Beato Domingo Iturrate Zubero, OST

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía del joven padre Domingo.

Fotografía del joven padre Domingo.

Infancia
En una humilde familia de labradores de Dima (Vizcaya), nacía el día once de mayo de 1901 el niño Domingo. Fue el primogénito de una numerosa familia de once hermanos, formada por Dº Simón y Dña Marta. Al día siguiente fue bautizado en la iglesia de San Pedro, recibiendo el nombre del santo del día, como se acostumbraba. Durante sus primeros años destacó por su docilidad y obediencia a las tareas que sus padres y profesores le confiaban, sus más allegados coincidían en que era un niño noble y pacífico. A los diez años hizo la primera comunión, y dos años más tarde recibió la confirmación de manos del Sr Obispo de Victoria.

Desde muy pequeño, antes incluso de recibir la primera comunión, asistía a misa casi a diario y ayudaba al sacerdote como monaguillo. Aquí conoció a Jesús sacramentado y cada día que asistía al divino sacrificio estaba más convencido de que su destino era ser sacerdote y servir a la Iglesia. Tal era su deseo, que no tardó mucho en verlo cumplido. El día treinta de septiembre de 1914, con tan sólo trece años ingresó en el seminario trinitario de Algorta, antes había intentado ingresar en los Franciscanos de Aránzazu. En los años de aspirantado no destacó mucho, aunque muchos de sus entonces compañeros coinciden en destacar sus virtudes y sus “luchas” de espíritu, y es que a lo largo de su vida se mostró siempre discreto, en un segundo plano.

Vocación
Acabados sus años de aspirantado y ya madurado su deseo de ser sacerdote de la Orden de la Santísima Trinidad, llega hasta el convento de los Trinitarios de la Bien Aparecida (Santander) para iniciar su noviciado. Durante este año que duró el noviciado, hasta que profesó el día 14 de diciembre de 1918, siempre lo recordará como un año de intensas vivencias en Dios. Su total y dispuesta entrega al espíritu religioso trinitario le hacen ganarse el apodo de “santito”. Sus superiores le tienen una gran estima, uno de ellos afirmaba: “Llegará un día en que nuestro Fray Domingo será algo grande y extraordinario”.

Estampa devocional del Beato trinitario. Fuente: samuelmiranda.com

Estampa devocional del Beato trinitario. Fuente: samuelmiranda.com

No todo fue un camino de rosas, el Beato Domingo del Santísimo Sacramento, durante este período, sufre en su vida espiritual, lo que a su vez muchos santos han sufrido; la noche oscura. En sus apuntes personales escribe sobre el estado por el que pasa su alma y lo afligido que se encuentra por ello, mortifica su cuerpo, recurre al cielo y acude al patrocinio de la Santísima Virgen. El día de su profesión cesa esta noche oscura y desde entonces recibe el don de la tranquilidad, la paz interior y serenidad.

Terminado el noviciado en Santander, es seleccionado para cursar unos estudios en Roma. Se establece en el convento de San Carlino y estudia filosofía y teología en la Pontificia Universidad Gregoriana. Aquí permaneció durante siete años, donde con muchos esfuerzos vio terminadas ambas carreras con doctorado, su obsesión era “ser apto instrumento de Dios en la salvación de las almas”. Consiguió la máxima puntación y hasta recibió una medalla por excelente conducta de aplicación.

Durante estos siete años de estancia en Roma, en aquel austero convento se forjó la personalidad de un Santo. Recibió varios cargos, como el de maestro de estudiantes y celador de novicios. En sus horas libres de estudio tuvo tiempo de conocer a muchas personas destacadas de la curia, como por ejemplo el cardenal Salotti. También en estas horas que no estaba estudiando ayudaba al cocinero del convento, al sacristán, a los alumnos menos aventajados, pero sobre todo a los enfermos que eran sus predilectos. A estos les curaba, los asistía,les acompañaba al médico y hasta les compraba las medicinas. Viéndose capaz de atender a los más necesitados, surgieron en su alma los deseos de ser misionero en América. Pidió permiso a sus superiores para emprender este camino, pero por desgracia no pudo ver realizadas estos nobles deseos. A sus compañeros decía: “¡Quién tuviera la dicha de ir a esas regiones a llevar la Fe de Cristo!”.

Estampa devocional del Beato y firma del mismo.

Estampa devocional del Beato y firma del mismo.

Sacerdocio
En 1925, Año Santo de la Redención, después de recibir meses antes el subdiaconado y el diaconado, finalmente el nueve de agosto de ese mismo año, en la Basílica romana de los Doce Apóstoles recibe la ordenación sacerdotal, era la meta que desde hacía años deseaba alcanzar. Ese día el Beato Domingo escribe a sus padres que están en España: “He sido constituido mediador entre Dios y los hombres. ¡Sean felices y mil veces las familias que entre sus miembros tienen un sacerdote que intercede por ellos! ¡Felices los padres que en su vejez, cuando ven cercana la muerte, puedan decir: ¡Tengo un hijo sacerdote que ofrece sacrificios por mí! ¡Qué consuelo sentirán entonces en sus almas!”.

Un año más tarde se prepara muy costosamente para los exámenes finales del doctorado. No le resultaba fácil estudiar, ya que afloraban los primeros síntomas de su enfermedad, pero como no le gustaba dejar nada improvisado o incompleto, siguió constante en este su deber de sacar adelante las últimas pruebas. Este debilitamiento físico no pasó desapercibido para ninguno de los que lo conocía, a pesar de esto, aprobó con excelentes calificaciones, “probatus cum laude”, y con tan sólo 25 años, el Beato Domingo era Doctor en Filosofía y Teología.

Enfermedad y muerte
En los últimos meses que estuvo en Roma, se sentía fatigado y aquejado de diversas molestias, que se fueron incrementando por sus largas jornadas de estudio y trabajo. Se le diagnosticó una pleuritis que más tarde derivaría en una severa tuberculosis. Los mismos médicos que lo atendieron le recomiendan su vuelta a España. A pesar de encontrarse tan enfermo, pasaba horas velando el Sagrario y celebrando misa con el permiso de sus superiores, que al verlo tan fatigado, pensaban que en una de estas celebraciones moriría. En una ocasión dijo estas palabras al padre provincial: “Padre Provincial, es increíble el tesoro de gracias que se obtiene con la celebración de una sola Misa”; éste, emocionado por estas palabras, accedió a dejarle celebrar la misa, que pudo celebrarla a duras penas.

Estampa moderna del Beato Domingo.

Estampa moderna del Beato Domingo.

El cinco de septiembre de 1926 regresa a España y aquí es examinado por tres prestigiosos doctores, que después de estudiar el caso, llegan a la decisión de no poder operarlo quirúrgicamente por el debilísimo estado físico en el que se encontraba. En Yurre (Vizcaya) permanece tres meses convaleciente y aquejado de múltiples dolores, mientras tanto, sus padres y hermanos no dejan de visitarlo, pero lejos de preocuparlos por su dolor, les consuela hablando de la santidad, la voluntad de Dios y la pureza de alma. Es consciente de que se acerca su inmediato final.

