrado, donde permanecieron hasta 1520, cuando los turcos ocuparon también esta ciudad. Por orden del sultán Suleimán fueron trasladadas a Constantinopla, junto con las de Santa Parasceve y otras reliquias y bienes religiosos.

Cualquier intento de búsqueda sobre el posterior devenir de las reliquias y cómo ha sido venerada por los búlgaros ha sido infructuoso para mí. La poca información, con todo, no debería ser un obstáculo para considerarla una Santa, según las costumbres ortodoxas. Como sabemos, lo más importante en un proceso de canonización es la veneración popular, que sí se ha conservado. Hasta hoy hay muchas casas de cultura y organizaciones caritativas en Bulgaria que llevan el nombre “Santa Teófana Basarab”.

Mitrut Popoiu

Bibliografía:
– Sergiu Popescu, Darul Basarabilor pentru monahismul ortodox. Cuvioasa Teofana Basarab, prinţesa cu suflet de călugăriţă, en: ZiarulLumina, 25 de agosto de 2014.
– Al. Stănciulescu-Bârda, Cuvioasa Teofana Basarab, contemporană cu Sf. Nicodim, en: *** Episcopia Severinului și Strehaiei, 600 de ani de la nașterea în ceruri a Cuviosului Nicodim cel Sfințit, Turnu Severin, 2008, 99-113.

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Beato Vladimir Ghika, sacerdote mártir

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Icono del Beato.

Icono del Beato.

Monseñor Vladimir Ghika fue un sacerdote rumano, descendiente del último príncipe de Moldavia, llamado “el gran vagabundo apostólico” por el Papa Pío IX. Activo en la misión y especialmente en la caridad de la Iglesia, vivió la mayor parte del tiempo entre Rumanía y Francia y terminó en las prisiones comunistas como mártir de la fe.

Primeros años
Vladimir Ghika nació el 25 de diciembre de 1873 en Constantinopla. En la época en que nació, su padre, Ion Ghica, hijo del último príncipe de Moldavia, Grigore Ghica V (1849-1853; 1854-1856), era general en el ejército rumano y servía como ministro plenipotenciario de Rumanía (embajador) en Turquía. En su familia hubo 10 príncipes de Moldavia y Valaquia. Su madre, Alexandrina Moret de Blaremberg, era descendiente del rey Enrique IV de Francia. Tenía cuatro hermanos y una hermana, de los cuales sólo uno, Dimitrie, vivió hasta la edad adulta, siendo su ángel protector durante toda su vida.

El niño Vladimir fue bautizado y ungido en la fe ortodoxa, en la tradición de su familia. Teniendo sólo cinco años, fue enviado a la escuela en Toulouse, siendo puesto al cuidado de una familia protestante. Así que sus primeros años recibió una educación protestante.

En 1893 comenzó los cursos en la Facultad de Ciencias Políticas de París. Paralelamente asistió a cursos de filosofía, historia, arte, literatura, biología y medicina, pero debido a la angina de pecho que sufrió tuvo que volver a Rumanía en 1895, donde continuó sus estudios. En 1898 entró en la Facultad Dominica “Angelicum” de Filosofía y Teología en Roma, y obtuvo allí el doctorado en Teología. El 12 de abril de 1902 se convirtió al catolicismo, siendo esto un golpe para su madre, que, a diferencia de su hijo, era una ortodoxa muy fiel. Al preguntarle por qué había hecho eso, él dijo que se había hecho católico para ser un mejor ortodoxo.

Fotografía del Beato.

Fotografía del Beato.

En su celo religioso, él no quería ser sólo sacerdote sino también monje. Parece que por consejo del papa Pío XI decidió ser misionero, viajando toda su vida entre Bucarest, Roma, París, pero también entre otros continentes (Congo, Australia, Argentina, Japón). Por ello el papa lo apodó como “el gran vagabundo apostólico”, que se quedó como su “apellido” para la historia.

De vuelta en Bucarest, abrió la clínica “Bethlehem Mariae”, siendo sus servicios gratuitos. Él no se destuvo aquí y contribuyó con la apertura del hospital y sanatorio “San Vicente de Paúl”, el primer hospital gratuito de Rumanía. Sirvió además durante la primera guerra balcánica (1913), ayudando a los heridos y los enfermos de cólera en Zimnicea, una ciudad rumana del Danubio. Debido a su actividad ayudando a los heridos, los soldados lo llaman burlonamente “Sor Vladimir”. Durante la Primera Guerra Mundial, como diplomático, volvió a Italia y ayudó a las víctimas de un terremoto, los pacientes tuberculosos, y los heridos de guerra en Roma.

Misión como sacerdote
El cardenal Louis Dubois, arzobispo de París, lo ordenó de sacerdote teniendo sólo cincuenta años, el 7 de octubre de 1923. Durante 16 años, Vladimir Ghika ofició en Francia, teniendo permiso para oficiar tanto en rito latino como bizantino. Entre 1924-1930 se le confió la parroquia de Villejefuit, en un barrio pobre y peligroso de París, donde hizo extraordinarios esfuerzos para educar a los residentes. En los primeros años de su misión fundó una sociedad misionera auxiliar llamada «Oeuvre des Frères et Soeurs de St. Jean», que terminó debido a que se vendió el edificio de la sede. En la abadía cisterciense de Notre Dame d’Auberive se ha registrado que hizo un milagro en 1926, curando a una religiosa que se había escaldado con agua hirviendo, usando una espina de la corona de Cristo, que él había recibido del cardenal Dubois.

Él no permanecía todo este tiempo en París, sino que viajaba a diferentes partes del mundo, encontrándose incluso con el emperador de Japón, al cual le predijo que tendría un hijo. Debido a problemas de salud, en 1930 el padre Vladimir se trasladó a otra parroquia y sirvió como rector de la iglesia de los Extranjeros en París, y al año siguiente (13 de mayo de 1931) recibió el título de Protonotario Apostólico (sacerdote en la corte papal, responsible de registrar y enviar documentos pontificales).

El Beato fotografiado con los religiosos y las religiosas de su Obra.

El Beato fotografiado con los religiosos y las religiosas de su Obra.

El 3 de agosto de 1939, él regresó a Rumanía y permaneció allí durante la Segunda Guerra Mundial, cuidando de los pobres y los enfermos de Bucarest. Horia Cosmovici, uno de sus biógrafos, hizo notar que en Rumanía él oficiaba la Liturgia por la mañana, seguido de audiencias y catequesis. Solía probar la fe de sus interlocutores de manera muy personal. En una conversación con su cuñada, Elizabeth Ghika, que era buena aunque no creyente, le hizo recitar el “Pater Noster” en condicional, para hacer que se sintiera tocada por la fe. Usaba el confesionario no sólo para la absolución de pecados, sino también para lecciones de espiritualidad.

Monseñor Vladimir fue una persona simple que prefería caminar y usar el dinero para los pobres. Sus ropas eran también muy pobres y solía llevar siempre la misma vieja sotana sacerdotal. Era un hombre muy delgado, tenía una larga barba y largos cabellos blancos, lo que formaba la imagen de un santo bajo un viejo sombrero.

El 30 de diciembre de 1974, cuando el rey Mihai fue forzado a abdicar, rechazó abandonar Rumanía con el séquito real y dijo que sus huesos serían enterrados en Rumanía. Al año siguiente, la persecución se intensificó. La Iglesia Greco-Católica estaba fuera de la ley, la Iglesia Católica Romana fue puesta bajo una mala luz en artículos de prensa y persecuciones de sacerdotes y laicos. En el anochecer del 18 de noviembre de 1952, Vladimir Ghika fue arrestado por visitar un enfermo. Los cargos fueron “espionaje al servicio de los intereses del Vaticano y los poderes imperialistas”.

Fotografía del Beato durante su viaje a Japón en 1936.

Fotografía del Beato durante su viaje a Japón en 1936.

Fue encarcelado en el centro de detención Uranus en Bucarest, donde fue severamente golpeado y torturado. Los torturadores solían averiguar cuáles eran los mayores miedos de los prisioneros, así que a él lo colgaron con cables conectados a la corriente eléctrica, hasta casi matarlo, y luego dejaban que se recuperara. Repitieron este proceso hasta 83 veces.

Sus compañeros de celda cuentan anécdotas sobre el coraje e ironía con que el monseñor se enfrentaba a los investigadores, diciendo que un falso proceso debía terminar con una falsa ejecución. Intentó defenderse durante el proceso en 1953, ya con ochenta años de edad, pero no se le permitió. Finalmente fue sentenciado a tres años en prisión. De un modo cínico, sólo después de muerte, el tribunal retomó su caso y redujo su pena a dos años.

Petre Pandrea, un colega de prisión, habló sobre la curación milagrosa que monseñor Vladimir realizó en prisión, que no fue por méritos personales, como solía decir el santo varón, sino debido a la espina de la corona de Cristo que logró esconder en su bolsillo. Al igual que en el caso de muchos prisioneros políticos en Rumanía, logró transformar su celda en una iglesia. Siendo un buen cuentacuentos, enriqueció la imaginación de sus casi 200 compañeros de celda con recuerdos sobre sus viajes y encuentros con diferentes personalidades.

Sepulcro del Beato.

Sepulcro del Beato.

El invierno frío y helado que se soportaba en Jilava, cerca de Bucarest, en 1953-1954 fue fatal para él. Lo sacaron al frío exterior casi desnudo, lo apalearon brutalmente frente a otros prisioneros porque no se podía mover rápido, enfermó gravemente y, tras unos pocos meses, el 16 de mayo de 1954, murió en la enfermería de la prisión, después de que profetizara su muerte, cuatro días antes. Pidió una última confesión, pero se lo denegaron, de modo que hizo una confesión pública, grabada por su hijo espiritual, Horia Cosmovici, también prisionero político. Dijo: “Muero con la conciencia pacífica de que hice todo lo que pude, aunque no siempre lo que tenía que hacer, por la verdadera Iglesia de Cristo, en una triste época para mi país y para el mundo civilizado entero”.

Fue enterrado en el cementerio cercano a la prisión, con un poste marcado con el número 807 en lugar de una cruz. En 1968, algunos parientes, Grigorie Ghika y la señora Marie Mavrocordat, obtuvieron el permiso para trasladar sus restos a la cripta familiar, en el cementerio ortodoxo de Bellu, en Bucarest.

Escritos
Monseñor Vladimir Ghika tenía una gran cultura, y publicó artículos en periódicos como “Convorbiri Literare” («Conversaciones Literarias») en Bucarest, «La Revue hebdomadaire», «Les Études», «Le Correspondant», «La Revue des Jeunes» y «La Documentation Catholique» en París.

A veces, para no olvidar sus ideas, solía escribir en trozos de papel cortas meditaciones personales. Muchas de ellas fueron más tarde recopiladas en el libreto «Pensées pour la suite des jours» («Pensamientos para los días que vienen»), que accidentalmente fueron a parar a mis manos, siendo la base para este artículo. En el día 2 de enero de este folleto escribe: “El que se despoja de sus vestidos para dárselos a otros, está vistiendo a Cristo”. El 31 de marzo, anota: “Los cuatro estados: con Dios, por Dios, en Dios, a Dios”; el 25 de junio: “El sol fue hecho para iluminarnos; las estrellas, para hacernos pensar”; el 26 de junio: “El día está hecho para hacernos ver las cosas; la noche, para que las entendamos y dominemos”; el 28 de diciembre: “Dios nos ama tanto que escandaliza a todos los que no lo conocen como amor”; el 30 de diciembre: “El pasado es un misterio, el presente un secreto, el futuro un enigma, y todos ellos están siempre conectados”; 31 de diciembre: “Gracias es una palabra que debemos saber cómo probar, no basta con decirla”.

Urna con reliquias del Beato.

Urna con reliquias del Beato.

Muchos de sus escritos estaban en francés, pero algunos de ellos fueron más tarde puestos a disposición de los lectores rumanos: “Nuestra Señora y el Santísimo Sacramento” (conferencia dada por monseñor Vladimir Ghika, en noviembre de 1928 en la apertura del Congreso Eucarístico de Sydney), “La mujer adúltera” (obra de teatro), “Conversaciones espirituales”, “El último testigo”.

Veneración
Los debates en torno a su beatificación empezaron ya en 1954 en París, pero debido al miedo a repercursiones políticas de las autoridades comunistas sobre la Iglesia Católica en Rumanía, todas las tentativas oficiales fueron diferidas.

Sólo después de la caída del comunismo, la Santa Sede dio inicio al proceso de beatificación, después de que Ioan Robu, el arzobispo católico romano de Bucarest, enviara una petición al Vaticano en 1991. La documentación en Francia y en Rumanía para declaraciones, documentos escritos y otras pruebas llevó mucho tiempo, tanto en Francia como en Rumanía, donde Vladimir Ghika había vivido y servido. Entre los más de 20 archivos de investigación, el último disponible fue el de la Securitate rumana, libre para consulta sólo después de que en Rumanía se estableciera, en 1999, el Concilio Nacional para el Estudio de la Securitate.

Relicario con un hueso del Beato.

Relicario con un hueso del Beato.

Monseñor Vladimir Ghika fue reconocido como sacerdote mártir por el papa Francisco el 27 de marzo de 2013 y beatificado durante la misa de beatificación en Bucarest, por el enviado del papa Francisco, el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, que tuvo lugar el 31 de agosto.

Monseñor Vladimir Ghika es celebrado el 16 de mayo en el calendario de la iglesia local, en la archidiócesis católica rumana de Bucarest. Una parte de sus reliquias se conservan en un relicario en la catedral católica de San José de Bucarest. Otras partes se guardan en relicarios en diferentes iglesias católicas de Rumanía. Una estatua suya fue erigida cerca de la iglesia católica del Sagrado Corazón en Bucarest, la iglesia donde sirvió como sacerdote. Este lugar es llamado hoy “Plaza de Monseñor Vladimir Ghika”.

El príncipe Vladimir Ghika es el único santo de las prisiones comunistas que está en vías de ser canonizado. La Iglesia Ortodoxa, aunque tiene muchos mártires de la fe, todavía no ha canonizado a ninguno de ellos. Hasta hoy, los únicos santos rumanos católicos son Jeremías de Valaquia y Anton Durcovici, obispo de Iasi, mártir en la prisión de Sighet (1951), beatificado el 17 de mayo de 2014.

Reliquia del Beato en la iglesia de San Antonio en Constanza, Rumanía.

Reliquia del Beato en la iglesia de San Antonio en Constanza, Rumanía.

Junto a ellos, hay unos pocos santos de descendencia húngara que vivieron en Transilvania antes de la Unificación de 1918. Hoy en día se han propuesto para su canonización los obispos mártires católicos griegos Valeriu Traian Frenţiu, Iuliu Hossu Alexandru Rusu, Ioan Bălan, Ioan Suciu, Vasile Aftenie y Tit Liviu Chinezu.

Otras propuestas para su beatificación son el obispo Marton Aron, por su virtud heroica, Verónica Antal, monja mártir de la pureza y Martin Benedict, doctor en medicina.