Más tarde es trasladado a Madrid con la esperanza de que pueda hacer algo por atajar su avanzada enfermedad, el doctor Collar es el encargado de examinarlo, sin mucho éxito como se esperaba, y este doctor, al volver a su hogar, expresó: “Vengo de visitar a un santo. ¡Qué resignación la suya! Es como un San Luis Gonzaga. En su aspecto físico no se le adivina la enorme tragedia de su enfermedad… tiene destrozados los dos pulmones. Se trata de una tuberculosis doble, avanzada e incurable”. Haciendo caso a los consejos médicos, fue enviado el veintiocho de septiembre de 1926 al convento de Belmonte (Cuenca), aquí encontraría un clima diferente. El Beato Domingo del Santísimo Sacramento, al llegar y ver este convento, dijo a sus acompañantes: “Aquí dormiré y descansaré”.

Cuatro meses después de ingresar, casi moribundo, en este convento trinitario de Belmonte (Cuenca), empieza su empeoramiento físico y, por consiguiente, su agonía. Aunque su inacción era total, dentro de esta enfermedad se santificaba día tras día. Daba gracias a Dios por lo que le exigía en la enfermedad, eran mucho mayores las gracias que le había concedido. El seis de abril de 1927 su estado se agravó. Con el rosario en la mano recibe la extremaunción y pide perdón a los que le acompañaban, se encontraba tranquilo, soportando santamente la voluntad de la Santísima Trinidad. Eran las cinco de la mañana del día siete de abril de 1927, y el Beato Domingo del Santísimo Sacramento moría santamente como hijo fiel de la Iglesia. Tenía tan sólo 26 años.

Al día siguiente se celebraron sus funerales, que fueron numerosos en asistencia. Los que lo acompañaban eran conscientes que había muerto un santo. El epitafio de su austera tumba decía: “Todo lo hizo bien”.

Vista de la urna-relicario del Beato. Fotografía cortesía de los Trinitarios de Algorta.

Vista de la urna-relicario del Beato. Fotografía cortesía de los Trinitarios de Algorta.

Proceso de beatificación
En septiembre de 1948, veintiún años después de su muerte, sus restos mortales son trasladados desde el cementerio de Belmonte a la iglesia conventual de los PP. Trinitarios de este mismo pueblo donde murió. A este acto asistieron seis mil personas. En la nueva lápida había esta inscripción: «Fue dechado de perfección religiosa; angelical en su pureza; encendido de celo por la gloria de la Santísima Trinidad; devotísimo de la Madre de Dios; extremoso en la caridad con su prójimo; fiel imitador de Cristo crucificado; dotado por Dios de gracias muy singulares».

Finalmente y de forma definitiva, dieciséis años después de la última exhumación, la urna de plata con sus reliquias fueron llevadas a la nueva iglesia del Santísimo Redentor de Algorta (Vizcaya). Aquí fue depositada esta urna en la parte izquierda de la iglesia. En este mismo lugar, en un ambiente de absoluto recogimiento, acuden a diario cientos de personas a visitar sus reliquias, que están depositadas bajo el altar de esta capilla.

En la diócesis de Vitoria, desde 1928 a abril de 1981 se fue celebrando el proceso informativo sobre su fama de santidad. Entre los años 1932 y 1935 se fue celebrando otro proceso similar en Roma. La introducción de la causa de beatificación y canonización se lleva a Roma en el año 1958. En 1964 se dan por válidos estos procesos. Casi veinte años después, en 1980 se aprueban sus virtudes heroicas y es declarado Venerable. Finalmente es proclamado Beato por el Papa San Juan Pablo II, el día treinta de octubre de 1983 junto a los beatos Giacomo Cusmano y Geremía de Valacchia.

David Garrido

Bibliografía:
– FUENTES, Manuel, OST, La voluntad de ser santo: Beato Domingo Iturrate Zubero, trinitario.
– IGARRI, S.C.L., Vivencias del padre Domingo Iturrate Zubero.


O radix Jesse,
Qui stas in signum populórum,
Super quem continébunt reges os suum,
Quem gentes deprecabúntur:
Veni
Ad liberandum nos, iam noli tardáre.
Oh retoño del tronco de Jessé,
Que te alzas como un signo por los pueblos,
Ante quién los reyes enmudecen,
Y cuyo auxilio imploran las naciones,
Ven
A librarnos; no tardes.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Hna. Ángela Autsch, misionera en Auschwitz

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Fotografía de sor Ángela con el uniforme de prisionera en Auschwitz.

Fotografía de sor Ángela con el uniforme de prisionera en Auschwitz.

En Auschwitz terminaría de pulirse un ángel del Señor, en un lugar donde sería el campo de concentración y de exterminio más grande durante la Segunda Guerra Mundial. La hermana Ángela pertenecía a la Orden de la Santísima Trinidad (Trinitaria).

Ángela María Celia Autsch nació el 26 de marzo de 1909 en Rollecken, en Renania del Norte Westfalia (Alemania). Ángela era la quinta de siete hijos de la familia Austch. Fue educada en principios religiosos y cristianos, llena de un ambiente familiar cristiano y de prácticas religiosas. Su niñez la vivió en Saureland donde creció y ya en la adolescencia el ambiente sería pesado ya que en 1914 estallaría la Gran Guerra. Terminada la guerra, muere su madre en 1921 y, siendo de las hermanas mayores, toma las riendas del hogar colaborando con los demás miembros familiares. Ante esta situación trabajó como aprendiz en un comercio para ayudar a la familia y, por tanto, dejó la escuela y cuidó también de los niños de su jefe.

Se sabe que conoció a un joven que la pretendía para casarse, el cual tuvo un final dramático; ante esta situación tomó conciencia de su vida y de la misión que Dios le había confiado, así pues, madura poco a poco su vocación y vive más profundamente la vida cristiana. Guiada por su párroco conoce a las Hermanas Trinitarias de Valencia en España, fundadas en el año de 1881. En 1933 ingresó en Montz (Austria), en la única institución trinitaria de lengua alemana; hizo sus votos en 1938, contrayendo el nombre de Ángela del Sagrado Corazón. Fue generosa, alegre y se entregaba con afán a los deberes, entre ellos la educación.

Un día discutían sobre Hitler cuando se encontraban haciendo las compras de alimentos para el convento, sobre la gran nación y potencia que el dictador prometía y las injusticias que se cometían en ese momento; pero ella, sincera, espontánea y libre, dio su opinión: “Será el azote de Europa”. Fue denunciada a la Gestapo por el dirigente del grupo local de los nacionalsocialistas y fue detenida por las SS el 12 de agosto de 1940. De la cárcel la llevaron a un campo de concentración, luego a otros: Ravensbrück, Auschwitz y Birkenau.

Lienzo de sor Ángela basado en la fotografía conservada.

Lienzo de sor Ángela basado en la fotografía conservada.