Mitrut Popoiu

Bibliografía:
Escritos de Vladimir Ghika.
– Horia Cosmovici, Monseniorul, Bucharest, 1996.
– Clara Mărgineanu, Prinţul martir Vladimir Ghika: en Jurnalul Național, 20 Julio 2012.
– Adriana Stanca, Povestea monseniorului Vladimir Ghika, «marele vagabond apostolic». Biserica Catolică îl va beatifica pe prinţul care a murit într-o închisoare comunistă, en: “Gândul” de 19.05.2013.
– Cristian Curte, Prinţul care a trăit printre cerşetori – Monseniorul Ghika, en: Formula AS, Nr. 1068.

Enlaces consultados (07/04/2015):
– www.vladimirghika.ro
Literatura internacional sobre Vladimir Ghika.
Vídeo sobre monseñor Vladimir. Entrevista hecha por Titi Dincă al cardenal Angelo Amato, para la Televisión Rumana, TVR 1.
Vídeo de la liturgia de su beatificación.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beato Jeremías de Valaquia, fraile capuchino

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Estampa devocional del Beato.

Estampa devocional del Beato.

Hoy quiero escribir sobre un hermano lego capuchino, rumano de nacimiento (Ieremia Valahul) e italiano por adopción, y quiero hacerlo porque considero ejemplar su vida, causa de unidad entre católicos y ortodoxos, y porque hoy conmemoramos su festividad.

Nació en la ciudad de Tzazo, en Valaquia (Moldavia Inferior) el día 29 de junio del año 1556. De su infancia no se tienen muchos datos, aunque se sabe que sus padres eran unos piadosos campesinos católicos, que vivían con cierta holgura, que eran muy generosos y que estaban rodeados de vecinos ortodoxos con quienes tenían una cordial y pacífica convivencia. Era el primogénito de seis hermanos y cuando fue bautizado se le impuso el nombre de Juan. Sus padres, Stoika Kostist y Margarita Barbato (de origen italiano), desde pequeño, según sus propias palabras, le inculcaron las excelencias de la península italiana “pues allí vivía el Papa y todos los monjes eran santos”. Su madre había tenido contactos con los frailes franciscanos conventuales, y aunque convivía pacíficamente con sus vecinos, sentía la presión de los ortodoxos, protestantes y turcos, y añorando el catolicismo de su tierra, quería que su hijo la conociera, la sintiera y la viviera.

Juan Kostist (nuestro beato) nos cuenta que un día, cuando iba al mercado a vender las verduras que cultivaba su padre, se encontró con un mendigo, a quien socorrió y que le dijo: “Tú has de ir lejos, más allá de los montes, a tierras meridionales, a un país que se llama Italia. Recorrerás un camino muy largo y sufrirás mucho, pero no tengas miedo, porque no te ha de pasar nada malo. Al término de tu viaje te pondrás al servicio de un grandísimo Señor, lo servirás con inmenso amor y gozo y serás gratificado generosamente por ello”.

Sintiendo la llamada a la vida religiosa, recordando las palabras de su madre, el vaticinio del mendigo del mercado y un cierto impulso que finalmente le dio su padre, analfabeto como era, ya que no sabía ni leer ni escribir, sin dinero, hablando sólo el dialecto de su tierra y sin una ruta concreta preconcebida, se puso en marcha. Quería volar como los pájaros, recordando una frase que su padre le había dicho un día en el campo: “¿Ves esos pájaros que suben y bajan al cielo? Pues se parecen a los monjes, que sin ataduras terrenales vuelan diariamente hacia el Señor”.

Reliquias del beato reconocidas en Nápoles (Italia).

Reliquias del beato reconocidas en Nápoles (Italia).

El viaje fue largo, duro y aventurero, ya que el mismo nos cuenta que “para llegar hasta donde había llegado y para salvarse, había sufrido lo increíble desde que salió de su tierra. Había hecho de todo: obrero de fábrica, darle a la azada, guardar animales, servir a un médico y a un farmacéutico. Todos los oficios menos dos: paje y verdugo”. Pasó hambre y frío, tuvo que dormir a la intemperie, sentir pánico cuando era sorprendido por una tormenta y no tenía donde resguardarse e incluso verse asaltado en el camino. Atravesando la cordillera de los Cárpatos y bordeando el río Tatros, llegó hasta Brasov, cerca de Alba Iulia, que era la capital de Transilvania, quedándose allí hasta el año 1576.

Ese año recibió una ayuda inestimable: el príncipe Esteban Barthory cayó gravemente enfermo y trajo desde Bari al médico italiano Pietro Lo Iacono. Este, cuando curó al príncipe, se dispuso a regresar a su ciudad natal, necesitando un criado que le acompañara durante el viaje. Teniendo conocimiento de que en la ciudad estaba Juan Kostist, que deseaba a toda costa llegar a Italia, lo aceptó y se pusieron en marcha. Pasaron por Belgrado y llegaron a Dalmacia. El camino duró tres meses, en los cuales, Juan se hizo casi dos mil kilómetros a pie siguiendo a su señor, que iba montado en un caballo. En la ciudad de Ragusa se embarcaron para atravesar el Mar Adriático rumbo a Bari, y allí se quedó como ayudante del farmacéutico Cesare Del Core.

En Bari se llevó uno de los desengaños más grandes de su vida: pensaba encontrarse entre católicos practicantes, pero se encontró con un pueblo despegado de la práctica religiosa, donde las blasfemias, las borracheras, las reyertas e incluso los asesinatos y la prostitución estaban a la orden del día. Aquello no se parecía en nada a su Tzazo natal, donde imperaba la paz y la convivencia, donde todo era diferente, y desanimado, decidió volver a su tierra, embarcándose de nuevo hacia Ragusa.

Tumba del beato en Nápoles, Italia.

Tumba del beato en Nápoles, Italia.

Pero todo cambió de manera providencial, pues un día se encontró a un anciano que, sin conocerlo, le preguntó: “¿Adónde vas, amigo Juan?”. Él se quedó sorprendido al ver que lo llamaban por su nombre de pila y respondió: “Me vuelvo a mi tierra porque no he encontrado en Bari lo que venía buscando en Italia”. El anciano le dijo que Bari no era toda Italia, que fuera a Nápoles, a Roma y a Loreto, donde se encontraría con la Virgen y hallaría a buenos cristianos. Quedó convencido y como el farmacéutico tenía familia en Nápoles, le dio una carta de recomendación y, acompañado por un amigo, puso rumbo a Nápoles, adonde llegó en el mes de abril del año 1578, conoció a los frailes capuchinos, se puso en contacto con el padre provincial e ingresó en la Orden el día 8 de mayo, tomando el nombre de Jeremías de Valaquia.

El noviciado lo hizo en el convento de Sessa Aurunca (Caserta) y allí conoció al fray Pacífico de Salerno, viejo y santo religioso con quien trabó una amistad que le duraría toda la vida. El padre Francisco Severini de Nápoles, su confesor, superior y primer biógrafo, lo definió como un “hermano lego, simple e ignorante, despreciado por algunos de los frailes y que siempre se ocupaba de los trabajos más serviciales y penosos”. El 8 de mayo de 1579 hizo la profesión religiosa, emitiendo los votos simples de pobreza, castidad y obediencia, siendo destinado como cocinero y hortelano a los conventos de San Efrén el Viejo en Nápoles y al de Pozzuoli.

A principios del año 1584 fue enviado al convento napolitano de San Efrén en Nuevo a fin de atender a los frailes enfermos. Dicho convento tenía una gran enfermería donde se atendía a todos los frailes enfermos de los conventos pertenecientes al Reino de Nápoles, de otras partes de Italia e incluso del extranjero, o sea, que trabajo no le faltó. Él atendía preferentemente a los frailes más humildes, porque decía que “los superiores ya están suficientemente atendidos por los otros frailes”. Fue allí donde demostró un extraordinario heroísmo, asistiendo amorosamente a los frailes enfermos durante cuarenta años, hasta el día de su muerte. Los lavaba, los curaba, les daba de comer, aguantaba sus impertinencias, trabajaba sin descanso y muchas horas de la noche, se las pasaba en oración en la capilla de la enfermería. Nunca tuvo una celda propia, dormía en la enfermería donde podía y cuando estaba completamente agotado. Cuando le preguntaban el por qué no tenía una celda, decía simpáticamente que “porque no tenía dinero para pagarse una pensión”.