En Auschwitz fue responsable de las salas de limpieza de ropa y del reparto de las raciones de alimentos. Siempre acudió conforme pudo a auxiliar a las internas; les procuraba alimentación aun a riesgo de su vida. Además, por ser alemana y enfermera, se valieron de ella para que atendiera la enfermería del campo de concentración. Dio aliento y esperanza a los demás al ver las atrocidades que hacían los alemanes a los presos.La doctora Margarita Svalbová, una compañera checa y comunista superviviente de aquel lugar, dice que era la recluta número 512: “Ella fue una sonrisa de la aurora, como un rayo de sol… En medio de tanto sufrimiento y de horror, aparecía como un oasis de ternura”.

Muchos supervivientes hablaron de Sor Ángela, sobre el testimonio de su vida en el campo de concentración. Ella devolvió la esperanza a muchos con quienes tuvo contacto. Sor Ángela decía que era el amor de Dios y amor a los demás lo que le daba fuerzas, arriesgando su vida por ayudar a los demás. Pero su vida se fue agotando, pues al estar con enfermos contrajo el tifus y sufrió terribles fiebres. El 23 de diciembre de 1944, durante un bombardeo en el campo de concentración, mientras ayudaba a los enfermos a refugiarse, al parecer, un problema del corazón acabó con su vida en este acontecimiento.

A pesar de su gran entrega en un ambiente en el cual sólo podemos imaginar todos aquellos acontecimientos, es difícil poder calificarla – estrictamente hablando – como mártir a Sor Ángela Auchst. Sor Ángela fue detenida por sus palabras y comentarios, lo cual la condujo a los campos de concentración, así que no fue perseguida por su fe, sus creencias religiosas; aunque es verdad que somos un pueblo también profeta, en el cual denunciemos las atrocidades y luchemos por construir y edificar una sociedad más justa y consiente en los valores; aun así no creo que por este motivo se llegue a darle la mención de mártir. Además, murió a consecuencia de problemas de salud causados por la situación precaria en la que se encontraba; y el bombardeo del 23 de diciembre de 1944.

Sepulcro de Sor Ángela.

Sepulcro de Sor Ángela.

Si bien no dudo acerca de su grandeza, como una gran mujer que se comportó como una madre con los que sufrían, los enfermos, con todos aquellos a los que consoló y no dudo tampoco del hecho de que se haya quitado el pan de la boca para alimentar a otros. Es sin duda una mujer extraordinaria, digna de ser elevada al honor de los altares, un modelo cristiano para los cristianos y no cristianos. Inclusive se me viene a la mente San Maximiliano María Kolbe quien estuvo en el campo de concentración y quien murió al salvar a un hombre condenado. ¿Un mártir de la caridad? ¿Un mártir de entregarse y gastarse por el prójimo? ¿Acaso se podría seguir esta línea para que sea proclamada mártir?

Emmanuel

Bibliografía:
– SCHAUBER, SCHINDLER, Diccionario Ilustrado de los Santos, Grijalbo, 2001.

Enlaces consultados (16/03/14):
– http://padrenuestro.net/hoy-hace-70-anos-que-fue-detenida-la-religiosa-trinitaria-angela-autsch/
– http://www.trinitarios.org/AngelaMAutzs.htm

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beatos trinitarios mártires de Alcázar de San Juan

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Cartel de los beatos trinitarios.

Cartel de los beatos trinitarios.

El pasado 13 de octubre, en Tarragona, fueron beatificados seis frailes del convento trinitario de Alcázar de San Juan (Ciudad Real), que habían sido martirizados el 27 de agosto de 1936: Hermenegildo de la Asunción Iza Aregita, Buenaventura de Santa Catalina Gabika-Etxebarría Gerrikabeitia, Francisco de San Lorenzo Euba Gorroño, Plácido de Jesús Camino Fernández, Antonio de Jesús y Maria Salútregui Uribarren y Esteban de San José Barrenechea Arriaga. Todos ellos fueron sepultados en el cementerio de la localidad, pero sus restos fueron trasladados a la iglesia del convento en el año 1962. En un principio estuvieron sepultados junto al altar mayor, pero ahora lo están en una nueva capilla dedicada a ellos y al beato mártir seglar Santos Álvaro Cejudo, sepultado en la pared de la misma. Su fiesta y la del resto de los mártires beatificados en el mismo día, se celebra el día 6 de noviembre. Aunque sea de manera breve, vamos a dar algunas reseñas biográficas de estos bienaventurados mártires y finalmente explicaremos cómo fue su martirio.

Beato Hermenegildo de la Asunción Iza Aregita
Había nacido el 13 de abril del año 1879 en la localidad vizcaína de Mendata-Albiz, siendo hijo de Joaquín Iza y María Ignacia Aregita. Fue confirmado en Guernica, el 4 de agosto de 1889. El 31 de octubre de 1894 inició su noviciado en el convento trinitario de Algorta, emitiendo los votos simples el 1 de noviembre del año siguiente y profesando solemnemente el día de la Epifanía del año 1899 en el Santuario de la Virgen de la Fuensanta, en la provincia de Jaén.

Fue ordenado de sacerdote en Sevilla, por el Beato Marcelo Spinola el 29 de septiembre del 1902 y destinado como maestro de novicios al convento de Alcázar de San Juan, donde ejerció esta responsabilidad desde 1903 a 1907. Fue superior en diversos conventos: Alcázar de San Juan (Ciudad Real), Antequera (Málaga), Santuario de la Virgen Bien Aparecida (Cantabria), San Carlino (Roma), Laredo (Cantabria), Belmonte (Cuenca), volviendo nuevamente al convento de Alcázar de San Juan en el mes de mayo del año 1936. Todas estas responsabilidades nos demuestran que era un hombre con capacidad de dirección, siendo muy admirado y querido en la Orden Trinitaria. Era un hombre bondadoso, pacífico y prudente. El padre Andrés Sagarna, que estuvo con él en Cantabria y Belmonte, llegó a decir: “Aunque era de temperamento algo nervioso, siempre se controlaba, siendo un hombre muy equilibrado. Su conducta era edificante, era un gran religioso que servía al Señor con alegría. Respiraba una atmósfera de intensa espiritualidad”. Este mismo sacerdote, recordando las penurias que pasaron en Belmonte, dice que el padre Hermenegildo se preocupó de tal manera que “dio un giro sorprendente a la economía del convento y al régimen alimentario de los estudiantes, gracias a sus conocimientos y a sus amistades”.

Convento trinitario de Alcázar de San Juan, Ciudad Real (España).

Convento trinitario de Alcázar de San Juan, Ciudad Real (España).

En todos los conventos por donde pasó era ejemplar en su dedicación al ministerio del confesionario, teniendo fama de ser un gran director espiritual y un gran catequista. Durante el tiempo que estuvo en San Carlino, convivió con los beatos Domingo Iturrate Zubero y Santiago de Jesús, con el Venerable Félix de la Virgen y con el Siervo de Dios Antonino de la Asunción. Cuando en 1936 fue enviado de nuevo a Alcázar de San Juan, al ser felicitado por su nombramiento, respondió: “No he venido para ser el superior, sino para ser sacrificado”.

Beato Buenaventura de Santa Catalina Gabika-Etxebarría Gerrikabeitia
Nació en Ajánguiz (Vizcaya) el día 14 de julio de 1887, siendo sus padres Gregorio Gabika-Etxebarría y Cristina Gerrikabeitia. Entró en los trinitarios de Algorta, el 19 de julio de 1902, emitiendo los votos solemnes en el convento de La Rambla (Córdoba) el día 28 de septiembre de 1906. Fue ordenado de sacerdote en Málaga el día 17 de diciembre de 1909. La mayor parte de su vida religiosa la pasó en Alcázar de San Juan a excepción de un tiempo en el que estuvo destinado en un nuevo convento fundado en Belmonte (Cuenca) en el año 1923.

En Alcázar de San Juan se dedicó a la educación de los niños más jóvenes, por quienes fue muy querido, ya que era un hombre bueno y simpático: era el “clásico fraile bondadoso”. Le gustaba la música y el canto, tenía muy buena voz de barítono que no solo la utilizaba en los cantos en la iglesia sino enseñando a los niños las tablas de multiplicar cantando. A su lado, ningún niño estaba triste, si tenía que regañar lo hacía de forma muy suave y si alguno no tenía dinero para pagarse el colegio, lo atendía gratuitamente. Al igual que atendía especialmente a los niños, dedicaba también mucho tiempo al ministerio de la confesión tanto de los alumnos como de sus padres y era tan grande el cariño que le tenían en el pueblo que cuando se veía venir la persecución contra los religiosos, él comentaba: “A nosotros no nos va a pasar nada malo, ya que hemos dado clases a la mayoría de los niños de Alcázar de San Juan y les hemos proporcionado trabajo a centenares de obreros del campo. Nosotros queremos mucho al pueblo y sé que los alcazareños también nos quieren a los trinitarios”.

Fotos de los seis beatos mártires trinitarios.

Fotos de los seis beatos mártires trinitarios.

Beato Francisco de San Lorenzo Euba Gorroño
Nació en la localidad vizcaína de Amorebieta el día 25 de julio de 1889, siendo hijo de Santiago Euba y de Petronila Goroño. Entró en el noviciado de Algorta el 1 de agosto de 1904, allí emitió sus votos simples el 3 de agosto de 1905 e hizo la profesión solemne en el Santuario jiennense de la Virgen de la Fuensanta el día 12 de noviembre del año 1908. Fue ordenado sacerdote en Jaén el 23 de diciembre del año 1911.

Toda su vida sacerdotal la pasó en el convento trinitario de Alcázar de San Juan, llegando a ser elegido vicario de la comunidad en el año 1932. Siempre se dedicó a la enseñanza, la ayuda a los más necesitados buscándoles trabajo en el campo y en la RENFE y al ministerio sagrado del culto divino y la confesión. Era un hombre muy campechano, más bien bajito de cuerpo, regordete y muy fuerte. De él se comentaba que contagiaba alegría. Dado su carácter abierto y simpático, en los últimos años de su vida fue blanco de habladurías, pues según algunos era excesivamente extrovertido.

Tenía una magnífica voz de tenor, lo que le sirvió no solo para cantar en las celebraciones litúrgicas, sino para organizar y dirigir diversos coros que cantaban no solo en las celebraciones religiosas, sino también en las fiestas populares. Algunos decían que “iban a la iglesia sólo por oír la voz del padre Francisco”. En la misa oficiada por el beato obispo mártir Narciso Estenaga Echevarría el 10 de octubre de 1924 en la inauguración del colegio de Alcázar, el dirigió a un coro de religiosos trinitarios de diversas comunidades en todos los cantos de la liturgia.

Fue asimismo director de la “Adoración Nocturna” fundada en el convento de Alcázar en el año 1913 y capellán de las “Hijas de María”; organizaba la catequesis de los “tarsicios”, les dirigía los cultos eucarísticos y los preparaba para la comunión. También fue capellán del Asilo de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. Siempre estaba dispuesto a atender a todos y era frecuente que visitase a los enfermos en sus domicilios. Asimismo, como buen vasco, jugaba muy bien al frontón. Siendo avisado del peligro que corrían los religiosos, respondió con un simple “No creo que nos pase nada”.

Beato Plácido de Jesús Camino Fernández
Había nacido en Laguna de Negrillos (León) el día 6 de mayo del año 1890, siendo hijo de Miguel Camino y María Fernández, los cuales tuvieron otros tres hijos más. Entró en el noviciado de Alcázar de San Juan el 27 de septiembre de 1905, profesó el 20 de octubre de 1906 y emitió la profesión solemne en Córdoba el 7 de noviembre de 1909. Estudió en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, llegando a doctorarse en filosofía y fue ordenado de sacerdote en la Basílica Lateranense el día 8 de abril de 1916.

Cartel de la peregrinación a la beatificación y portada del libro.

Cartel de la peregrinación a la beatificación y portada del libro.

Era un hombre muy inteligente. De él se ha llegado a decir que “ha sido el religioso trinitario más inteligente del siglo XX”. Volvió a España en el año 1917 siendo profesor de filosofía en el convento cántabro de la Virgen Bien Aparecida y posteriormente, en el convento de Córdoba. Impartió teología en Córdoba y en 1925 fue nombrado director del colegio público de Alcázar de San Juan, cargo que ocupó hasta el año 1935. Existen muchos datos y anécdotas sobre él pues fue el trinitario que más contacto tuvo con los alcazareños, al ser el director del colegio durante diez años. Era un hombre de mucho prestigio, de una conducta intachable y, como decía el padre Arturo Curiel: “el alma del colegio de Alcázar”. Muchos de sus alumnos atestiguaron sobre él en el proceso abierto para su beatificación. Uno de sus lemas era: “Haz el bien y no mires a quién”. También fue capellán del Asilo de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados.

En el Definitorio General de Roma, celebrado entre el 9 y el 11 de mayo de 1936 para las elecciones de la provincia de España, al padre Plácido lo nombraron profesor de teología y filosofía, por lo que si probablemente hubiera sido trasladado a Córdoba o a Belmonte, no hubiera estado en Alcázar de San Juan el día en el que los trinitarios fueron martirizados.

Beato Antonio de Jesús y María Salútregui Uribarren
Nació en la localidad vizcaína de Guernica-Luno el día 5 de febrero del año 1902, siendo sus padres Ambrosio Salútregui y Josefa Uribarren. Tuvo una hermana llamada Genciana, que fue monja clarisa en el convento de Santa Clara de Guernica. Entró en el noviciado en el año 1917 e hizo la profesión simple en el Santuario cántabro de la Bien Aparecida, el 14 de diciembre del 1918. Esa ceremonia ha sido muy probablemente la más importante en la historia de la Orden pues al mismo tiempo profesaron los beatos Domingo del Santísimo Sacramento, Melchor del Espíritu Santo y este, Antonio de Jesús y María. La profesión solemne ha hizo el 3 de mayo de 1923 y fue ordenado de sacerdote por el beato mártir Manuel Basulto Jiménez, el día 29 de mayo del 1926.