Instalación definitiva de la figura-relicario en el convento-seminario de Onesti (Rumania).

Instalación definitiva de la figura-relicario en el convento-seminario de Onesti (Rumania).

Pero su amor no sólo se lo demostró a los frailes enfermos; también a los pobres, a quienes daba todo cuanto podía, ya fuera de la huerta del convento, ya fuera de lo que a él le correspondía. Uno de los testigos del proceso, que lo conoció personalmente, llegó a decir que “era tan grande su misericordia y su caridad, que incluso hubiera dado sus propios ojos a quien los necesitara”. Dejaba entrar a los pobres en el convento y en la huerta, y cuando unos frailes le pusieron una cerca para impedirles el paso, protestó y profetizó: “Ya no se cosecharán más esas cebollas gordas y hermosas como cuando no existía la cerca, porque esta avaricia que no es propia de los hijos de San Francisco, causará carestías en el convento”.

Y al igual que San Francisco, ese amor lo mostraba también de manera especial con los animales, procurando su alimentación y curándolos cuando estaban enfermos o heridos. Un día, para evitar que un burro se cayera en un pozo, hizo tal esfuerzo que se dislocó un pie, haciéndose tanto daño que durante meses anduvo como un cojo.

Su amigo, fray Pacífico de Salerno, dice que cuando veía algo que no era correcto, lo hiciera quien lo hiciera, le llamaba la atención, y que siempre estaba atento a los demás, llegándole a escuchar a escondidas: “Señor, te doy gracias porque siempre he servido y nunca he sido servido, siempre he sido súbdito y nunca he mandado”. Otra frase que repetía con insistencia era: “Confiemos en la Sangre de Jesucristo que ha sido derramada por nosotros y en la Santísima Virgen, que es nuestra Madre” y esta otra: “No perdamos el tiempo, fatiguémonos cumpliendo con nuestros deberes ya que así servimos y amamos a Dios. Cuando nos sobre el tiempo, nos retiraremos a hacer oración”. Estas tres frases, resumen su vida de humildad, su opción por la vida apostólica antes que por la contemplativa y su espiritualidad cristocéntrica y mariana.

Visita de la figura relicario por diversas ciudades rumanas.

Visita de la figura relicario por diversas ciudades rumanas.

Pero, aunque él no lo quiso, porque prefería el servicio al prójimo, la vida apostólica antes que la contemplativa, estuvo favorecido por el don de éxtasis y en uno de ellos, se le apareció la Virgen quien le dijo: “Mi corona es mi Hijo”. Esta noticia se corrió entre los frailes, quienes la hicieron llegar a la princesa Isabel Della Rovere, quien encargó realizar un icono al que llamaron “icono de fray Jeremías”. Con ello contribuyó a impulsar el culto a la Theotokos, tan venerada en su Valaquia natal.

De él se cuentan innumerables anécdotas que demuestran su caridad, su gracejo, su paciencia e incluso como se ganaba a aquellos a los cuales, en principio, no les caía bien dada su forma de ser, a veces, un tanto “indisciplinada” a fin de hacerles más agradable la vida a los enfermos. Yo sólo voy a contar una, aunque en la bibliografía muy muchas y están al alcance de todos. La anécdota es ésta: como estaba completamente ocupado con el trabajo de la enfermería, tenía permiso del padre provincial y del padre guardián para poder comer algo fuera de hora y fuera del refectorio. Un día, el padre vicario, al verlo comer fuera de hora, lo reprendió con dureza y de malas maneras. Él le hizo comprender que tenía permiso para hacerlo, pero que si al vicario le importunaba, estaba dispuesto a renunciar a ello. El vicario lo vio – como vulgarmente decimos -, como una tomadura de pelo y se puso más histérico. Entonces, fray Jeremías, sin excitarse y con muchísima paciencia, le dijo: “Padre vicario, se ve que está cansado. No se tome el asunto tan a pecho. Venga conmigo; tengo preparada agua caliente y la he mezclado con hierbas aromáticas. Un buen lavado de pies le va a quitar el cansancio y le va a tranquilizar”. El gracejo con el que se lo dijo e hizo fue tal que terminó ganándose incondicionalmente al padre vicario.

Ceremonia en la parroquia de la Exaltación de la Santa Cruz en Cotnari (Rumania).

Ceremonia en la parroquia de la Exaltación de la Santa Cruz en Cotnari (Rumania).

El agotamiento durante cuarenta años de servicio a los enfermos y a los pobres, y la práctica del voto de obediencia, lo llevaron a la muerte. A finales del mes de febrero del año 1625, cuando ya tenía sesenta y nueve años de edad, fue enviado por el padre guardián para que atendiera al camarlengo del Reino de Nápoles, don Juan de Ávalos, que se encontraba gravemente enfermo en Torre del Greco. El invierno era muy riguroso, llovía copiosamente y el fuerte viento arrancaba los árboles de cuajo. En esas condiciones, agotado y anciano, tuvo que recorrer a pie los doce kilómetros que separaban ambas localidades. Cuando llegó a su destino estaba calado hasta los huesos e, inevitablemente, al día siguiente cogió una neumonía que se lo llevó por delante, muriendo en el convento de San Efrén Nuevo el día 5 de marzo a las diez de la noche, dando gracias porque moría por haber cumplido con el voto de obediencia.

Al conocerse la noticia de su muerte, miles de napolitanos acudieron al convento y ante la imposibilidad de que todos ellos pudieran darle el último adiós al fraile difunto, los frailes se vieron obligados a sepultarlo secretamente durante la noche. El proceso de beatificación lo inició el arzobispo de Nápoles el 20 de septiembre de ese mismo año y dos años más tarde el Papa Urbano VIII aprobó dicha iniciativa nombrando un comité que se encargara del mismo, y fue por eso por lo que pudieron testificar numerosas personas que lo habían conocido personalmente y por lo que existe mucha información sobre la vida de fray Jeremías, pues esta información está recogida en las actas del proceso. Sin embargo, aunque los testimonios y prodigios obrados por su intercesión fueron abundantes, el proceso cayó en decadencia hasta el año 1672, cuando nuevamente fue reabierto el caso por el Papa Clemente X, acto confirmado cinco años más tarde por el Papa Inocencio XI.

Reliquias del beato reconocidas en Nápoles (Italia).

Reliquias del beato reconocidas en Nápoles (Italia).

Pero nuevamente, la Causa cayó en el olvido. En el año 1905 el rumano Gheorghe Sion, que era un investigador apasionado de los libros rumanos sobre la antigua Roma, tuvo acceso a una “Vita di Fra Geremia Valacco”, que había sido escrito por el padre Francisco Severini de Nápoles, cosa que hemos dicho anteriormente. Al comprobar el adjetivo “valacco”, compró sin dudar el libro, haciéndoselo llegar en el año 1914 a Nicolae Iorga, quien no pudo divulgarlo a causa de la guerra. Posteriormente Gheorghe Sion lo donó a la biblioteca de la Universidad de Cluj. En 1926 lo leyó el padre Elías Daianu, quien escribió un artículo sobre fray Jeremías para publicarlo en una revista.