A pesar de su juventud era de naturaleza enfermiza, pero de un carácter muy dulce. Uno de los testigos del proceso afirmó de él: «Era una persona angelical. Siempre tenía la sonrisa en los labios, era amabilísimo. Yo creo que nunca se enfadó, pero era todo un hombre: alto y bien proporcionado. También era un gran organista”. De él se afirma también que era un poco despistado, pues un día, mientras iba al Asilo a celebrar misa, perdió la capa del hábito por el camino y no se dio cuenta. La capa fue a parar a la sede social de los republicanos y tuvo que ir allí a recogerla.

Fotos de los seis beatos mártires trinitarios.

Fotos de los seis beatos mártires trinitarios.

Estuvo destinado en los conventos de la Virgen Bien Aparecida y Laredo (Cantabria), Belmonte y Alcázar de San Juan y en todos ellos ejerció como organista, ya que era un virtuoso del órgano. Compuso el himno a Jesús Nazareno en Alcázar de San Juan y en este convento, junto con el beato Francisco de San Lorenzo, formó un extraordinario tándem que solemnizaba todas las celebraciones litúrgicas. Semanas antes de ser detenido, se presentaron en Alcázar unos familiares vascos que se lo quisieron llevar, aunque él se negó a abandonar a sus hermanos de religión.

Beato Esteban de San José Barrenechea Arriaga
Nació en la localidad vizcaína de Elorrio el 26 de diciembre de 1880 y por ser la festividad de San Esteban protomártir, le impusieron los nombres de Esteban Ciríaco. Era hijo de Gabriel Barrenechea y Felipa Arriaga. Fue bautizado dos días después de su nacimiento y confirmado el 26 de agosto de 1883. Ingresó en la Orden Trinitaria en Algorta, como hermano lego, el día 1 de mayo de 1905, realizando la profesión simple el 20 de mayo de 1906 y la solemne, el 25 de noviembre de 1909 en el convento-santuario cántabro de la Virgen Bien Aparecida.

Era muy humilde y trabajador y siempre desempeñó el oficio de cocinero. Hablaba muy poco porque no conocía bien el castellano y se desenvolvía mucho mejor en euskera. Acostumbraba a decir que “aunque sus manos estaban ocupadas en los cacharros de la cocina, su corazón estaba ocupado en Dios”. Tenía fama de servicial, no solo con los religiosos, sino también con los alumnos del colegio y con sus padres. Cuando se enteraba de que un alumno era castigado, a escondidas, le llevaba de comer. También acostumbraba a repartir a los chiquillos los recortes de las obleas con las que se hacían las formas para la Misa.

Altar del convento trinitario de Alcázar de San Juan, Ciudad Real (España).

Altar del convento trinitario de Alcázar de San Juan, Ciudad Real (España).

Todos los días hacía comida de más para repartirla entre los pobres a las puertas del convento, siendo muy respetuoso con ellos cuando les repartía la comida e incluso cuando iba al mercado del pueblo a hacer la compra. Existe un cuadro de la época en el Ayuntamiento de Alcázar de San Juan, en el que está pintado el mercado de la ciudad y en el que aparece el Hermano Esteban haciendo la compra. A Fray Esteban le ofrecieron en más de una ocasión la libertad, si trabajaba como cocinero para los milicianos, para lo cual se tenía que inscribir en un centro marxista. Él siempre se negó aun a sabiendas del riesgo que corría.

Detención y martirio de la Comunidad Trinitaria de Alcázar de San Juan
Los días 19 y 20 de julio de 1936 fueron días de desconciertos y falsas informaciones en Alcázar de San Juan. El 19, los frailes fueron insultados en la calle cuando volvían de un entierro; el padre Plácido fue a preguntar a la guardia civil para informarse de cuál era la situación real. El 21, tanto los franciscanos como los trinitarios fueron expulsados de sus conventos y hechos prisioneros.

Aquella mañana, como hacían diariamente, los trinitarios se habían reunido en el coro de la iglesia a fin de cantar el oficio divino y celebrar cada uno la Eucaristía. El padre Plácido salió a celebrar misa en el Asilo de Ancianos y, al pasar por delante del convento de San Francisco, vio cómo detenían a los franciscanos. Aunque le dijeron: “A ése ya lo cogeremos después”, él continuó su camino y celebró la Misa. Sobre las siete de la mañana, varios hombres y mujeres rodearon el convento gritando contra los frailes e incluso entraron en el corral de una casa colindante a fin de evitar que los religiosos pudiesen huir por allí. El padre Antonio de Jesús y María estaba celebrando misa y ya había consagrado el pan y el vino cuando los milicianos entraron en la iglesia y lo intimidaron para que terminase, él siguió celebrando la misa, consumiendo todas las Sagradas Especies a fin de que no fuesen profanadas. A los fieles que estaban en la iglesia, los cachearon antes de dejarlos salir.

A las ocho de la mañana se presentó el juez municipal y les dio quince minutos para que se quitaran los hábitos y se vistieran de paisano. Ellos obedecieron y se fueron al claustro del convento esperando que el padre Antonio acabase de celebrar la Misa. El padre Plácido, al acabar la Misa en el Asilo, se fue andando al convento para reunirse con sus compañeros. Una vecina, que sabía que estaban deteniendo a los trinitarios, le salió al encuentro para avisarlo, pero él le contestó: “Muchas gracias por el aviso, pero lo que sea de mis hermanos, que sea de mí”. Lo detuvieron por el camino y lo llevaron con el resto de los frailes. En la plazoleta del convento se habían concentrado muchos milicianos y curiosos y en dos viajes en un Ford incautado, los llevaron al Ayuntamiento. Durante el trayecto fueron insultados por milicianos que corrían detrás del coche. Los testigos presentes que posteriormente declararon en el proceso, dijeron que los religiosos siempre se mostraron serenos, tranquilos. En el Ayuntamiento ya estaban los frailes de la comunidad franciscana y un novicio dominico que había sido apresado en la estación del ferrocarril.

Capilla donde están enterrados los seis beatos mártires. En la pared se ve la placa que cubre el sepulcro del Beato Santos Álvaro Cejudo.

Capilla donde están enterrados los seis beatos mártires. En la pared se ve la placa que cubre el sepulcro del Beato Santos Álvaro Cejudo.

En la plaza del Ayuntamiento se escuchaban gritos pidiendo la muerte de los catorce frailes allí retenidos. Desde el balcón municipal se les dijo: “Esperad, esperad, que lo que se os ha prometido, se hará”. Les preguntaron por el dinero y las armas que tenían escondidas en los conventos, a lo que ellos respondieron que no tenían ni dinero ni armas. El alcalde se acercó al padre Plácido, que había sido su profesor, y se ofreció a salvarlo, a lo que él se negó si no se les daba el mismo trato al resto de sus compañeros detenidos. Posteriormente fueron detenidas las Monjas Concepcionistas de la localidad, aunque más tarde las enviaron al Asilo, donde fueron acogidas por las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. A los catorce varones, los sacaron escoltados del Ayuntamiento, de dos en dos y atados con cuerdas y los llevaron a un lugar llamado “el Refugio”, situado junto al torreón de Santa María, en la calle Gracia. Allí estuvieron encerrados varios días comiendo lo poco que les llevaban algunos vecinos a riesgos de sus propias vidas.