En el año 1946, el profesor Gregory Manoilescu fue a Italia, donde encontró una biografía más moderna titulada “Un romeno eroe en terra italiana”. Se preocupó por el tema y obtuvo el permiso para investigar la tumba de fray Jeremías ayudado por el profesor Giulio Cremona. El profesor Manoilescu descubrió el sarcófago el día 14 de octubre del 1947, dentro del cual, en un ataúd de madera estaban los restos de fray Jeremías. Junto al ataúd se descubrió una placa de mármol con la siguiente inscripción: “Hix iacet P. Jeremías Valacchi P. obiit di V Marty MDCXXV”. Los restos del beato fueron descubiertos en el convento de San Efrén Nuevo y trasladados al Roma a la iglesia de San Lorenzo de Brindisi.

El proceso nuevamente tomó impulso y el 18 de diciembre del año 1959, Fray Jeremías de Valaquia fue declarado Venerable por San Juan XXIII. En diciembre del año 1961 las reliquias fueron devueltas a Nápoles y colocadas en la iglesia capuchina de la Inmaculada Concepción de Piedigrotta. Fueron los rumanos ortodoxos quienes despertaron el interés de la Iglesia católica por su compatriota. Fue un profesor ortodoxo quien descubrió su sepulcro en el convento de San Efrén el Nuevo, convento que había sido suprimido por el gobierno italiano, que lo había transformado en cárcel. Fray Jeremías unió a ortodoxos y católicos rumanos en torno a su figura y eso es un signo más de ecumenismo y de deseos de unión entre numerosos miembros de ambas Iglesias. Finalmente, fue beatificado por San Juan Pablo II el día 30 de octubre del año 1983.

El Beato, nexo de unión entre Italia y Rumanía. Ilustración contemporánea.

El Beato, nexo de unión entre Italia y Rumanía. Ilustración contemporánea.

El 24 de septiembre del año 1992, el ministro provincial de la provincia capuchina de Nápoles, con la bendición del ministro general de Roma, dio el sí a una propuesta hecha por la diócesis rumana de Iasi para que enviase a un grupo de frailes capuchinos, los cuales se establecieron en Onesti. Allí abrieron un seminario bajo a advocación del Beato Jeremías de Valaquia. Ese mismo año, treinta y seis jóvenes rumanos católicos ingresaron en dicho seminario. En el año 2008, parte de las reliquias del Beato Jeremías, puestas dentro de una figura yacente, fueron enviadas a Rumanía, donde hizo un recorrido por varias diócesis católicas, quedando definitivamente instaladas en el convento-seminario de Onesti.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– Francesco da Napoli, “Un eroe romeno in terra italiana…”, Roma, 1946.
Index ac Status Causarum, Vaticano, 1985.
– Toppi, F.J. ofm cap., “Fray Jeremías de Valaquia, un testigo de caridad llegado de Oriente”, Sevilla, 1993.
– VV.AA., “Bibliotheca sanctórum, tomo VI”, Città Nuova Editrice, Roma, 1988.

Enlaces consultados (28/01/2015):
– www.ercis.ro/actualitate/ieremia.asp
– www.franciscanos.org/santoral/jeremiasvalaquia.html

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Padre Juan Iovan de Recea

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía del padre Juan Iovan de Recea, ya anciano.

Fotografía del padre Juan Iovan de Recea, ya anciano.

El padre Juan Iovan fue un monje y confesor, conocido por su práctica de aconsejar la comunión frecuente. Era el confesor de las monjas de los monasterios de Vladimirești en Moldavia, Plumbuita en Valaquia y Recea en Transilvania, y sufrió en las prisiones comunistas a causa de su fe.

Primeros años
El padre Juan Iovan nació el 26 de junio de 1922 en Husasău Criș, condado de Bihor en Rumanía occidental, siendo bautizado como Silvio Cornel, el octavo hijo del sacerdote Gabriel y su esposa María, y creciendo en un saludable entorno cristiano. Tras la escuela primaria, marchó al instituto a Oradea y siguió sus estudios en la facultad de Teología de Cluj, y después, debido a la ocupación húngara, en Sibiu, donde se graduó en 1946 con una tesis sobre la Eucaristía y la vida mística.

En 1947, comenzó su doctorado en teología, pero nunca lo terminó. Paralelamente estudió Derecho en Cluj y trabajó como profesor de religión en el Instituto Gheorghe Barițiu de Cluj y en el Instituto Comercial para chicas de la misma ciudad. Como estudiante, y posteriormente, fue muy activo entre las organizaciones estudiantiles, y solía organizar conferencias para refutar la doctrina comunista, hablando abiertamente en contra del peligro comunista para Rumanía.

Durante sus estudios teológicos, conoció la remarcable personalidad de Arsenio Boca, quien le aconsejó que dejara de teorizar y comenzara una auténtica vida espiritual. Así, se convirtió en el monje Juan y fue ordenado diácono en el monasterio Sihastru en Moldavia del sur, y sólo un año más tarde, en 1949, hieromonje (sacerdote) en el nuevo monasterio de monjas de Vladimirești, donde la hermana Vasilica – la que después sería la madre Verónica Gurău – comenzó una nueva vida monástica para las chicas en esta región, pues quería una vida ascética dedicada a la Virgen María.

Fotografía del padre Juan Iovan de Recea orando con las monjas.

Fotografía del padre Juan Iovan de Recea orando con las monjas.

Monje y confesor
El padre Juan llegó a Vladimirești al mismo tiempo que la monja Teodosia Lațcu y otras, de modo que en poco tiempo el monasterio se convirtió en uno de los más grandes de Rumanía en número y también famoso por la intensa vida allí practicada. En Vladimirești sirvió como confesor de las monjas durante siete años e inició un movimiento espiritual basado en la densa participación en la Santa Comunión, algo muy inusual incluso en la actual Rumanía, donde todavía domina la norma no escrita de una Comunión esporádica, a menudo reducida sólo a cuatro veces durante los cuatro tiempos de ayuno. Esta “innovación”, que vino del obispo mártir Nicolás Popoviciu de Oradea, el que le ordenó de diácono, fue interpretada como un retorno a las prácticas de los primeros cristianos. A veces él incluso realizaba confesiones en grupo y a las acusaciones que recibió él respondía que “el demonio también roba las almas por grupos”.

Este movimiento nada común, sorprendente para la jerarquía de la Iglesia, pero especialmente molesto para los comunistas, que habían tomado el poder en 1947, fue perseguido con burlas, propaganda injusta y no muy tarde por la persecución, oculta o directa, combinada con la restricción de libertades y derechos religiosos.

Juan y la monja Verónica trabajaron a menudo juntos para sostener las necesidades de la Iglesia. En 1948 visitaron el monasterio de Miclăușeni, cerca de Roman, y evitaron su cierre enviándoles diversas monjas de Vladimirești, para fortalecer la vida monástica en este lugar. Según una afirmación conservada en sus declaraciones grabadas para el archivo de la Securitate, se sabe que en Miclăușeni había un relicario con reliquias de San Menas, entre otros Santos. Tras la oración de la monja Verónica ante ellas, las reliquias empezaron a exudar mirra, que los dos usaron para ungirse el rostro y los ojos.

Fotografía del padre Juan Iovan de Recea con la madre Verónica Gurau en el monasterio Vladimiresti.

Fotografía del padre Juan Iovan de Recea con la madre Verónica Gurau en el monasterio Vladimiresti.

No teniendo miedo a la amenaza comunista, el padre Juan siguió predicando contra el régimen ateo e incluso escribió una memoria, quejándose denunciando que la Iglesia se había visto privada de sus textos para misionar en las escuelas, casernas militares y otros lugares públicos, lo que significaba que la libertad religiosa estaba prácticamente restringida, aunque teóricamente garantizada por la Constitución.