Todos los días eran visitados por un agente de la policía secreta, quien años más tarde confesaría que le llamó mucho la atención el silencio que imperaba entre los religiosos, cosa que se interpreta como que estaban realizando los ejercicios espirituales de San Ignacio, como preparación al martirio. Sin embargo, no podían rezar en común, aunque sí los dejaban hablar entre ellos, lo que aprovecharon para confesarse mutuamente. En aquel lugar cogió una infección bronquial el hermano Esteban y para que se curara lo enviaron al Asilo de Ancianos.

La tarde del día 26 trasladaron a los presos civiles a otra cárcel situada en la calle de Santo Domingo y dejaron en “el Refugio” sólo a los religiosos. Aquella tarde-noche la pasaron atemorizados y aunque les llevaron la cena desde una fonda, ninguno de ellos cenó. Hacia la medianoche, se presentaron varios milicianos y les dijeron que se levantaran y prepararan para ser trasladados a otra cárcel. Irían en dos grupos aunque mezclados los franciscanos y los trinitarios. Al poco rato de salir el primer grupo, se oyeron unos tiros y un cuarto de hora más tarde, volvieron por el segundo grupo. Al llegar al lugar donde iban a asesinarlos, le dijeron al que conducía el camión que se detuviera para no pisar los cuerpos de los anteriormente fusilados y con una nueva descarga, asesinaron al segundo grupo de religiosos, excepto a fray Isidoro, quien se abrazó a fray Gabriel – ambos franciscanos – cayendo con él al suelo. Después, aprovechando la oscuridad de la noche, malherido, salió huyendo campo a través.

Capilla donde están enterrados los seis beatos mártires. En la pared se ve la placa que cubre el sepulcro del Beato Santos Álvaro Cejudo.

Capilla donde están enterrados los seis beatos mártires. En la pared se ve la placa que cubre el sepulcro del Beato Santos Álvaro Cejudo.

Fueron asesinados en un descampado junto a la entonces llamada “Balsa del andaluz”. Este lugar se encuentra actualmente dentro del casco urbano de Alcázar de San Juan. Como el lugar del asesinato estaba cerca del pueblo, muchos vecinos oyeron las descargas de los fusiles y los gritos de alguno de los mártires diciendo “Viva Cristo Rey.

La mañana del día 27 de agosto, casi de madrugada, varias personas se acercaron a ver los cadáveres, los cuales, sobre las once de la mañana, fueron tirados dentro de una furgoneta que se dedicaba al transporte de animales y los llevaron al cementerio municipal. Allí fueron expuestos al público, se les practicaron las autopsias que certificaron que los religiosos habían muerto por disparos realizados a corta distancia, directamente a la cabeza y al pecho. Fueron sepultados en una fosa común dentro del mismo cementerio municipal. Al finalizar la guerra, el 16 de septiembre de 1939, fueron exhumados, identificados y colocados en la cripta del cementerio municipal. Como dijimos al principio del artículo, en 1962 fueron trasladados al convento.

Urna que contiene los restos de los seis beatos mártires.

Urna que contiene los restos de los seis beatos mártires.

Anteriormente hemos dicho que a fray Esteban lo llevaron al Asilo para que se curase de una infección bronquial. Durante toda su convalecencia estuvieron preguntándole por las armas y el dinero escondido en el convento, a lo que él contestaba una y otra vez que ni había dinero ni había armas. Cuando se curó, pudo huir pero no quiso y el día 31 de agosto se presentaron en el Asilo un grupo de milicianos que se lo llevaron en un coche a la cárcel del pueblo donde lo maltrataron. El 12 de septiembre, lo sacaron de la cárcel y a las dos de la madrugada, lo asesinaron a las afueras del pueblo.

Antonio Barrero

Bibliografía:
– ALIAGA ASENSIO, P., “Absolutamente libres: mártires trinitarios de Alcázar de San Juan”, Madrid, 2013.
– Congregación para las Causas de los Santos, “Positio super martyrio”. Roma, 1999.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Venerable Tomás de la Virgen, trinitario descalzo

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Lienzo contemporáneo del Venerable Tomás de la Virgen, trinitario.

Lienzo contemporáneo del Venerable Tomás de la Virgen, trinitario.

El pasado 7 de Octubre se cumplían 366 años de la partida al cielo del Venerable Tomás de la Virgen, destacado sacerdote trinitario que sufrió en primera persona los dolores y sufrimientos en el misterio de la enfermedad.

En la ciudad de Villanueva de los Infantes, el día 21 de Enero de 1587 nacía en el seno de una familia de las más adineradas y emparentada a la de Santo Tomás de Villanueva (O.S.A), el niño Rodrigo de Tomás y Sánchez, sus padres eran Juan de Tomás Bustos y María Sánchez Mejías, ambos naturales de esta ciudad manchenga. Al poco tiempo de nacer Rodrigo, la familia vio menguada considerablemente su fortuna, por la repartición entre los pobres que llevó a cabo su padre. El niño Rodrigo creció en este ambiente y no es de extrañar que fuera tan caritativo y comprometido con los pobres desde muy pequeño.

Vocación de trinitario
Un día, desde la Ciudad de Valdepeñas, el padre reformador de la Orden Trinitaria San Juan Bautista de la Concepción se acercó hasta Villanueva de los Infantes a visitar la incipiente comunidad de Trinitarios que pocos meses antes se había formado en esta ciudad. Es aquí donde San Juan Bautista de la Concepción se encuentra con Dº Juan de Tomás y su hijo Rodrigo, que por aquel entonces contaba con 19 años. Fue entonces cuando en este encuentro Dº Juan se presentó al Santo Padre Reformador, diciendo: «Yo soy Juan de Tomás y éste es mi hijo, que quiere formar parte de su comunidad Trinitaria reformada. Tiene 19 años y siempre ha observado una conducta ejemplar. Aprendió a leer y a escribir ya hace tiempo, pero él prefiere dedicarse más a la oración que a las letras». El padre San Juan Bautista de la Concepción de muy buen grado preguntó al joven Rodrigo: «¿Quieres vestir nuestro pobre hábito?», a lo que el joven Rodrigo respondió: «Sí Padre, creo que es ésta la voluntad de Dios. Sé que encontraré dificultades y que la penitencia es dura, pero estoy seguro de que Dios me dará fuerzas para superar todas las dificultades».

El día 29 de Abril de 1606 recibe el hábito de la Santísima Trinidad en el convento Trinitario de Villanueva de los Infantes, de manos del Padre Reformador San Juan Bautista de la Concepción. Por sus devociones a la Santísima Virgen María y a su tío Santo Tomás de Villanueva, cambia su nombre por el de Fray Tomás de la Virgen. Durante un año realizó su noviciado en la Casa de Madrid y fue allí donde todos sus hermanos y superiores pronto notaron sus virtudes, especialmente en su forma de orar y su silencio, llegando incluso a ser conocido entre sus compañeros por «el Hermano que no habla». El mismo San Juan Bautista de la Concepción se refiere a sus progresos como religioso así: «Novicio ha estado conmigo, que muchos han experimentado esta verdad: que, siendo un hombre tan cerrado y callado en el hablar, que, entendiendo los frailes que habíe de perder de todo puncto el saber hablar, por ser esto con tanto estremo que en casa no le sabían otro nombre, el año del noviciado, sino «el fraile que no habla», estando conmigo, me ha dicho cosas tan altas, con términos tan extraordinarios, que me parece sólo el cielo se los puede haber enseñado».

Lienzo del Venerable en su lecho de enfermo. Fotografía: Pedro Huerta.

Lienzo del Venerable en su lecho de enfermo. Fotografía: Pedro Huerta.

Enfermedad
El día 1 de Mayo de 1607 realizó su profesión solemne, y al poco tiempo fue destinado desde Madrid a una nueva fundación a Córdoba, donde tuvo ocasión de mostrar su espíritu de penitencia, oración y caridad con los más pobres que a su paso iba encontrando, hasta llegar a Córdoba. Fue precisamente en uno de sus momentos de oración cuando se escuchó un enorme grito y a continuación rodó estrepitosamente por el suelo, expulsado sangre por la boca y por la nariz. En un principio le diagnoticaron hemoptisis aguda. En un principio no se amilanó por la enfermedad, pero fue en Bujalance (Córdoba) donde le sobrevino la enfermedad más aguda si cabe, creyendo varios doctores que se trataba de tuberculosis y estando de acuerdo en que vivía de puro milagro. Desde esta ciudad andaluza fue trasladado a su ciudad natal, creyendo así que con un clima más seco y entre sus familiares encontraría mejoría, resultando todo esto en vano. Entretanto, en este año es finalmente ordenado sacerdote.

En 1609 regresa a Madrid sin no pocas dificultades por su estado. Cuatro años después, queda totalmente postrado en la cama para no levantarse más; y es que todo su cuerpo era un llaga sangrante, un dolor que recorría sus miembros, fijándose en la cabeza, en los costados, en el estómago, en las piernas, sin interrupción tanto de noche como de día, con hemorragias constantes y ¡así 34 años! A partir de ese momento su dedicación era seguir a Cristo en el dolor, su ministerio se desarrolló desde la cama y en muy poco tiempo todo Madrid y la Corte Real hablaban del “santo” de la rara enfermedad que tan sabios consejos daba, su fama se extendió por toda la cristiandad, siendo consejero de Papas como Urbano VIII, Inocencio X, que antes de ser Papa fue nuncio en Madrid y tuvo ocasión de conocerlo personalmente; Clemente IX, que en su primera visita se mantuvo de rodillas durante toda la consulta frente a su lecho. Felipe III y Felipe IV, ambos monarcas de España, lo consideraban como el más fiel y leal de sus consejeros, el Duque de Lerma y el Conde-Duque de Olivares también recibieron de él sabios consejos y reproches.

Vista del sepulcro del Venerable.

Vista del sepulcro del Venerable.

Muerte
En 1617 aparecen en Fray Tomás de la Virgen manifestaciones evidentes del auténtico místico. Sus llagas se rebelan a todo medicamento y ungüento, y exhalan un perfume desconocido, encontrando único consuelo en la Eucaristía, que la recibía de diario. Explica los misterios de la Fe con claridad desconcertante a todos los que se le acercan en busca de consejo y guía. Ve las almas del purgatorio. Lee los pensamientos. Predice los hechos futuros como guerras, muertes, fechas etc. De todo esto se sirve para llevar las almas a Dios.

Después de 34 años, sabiendo el día y la hora de su muerte, pidió el crucifijo que le regaló el Papa con indulgencia plenaria, que tenía en un altarcito dentro de su celda, que por especialísimo privilegio del Papa Urbano VIII, allí celebraban misa y exponían al Santísimo. Abrazado a este crucifijo, como en una misma cruz, se unió definitivamente a Cristo Crucificado, y entregó su espíritu al Padre. Eran las 9:15 de la mañana del día 7 de Octubre de 1647. Durante los tres días siguientes todo Madrid y la Corte real rindieron homenaje al que consideraban un santo.

El 22 de Septiembre de 1805, el Papa Pío VII aprobó sus virtudes en grado heroico y lo declaró venerable. Hoy en día, después de ser trasladados sus restos mortales descansan en el convento de los PP. Trinitarios de Valdepeñas (C. Real), esperando su beatificación, de que podemos decir que por el momento está en un punto sin avance.

“Gracias os doy, Señor, por que me dais en qué pueda imitar a mi Redentor Jesucristo y os dignáis sea participante de su preciosa cruz”. (Palabras que pronunciaba el Venerable y que le sirvieron como lema).

David Garrido

Enlaces consultados (12/10/2013):
http://www.trinitarios.net/
http://es.wikipedia.org/wiki/Tom%C3%A1s_de_la_Virgen

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Beata Francisca de la Encarnación Espejo Martos, religiosa trinitaria mártir

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es

Lienzo de la Beata con el hábito y la cruz propios de la Orden Trinitaria. Convento de la Santísima Trinidad de Martos, Jaén (España).

Siguiendo nuestro recorrido a través de las vidas de las 296 religiosas mártires de la Guerra Civil Española (1936-1939), hoy le toca el turno a la Beata Francisca Espejo Martos, que es la única religiosa mártir de la Orden Trinitaria [1]. Aunque fue martirizada junto a otras dos religiosas pertenecientes a otras órdenes, nos centraremos únicamente en ella ya que ha sido la única beatificada hasta la fecha. A sus compañeras de martirio las mencionaremos pero dejaremos una referencia más concreta a ellas para otros artículos, pues lo merecen así.

Religiosa trinitaria
María Francisca Espejo Martos había nacido el 2 de febrero de 1873 en la ciudad homónima a su apellido, Martos (Jaén). Se quedó huérfana de madre siendo muy jovencita, con un hermano pequeño a su cargo. Años más tarde, su padre se casaría en segundas nupcias, y tuvo otros tres hijos con su nueva esposa. Debido al nuevo matrimonio de su padre, Paquita -así la llamaban todos- se fue a vivir con una tía materna suya, que era nada menos que la priora del convento trinitario de Martos: sor María del Rosario Martos Cuesta.

Allí, en medio de la vida conventual, nació en ella la vocación religiosa, por lo que tomó el hábito trinitario el 2 de julio de 1893 a los 20 años de edad como religiosa de coro y adoptando el nombre de Francisca de la Encarnación. Un año después, el 5 de julio de 1894, emitió sus votos perpetuos y durante 43 años permaneció en el convento trabajando su perfección espiritual, tomando a Cristo como modelo.

Durante mucho tiempo ocupó el puesto de tornera. “Era muy buena, todo lo que diga es poco”, con esta lacónica y expresiva frase resumía la vida de sor Encarnación una compañera suya de comunidad en el proceso de beatificación, quien la recordaba dando comida a los pobres que venían a pedir al torno del convento.

Allí seguía cuando estalló la Guerra Civil. En Martos incendiaron las parroquias de Nuestra Señora de la Villa y de San Amador en la noche del 18 al 19 de julio de 1936. Las noticias que le llegaban a sor Encarnación a través del torno la llenaban de tanto pavor e inquietud que la priora, viéndola tan alterada, decidió retirarla de allí y sustituirla por otra monja, más serena y valiente.