Poco después, el padre Juan, junto con la abadesa Verónica, la monja Teodosia y otras monjas, fueron objeto de la primera persecución directa contra los monasterios rumanos. Vladimirești fue el primer monasterio cerrado por los comunistas, después de un proceso donde se les acusó se esconder generales alemanes durante la ofensiva soviética, a finales de la Segunda Guerra Mundia. Aunque esta acusación no ha podido ser probada, otra -la de apoyar partisanos anticomunistas ocultos en las montañas con dinero, cartas y comida- estaría probada por las declaraciones de diferentes testigos.

El padre Juan era un activo apoyo de todos los movimientos anticomunistas, su cristianismo era fuertemente militante, basado en el activismo social, y diciendo palabras directas contra nada hería las enseñanzas cristianas. Aunque él nunca fue un Legionario (miembro de la Legión de San Miguel Arcángel, un partido de extrema derecha en Rumanía basado en la doctrina cristiana, pero que desafortunadamente obraba mediante públicas ejecuciones y asesinatos), él apoyaba a personas de estos círculos, sin fomentar en ellos ninguna agresión física y manteniéndose fuertemente posicionado dentro de la correcta fe de la Iglesia.

Fotografía del padre Juan Iovan de Recea bautizando a un niño.

Fotografía del padre Juan Iovan de Recea bautizando a un niño.

Tiempo de prisión
Bajo presión política, el hieromonje Juan fue apartado del sacerdocio el 17 de enero de 1955, debido a sus confesiones grupales y su insubordinación después de que se le prohibiera predicar y retirarse a otro monasterio. El arresto tuvo lugar la noche del 29 al 30 de marzo de 1955, cuando cientos de soldados invadieron el monasterio y arrestaron a Juan, a la abadesa Verónica y a las monjas Teodosia y Micaela. Un año después, el convento fue cerrado.

Durante una investigación en Galați, el padre Juan fue sentenciado a muerte, pero pronto se le conmutó por una cadena perpetua. Su condena, registrada con el número 1655 del 5 de diciembre de 1955 estipulaba que “Juan Cornelio Silvio (su nombre civil) sacerdote en el monasterio del pueblo Tudor Vladimirescu, ha mostrado su hostilidad contra el régimen a través de sus prédicas y las palabras que mantuvo (…) ya sea directamente o usando términos en doble sentido (…). Él hizo actos de favor a los bandidos Lupeș Ion y Ghiță Păiș, a pesar de que conocía sus actos terroristas (…) él favoreció toda la actividad de la monja legionaria Micaela Iordache (…) de modo que, con voto unánime, lo condenamos a trabajos forzados de por vida -por favorecer el crimen y los actos de terror- y a la confiscación de todas sus posesiones”.

A diferencia de Arsenio Boca, que nunca celebró la liturgia después de haber sido injustamente retirado del sacerdocio, motivado por la obediencia a las autoridades eclesiásticas, el padre Juan solía celebrar el Santo Sacramento en las prisiones, usando ornamentos litúrgicos improvisados. El habitual antimension (que, traducido, significa “sustitutivo de mesa”, siendo la pieza de lino con la escena del entierro de Cristo en ella, que contiene reliquias de santos y por tanto, sustituye el santo altar de la iglesia), él lo cosió a su camisa, de modo que podía llevarlo con él a las prisiones. En lugar del epitrahil (traducido como “alrededor del cuello”), el equivalente ortodoxo a la estola católica, usaba una cuerda que solía esconder a modo de cinturón. El cáliz era una caja de caucho duro, y el vino lo traía en botellas de vino tónico. Su teología, centrada en la presencia eucarística de Cristo, no le permitía vivir sin la Santa Comunión.

Fotografía del padre Juan Iovan, ya anciano, en Recea.

Fotografía del padre Juan Iovan, ya anciano, en Recea.

Como los demás prisioneros políticos, el padre Juan pasó por varias prisiones. Después de Galați, donde contrajo tuberculosis gangliónica, fue trasladado al hospital penitenciario del ex-monasterio de Văcăreşti en Bucarest, después a Jilava, cerca de la capital, y después a Transilvania, donde permaneció mucho más tiempo, en las terribles prisiones de Gherla y Aiud, los gulags rumanos.

El procedimiento de “reeducación” contra los “enemigos del pueblo” era muy duro en todas estas prisiones. Los prisioneros eran terriblemente torturados, y especialmente los religiosos obligados a hacer cosas muy humillantes, como oficiar la Eucaristía con materias fecales, escupir a la Cruz y a los iconos, se les forzaba a masturbarse, a estimularse con perversiones sexuales, se les abandonaba al hambre durante cuarenta días y entonces se les obligaba a comer carne en Viernes Santo, etc.

Lo que le ocurrió al padre Juan apenas se sabe, porque él nunca quiso hablar de esta época. En lugar de esto, solía decir: “No puedo y no quiero olvidar la prisión. Allí viví los momentos espirituales más edificantes de mi vida. Allí nací por segunda vez y Dios me dio a vivir incontables milagros, para conocer Su poder”. En Aiud sólo se sabe que fue obligado a leer la “Biblia hilarante”, un libro de propaganda contra la Biblia comúnmente usado en tiempos comunistas. Como se negó a hacerlo, lo enviaron a Zarca, que era la celda de aislamiento y exterminio, un lugar pequeño, oscuro y húmedo, donde muchos murieron.

Rehabilitación
Después de nueve años y medio, el 1 de agosto de 1964, fue liberado por el decreto de amnistía a prisioneros políticos. Bajo severa vigilancia de la Securitate, se estableció en Bucarest, para no crear problemas a sus amigos más cercanos. Allí le ayudó la ingeniera María Chichernea, la futura abadesa Cristina del monasterio de Recea.

Mosaico votivo del padre Juan Iovan y la abadesa Cristina en Recea, Rumanía.

Mosaico votivo del padre Juan Iovan y la abadesa Cristina en Recea, Rumanía.

Como ofició ilegalmente de sacerdote, fue juzgado de nuevo por abuso de sus funciones y condenado a trabajos forzados durante un año en 1966. Liberado de nuevo, vivió en las casas de ex-monjas de Vladimirești, pero siendo estrechamente vigilado por la Securitate, siendo muchas veces agredido y una vez más arrestado entre 1970 y 1971, durante una subida a Tecuci, donde intentó fortalecer a algunas ex-monjas que vivían en esta ciudad.

Fue en 1979, después de una memoria apoyada por el Santo Sínodo del metropolita Antonio Plămădeală de Transilvania, cuando se le reintegró de nuevo como sacerdote, permitiéndosele oficar en el monasterio Cernica y luego en Plumbuita, los dos cercanos a Bucarest, donde se quedó durante doce años. En 1991, el arzobispo Andrés de Alba Iulia -entonces metropolita de Cluj- le invitó a poner las bases para un nuevo convento en su diócesis. Así fue cómo el padre Ioan, junto con la ingeniera María, que se convirtió en la monja Cristina, fundaron el nuevo monasterio en Recea, cerca del aeropuerto de Târgu Mureș en el centro de Transilvania.

En 1992 ya habían construido un altar y una campana, en 1993 la entrada del convento y en 1995 la iglesia. Ésta última fue consagrada en septiembre de 2003, en presencia de los patriarcas Pedro VII de Alejandría y Teoctisto de Rumanía.

Fachada de la iglesia del monasterio de Recea, Rumanía.

Fachada de la iglesia del monasterio de Recea, Rumanía.

Últimos años y veneración del padre Juan entre la gente común
El padre Juan continuó su misión como confesor de las monjas en el nuevo monasterio hasta el año 2008, promoviendo su teología eucarística entre todos sus hijos e hijas espirituales. Muchos de ellos hablan del confesor que tenía una gran manera de llegar a sus profundidades interior y de encontrar buenas raíces en todas las cosas.

Hay testimonios de su clarividencia procedentes de personas que le conocían. A un sacerdote que lo juzgó poco ascético por verlo tan gordo, le respondió con una anécdota de la prisión, cosa que muy raramente hacía: “Sabes, cuando me interrogaban antes del proceso, en una ocasión no me dejaron ir al baño en tres días, para que me hiciese mis necesidades encima y se profanaran así mis ropas sacerdotales. Pero resistí y los riñones se me atascaron, de modo que mi cuerpo debe estar reteniendo líquidos desde entonces”.

El mismo testigo dice que el padre Juan solía pasar varios días en su silla de confesor, desde la madrugada hasta la medianoche, sin tiempo para comer, porque quería mucho a la gente que acudía a él y no quería que se fueran sin apoyo y perdón para sus pecados. La “oración del corazón” (“Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ¡ten piedad de mí, pecador!») la practicaba desde sus tiempos de estudiante y la perfeccionó en sus últimos años.

Cuando fomentaba la comunión frecuente, decía: “El cáliz es la raíz de la unidad de la Iglesia. Sin la Santa Comunión nos quedamos sólo con teorías, con doctrinas”. A los conservadores que veían sus creencia como una laxitud a la hora de compartir el Cuerpo de Cristo y una relativización de la importancia de la Eucaristía, se oponía firmemente, pues pensaba que el Cuerpo y la Sangre del Señor eran la comida habitual de los cristianos, y que sin ellos, estamos en peligro de morir de hambre. Sus enseñanzas aún ganan muchos adeptos hoy en la Iglesia rumana.

Tumba del padre Juan Iovan en el monasterio de Recea, Rumanía.

Tumba del padre Juan Iovan en el monasterio de Recea, Rumanía.

Falleció el 17 de mayo de 2008 y fue enterrado en el monasterio de Recea. Su tumba es ya un lugar de peregrinación y, durante una visita en la que tomé parte en agosto de 2013, el nuevo confesor del monasterio nos dijo que, a veces, cerca de la tumba se esparce un hermoso aroma, típico de la tumba de los Santos. El mismo confesor nos habló de una profecía del padre Juan, a quien conoció hace muchos años y que le anunció que sería el nuevo confesor de Recea. Testimonios de este tipo permanecen aún en labios de muchos cristianos que le conocieron, y que creen que fue un santo.

Mitrut Popoiu

Bibliografía:
– Metropolita Andrés Andreicuț de Cluj, Părintele Ioan Iovan de la Recea – Călugăr dârz, statornic şi anticomunist, en: idem, Cuvinte împărtășite, Editura Reîntregirea, Alba Iulia, 2007, 5-21.
– Claudiu Târziu, A murit Părintele Ioan de la Recea. Legenda continua, en: Formula AS – nr. 821/2008.

Enlaces consultados (22(02/2015):
– www.fericiticeiprigoniti.net/ioan-iovan/65-parintele-ioan-iovan-de-la-recea
– http://ioaniovan.ro/

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

La madre Teodosia Lațcu, monja y poetisa rumana

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía de la madre Teodosia Latcu, ya anciana, en su hábito de monja ortodoxa.

Fotografía de la madre Teodosia Latcu, ya anciana, en su hábito de monja ortodoxa.

La monja Teodosia Lațcu es una de los poetas cristianos rumanos que han sido redescubiertos tras la caída del régimen comunista en 1969. Sin haber tenido una vida extraordinaria, milagros o grandes discursos, su vida se encuentra reflejada en su poesía, que puede competir con la clásica himnografía cristiana.

Nació el 17 de marzo de 1917 en una piadosa familia de rumanos refugiados en Mezötur (actual Hungría), debido a la Primera Guerra Mundial. Fue bautizada con el nombre de Zorica, que es el nombre de una flor fácil de encontrar desde agosto hasta las primeras heladas. De vuelta en Transilvania, de donde eran sus padres, una región que después de la guerra fue incorporada el reino de Rumanía, la niña Zorica pasó su infancia en Brașov. Fue una niña de mucho talento, que escribía poesía en ocasiones y que, posteriormente, en 1936-1940, cursó lenguas clásicas y estudios de francés en la Facultad de Letras de la Universidad de Cluj. Se quedó allí un tiempo, como “preparadora del director” (una especie de asistente universitaria) en el Instituto Rumano de Lingüística en Cluj, y trabajó con el lingüista Sextil Pușcariu para la primera edición del “Diccionario de la lengua rumana” editado por la Academia Rumana.

Fue en 1941, con 24 años, cuando sus poemas empezaron a ser publicados en “Gândirea” («el pensamiento»), quizá la mejor revista literaria en Rumanía del momento, y en “Telegraful Român”, el periódico de la Archidiócesis Ortodoxa de Sibiu.

Sus primeros poemas estuvieron inspirados en la antigua mitología griega, pero pronto empezó a crear sólo poesía mística cristiana. El padre Teofil Părăian, un monje ciego del monasterio de Sâmbăta de Sus, el que promocionó su poesía a finales de los noventa, gustaba de recitar sus poemas y se sabía de memoria algunos textos específicos, como “Epitalam”, un poema inspirado en la mitología griega, un himno de bodas de Calírroe y el pescador Doris, compuesto en métrica griega. Este poema fue publicado en una revista que fue casualmente leído por un prisionero rumano en Siberia. Éste escribió a Zorica: “Desde un punto muerto en Rusia, en un día de ventisca y tormenta, en una mezcla de invierno e inicio de primavera, mis pensamientos se han iluminado como si estuvieran en la isla griega evocada por los cálidos, claros y perfectos versos dedicados a la boda de Calírroe. Gracias por este sereno y puro momento que me has dado en un tiempo dominado por una triste y sucia animalidad”.

Fotografía de Zorica Latcu en su juventud, al terminar el instituto.

Fotografía de Zorica Latcu en su juventud, al terminar el instituto.

Otra historia que cuenta Teofil tiene que ver con las 14 versiones de un poema llamado “File de Acatist” (“páginas de Akathist”), que alude al nombre de un poema bizantino compuesto específicamente con 13 kontakia, pequeños himnos, y 12 oikoi, poemas que incluyen el verso que comienza con el griego “Haire”, o sea, “¡Alégrate!”. Al regresar a casa un viernes por la noche, ella empezó a escribir y perdió la noción del tiempo hasta el domingo por la mañana, cuando se fue a trabajar (en esa época, los domingos eran días de trabajo). Cuando estaba frente a la puerta de la universidad, el portero la detuvo y le dijo que era domingo.

“Insula albă” («la Isla Blanca») fue su primer volumen de poemas, publicado en Sibiu en 1944. Los años siguientes fueron muy prodigiosos, con los volúmenes “Osana luminii” («Hosanna a la Luz»), publicado en 1948 en la imprenta de la diócesis ortodoxa de Cluj, y “Poemele iubirii” («Poemas de amor»), sólo un año después. Este último tuvo mucho que ver con el hieromonje y padre Arsenio Boca, abad del monasterio de Sâmbăta de Sus, a quien lo dedicó. La influencia de los pensamientos místicos de Arsenio en ella es visible, pues algunos de sus poemas son de inspiración exicasta. La correspondencia entre Zorica, que solía acudir cada otoño a Sâmbăta, y el hieromonje Arsenio continuó varios años, incluso después de que ella entrara en la orden monástica.

Esto ocurrió en 1948, cuando ella cambió su estilo de vida en atención al estatus de su vida y la región donde iba a vivir. Entre los movimientos místicos de la época estaba el que inició en 1939 la hermana Vasilica Gurău, que fue después monja Verónica, en el monasterio Vladimirești de la baja Moldavia, cerca de Galați. Este movimiento implicaba especialmente a chicas jóvenes que querían seguir una vida de pureza. En sólo unos pocos años, el movimiento de Verónica cambió los campos de Vladimirești en un bello monasterio donde vivían más de cien monjas. Esto fue visto con escepticismo por las autoridades eclesiásticas, pues era un movimiento que venía de los laicos, pero pronto, con la bendición del patriarca Nicodemo, que estaba impresionado por el celo de la joven Verónica, pudo salir adelante.

Pronto el monasterio de Vladimirești se convirtió en uno de los monasterios femeninos más grandes de Rumanía, donde el redescubrimiento de la centralidad de la comunión eucarística se alentaba mucho más que en cualquier otra parte del país. Es posible que Zorica decidiese venir a este lugar, a este entorno tan fuertemente místico, debido a sus diálogos con el abad Arsenio, y así se convirtió en la madre Teodosia. (Hay que mencionar que, en las tradiciones ortodoxas, sólo los novicios son “hermanos” y “hermanas”, mientras que los monjes y las monjas ya tonsurados son llamados “padres” y “madres”, respectivamente).

Ficha de la madre Teodosia Latcu en el archivo policial, cuando fue arrestada por el régimen comunista.

Ficha de la madre Teodosia Latcu en el archivo policial, cuando fue arrestada por el régimen comunista.

La monja Teodosia tenía una enfermedad congénita que no le permitía coordinar muy bien sus movimientos. Esta enfermedad le hacía muy difícil hablar con normalidad. Teofil Părăian describió, en un encuentro con ella en 1954, que tenía miedo de preguntarle nada porque le daba la impresión de que estaba haciendo grandes esfuerzos para contestarle. Pero este problema físico no era una barrera para escribir poemas ni traducir trabajos cristianos a la lengua rumana.

La congregación mística de Vladimirești resistió muy poco y fue la primera en ser cerrada tras el Decreto 410 de los comunistas en 1956, oficialmente a causa del problema con los legionarios (fascistas rumanos). En esa época, muchos otros conventos fueron cerrados, y también seminarios sacerdotales, facultades e imprentas cristianas. Todos los monjes menores de 55 años y monjas menores de 50 fueron obligados a volver al mundo, y aquellos que rehusaban eran encarcelados.

Las monjas Teodosia Laţcu, Epiharia Constantin y Fevronia Filip fueron arrestadas el 28 de marzo de 1955. Otras monjas y dos sacerdotes fueron arrestados posteriormente y durante largas investigaciones, los torturadores de Galați and Constanța intentaron obligar a Teodosia a que renunciara al movimiento de Vladimirești. Como a las otras monjas, se la acusó de “agitaciones públicas” y “omisión de denuncia”, porque habían ocultado a oficiales alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. El tribunal militar de Bucarest condenó a las monjas, mediante la sentencia número 263 del 5 de marzo de 1956, a 4-5 años de “prisión correccional” en Miercurea Ciuc. Los tres años pasados en prisión fueron, a pesar de las dificultades, tiempo de pureza de vida y oración.

Portada de uno de los libros de poemas de la madre Teodosia.

Portada de uno de los libros de poemas de la madre Teodosia.

Ella fue liberada en 1959, como beneficiada de una amnistía, pero como a las otras monjas, no se le permitió volver al monasterio, que se había convertido en un almacén de grano. En su condición especial, a Teodosia se le permitía vivir en Gurguiești, un pueblo cerca de Brăila, junto con Mihaela, otra monja “exiliada”. No fue hasta 1970 que a Teodosia se le permitió volver a su tierra natal en Brașov.

Como monja y durante el tiempo que permaneció en prisión y en arresto domiciliario ella no dejó de escribir, aunque sus poemas, agrupados en los volúmenes “Icoane pentru paraclis” («Iconos para capilla»), “Din pribegie” («Desde el exilio»), ”Grădina Doamnei” («El Jardín de la Señora») y “Alte poezii” («Otros poemas»), sólo se publicaron después de su muerte.

Además de componer nuevos poemas, ella tradujo algunos trabajos exegéticos de Orígenes sobre el Antiguo Testamento y otros textos exegéticos del Nuevo Testamento, incluidos en la Philokalia de Stăniloae, volumen 7 (San Gregorio de Nisa: Diálogo sobre la muerte y la inmortalidad -la Vida de Santa Macrina-; San Isaac el Sirio, San Simeón el Nuevo Teólogo), junto con el sacerdote Teodoro Bogodae. Ella también tradujo “Los milagros de la Madre de Dios”, una compliación popular de orígenes patrísticos.

Después de la caída del comunismo, en febrero de 1990, el monasterio de Vladimirești fue abierto y a la monja Verónica se le permitió regresar, junto con otras monjas. Entre ellas estaban también Mihaela y Teodosia, que aunque era ya anciana (73 años) se sintió como en casa con sus hermanas. Ella falleció aquel mismo año, el 8 de agosto. Fue enterrada en el cementerio del monasterio.

Cementerio donde está enterrada la madre Teodosia, en el monasterio Vladimiresti, Rumanía.

Cementerio donde está enterrada la madre Teodosia, en el monasterio Vladimiresti, Rumanía.

Página de Akathist, poema

En rumanoEn español
Bucură-te, leagăn alb de iasomie,
Către care-n roiuri fluturii coboară,
Bucură-te, raza stelei din vecie,
Şipot care curge lin cu apă vie,
Bucură-te, Maică pururea Fecioară,
Dulcea mea Marie.

Bucură-te, floare fără de prihană,
Albă ca argintul nopţilor de vară,
Spicul cel de aur veşnic plin cu hrană,
Mirul care vindeci orice fel de rană,
Bucură-te, Maică pururea Fecioară,
Ploaia cea de mană.

Bucură-te, brazdă plină de rodire,
Munte sfânt, în care s-a-ngropat comoară,
Bucură-te, cântec tainic de iubire,
Clopot de chemare, cântec de mărire,
Bucură-te, Maică pururea Fecioară,
Blândă fericire.

Bucură-te, mărul vieţii care-nvie,
Pomul greu de roadă-n plină primăvară
Bucură-te iarăşi, ţărm de bucurie
Dintru care curge miere aurie,
Bucură-te, Maică pururea Fecioară,
Sfânta mea Marie.
Alégrate, columpio blanco de jazmín,
al cual mariposas descienden en enjambres,
Alégrate, rayo eterno de estrella
murmurando con suave fluir de agua viva,
Alégrate, Madre Siempre Virgen,
Mi dulce María.

Alégrate, flor sin culpa,
Blanca como plata de noches de verano
Espiga de oro, eternamente llena de alimento,
Ungüento que sanas cualquier herida,
Alégrate, Madre Siempre Virgen,
Lluvia de maná.

Alégrate, tierra fecunda
Montaña Santa, donde fue enterrado un tesoro,
Alégrate, misteriosa canción de amor,
Campana llamante, canción magnificante,
Alégrate, Madre siempre Virgen,
Suave felicidad.

Alégrate, manzana de la vida resucitada,
Árbol cargado de frutos a media primavera,
Alégrate de nuevo, orilla de la alegría
Donde la miel es oro que fluye,
Alégrate, Madre Siempre Virgen,
Mi Santa María.

Mitrut Popoiu

Bibliografía:
– Bogdan Scorțea, Teodosia-Zorica Laţcu, monahia cu suflet de poezie, en: Ziarul Lumina, 11 Junio 2008
– Adrian Nicolae Petcu, Începutul represiunii comuniste asupra Mănăstirii Vladimireşti (II), en: Ziarul Lumina, 17 Nov. 2012
– Teofil Părăian, Medalion Zorica Laţcu, conferencia radiofónica el 11 de mayo de 1993, textuada como el capítulo 12 de su libro «Prescuri pentru cuminecături”, Timișoara, 1998.

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