Vista del Monasterio de la Santísima Trinidad de Martos, Jaén (España), donde se santificó la Beata.

Persecución
El 21 de julio de 1936, un grupo de milicianos asaltó y ocupó el convento, expulsando a sus religiosas. Las trinitarias se vieron obligadas a refugiarse en las casas que les ofrecieron alojamiento. Sor Encarnación y su tía, sor Rosario, marcharon a vivir a casa de su hermano Ramón, quien había sido detenido, aunque más tarde sería puesto en libertad. Allí hicieron una vida muy similar al convento, dedicadas a la oración y echando una mano en las labores domésticas; y eso que, como ya he dicho, nuestra protagonista era de carácter asustadizo y pasó mucho miedo aquellos días. Más tarde, fue detenida la mujer de su hermano, y finalmente, ambas religiosas fueron detenidas y conducidas al Ayuntamiento.

Esto ocurrió el 11 de enero de 1937. Cuando parecía que el gobierno republicano había logrado restablecer el orden en su zona y empezaban a cumplirse sus llamamientos para acabar con los miles de asesinatos que se estaban cometiendo en las personas de creencia y prácticas cristianas y de pensamientos de derecha, tuvo lugar en Martos una terrible matanza en la noche del 12 al 13 de enero, en la que cayó víctima nuestra protagonista.

Dicha matanza se desencadenó a partir de que el 11 de enero, la aviación del bando golpista bombardeó Martos y su comarca, causando muchas víctimas. Esto enfureció a las autoridades locales, que decidieron tomar duras e injustas represalias con aquellos que consideraban desafectos a la causa republicana. Y ello incluía no sólo a terratenientes, ricos hacendados y personas de derechas; sino también a sacerdotes y religiosos, sobre los que todavía no se había abatido ningún ataque. Naturalmente, eso afectaba también a todas las religiosas de la localidad, pero eran tantas que, finalmente, aquellos desalmados decidieron que sólo ejecutarían a las tres superioras de las tres congregaciones religiosas existentes en Martos. En total, 47 varones y tres mujeres: sor María Isabel Aranda Sánchez, abadesa de las clarisas; la Beata Victoria Valverde González, superiora de las Hijas de la Divina Pastora; y, por error, detuvieron a las trinitarias sor María del Rosario Martos Cuesta y nuestra protagonista, sor Francisca de la Encarnación Espejo Martos, en lugar de la auténtica priora de las trinitarias, que logró salvar su vida gracias a esta equivocación.

Lienzo contemporáneo con los mártires trinitarios de la Guerra Civil española, donde se aprecia claramente que la Beata Francisca Espejo es la única mujer.

Detención y martirio
Sor Rosario, que había sido priora del convento trinitario toda su vida, era ya muy anciana y desde siempre había sido cuidada por sor Encarnación. Cuando eran conducidas hacia el Ayuntamiento, una muchacha de dieciséis años, viéndolo, increpó a los milicianos gritándoles: “¿Es así como pensáis ganar la guerra? ¿Matando a una anciana de ochenta años?” Al oír este reproche, los milicianos dudaron, y viendo que sor Rosario estaba muy viejecita y débil para suponer ninguna amenaza, la soltaron y le dieron orden de que regresara a la casa de donde la habían sacado. Así salvó su vida. Era la media tarde del día 12 de enero de 1937.

Sor Encarnación fue conducida al Ayuntamiento y allí coincidió con su hermana de hábito, la trinitaria sor María de los Ángeles de Santa Teresa, y las otras dos superioras ya mencionadas. A sabiendas de que iban a ser ejecutadas y a pesar del miedo que sentían, se animaban unas a otras pensando que pronto estarían en el cielo. Las ayudaba a ello el rezo del rosario y el recordar a los mártires enterrados en las catacumbas romanas.
Llegada la una de la madrugada del día 13, se abrió la puerta de la habitación donde estaban encerradas y un miliciano entró llamando a Ángeles Cuesta, sor María de los Ángeles. Las otras monjas enseguida la abrazaron y se despidieron de ella: “Tú, la más joven, vas a ser la primera”. Pero en realidad, no la llamaban para ejecutarla, sino para ponerla en libertad. Se consiguió esto gracias a la presión del teniente alcalde de Martos, que se enfrentó a sus compañeros del Frente Popular para lograr su libertad. Así, sor María de los Ángeles también salvó su vida.

Sobre la una y media de la madrugada del 13 de enero de 1937, salieron en automóvil las tres religiosas restantes tras un camión que recogió en la iglesia de San Miguel a todos los que iban a ser fusilados, como decía, 47 hombres. Fueron llevados a Casillas de Martos, un pueblecillo cercano, situado a 16 kilómetros de Martos.

Después de fusilar en las tapias del cementerio a todos los hombres, las tres religiosas fueron bajadas a un pequeño barranco que había a la entrada del cementerio, y allí intentaron violarlas. Pero se defendieron tan fuertemente, que las mataron mientras intentaban vencer su resistencia. A sor Encarnación la mataron dándole dos culatazos con la escopeta en la cabeza, de suerte que le fracturaron el cráneo por dos sitios. Tenía casi 64 años de edad. Los detalles del horrendo martirio de las otras dos me los ahorro para otro artículo.

Vista de la figura de cera que contiene los restos de la Beata. Monasterio de la Santísima Trinidad de Martos, Jaén (España).


Cuando acabaron de matar a las tres religiosas, los asesinos bajaron al pueblo de Casillas, cubiertos de la sangre de sus víctimas, y se emborracharon enormemente. Uno de ellos alardeó diciendo que había violado el cadáver de una religiosa, no sabía cuál. Otros decían, sobrecogidos, que les estaba entrando miedo al pensar en los muertos que habían sentenciado.

Hallazgo de los cuerpos
Acabada la guerra, a primeros de julio de 1939, se procedió a la exhumación de los cuerpos de los fusilados en esa horrenda noche del 12 al 13 de enero de 1937. Como no se sabía el lugar exacto, se trasladó los asesinos desde su prisión hasta el lugar de los hechos, no sólo para que indicaran el lugar de las sepulturas, sino que fueron castigados siendo obligados a desenterrar ellos mismos los cuerpos de sus víctimas.

Una monja trinitaria, compañera de sor Encarnación, acudió al lugar para poder identificar a su hermana de hábito. El cuerpo de nuestra mártir apareció el último de la tercera zanja y fue inmediatamente reconocido por esta religiosa. Tenía el cráneo hundido, rotos los huesos de la cabeza y una pierna totalmente desencajada, rota por la cadera y girada hacia atrás, en una postura espantosa. “Era horrible, contaría después la testigo, profundamente afectada, no había otro cuerpo tan maltratado, tan destrozado… reconocí sus manos artríticas, la deformación de sus pies, debido al reuma que padecía. Con un respeto grande, busqué en su camiseta las iniciales de su nombre y las encontré… era su nombre. El cadáver era el de sor Encarnación”. Sin duda, las terribles lesiones documentadas en el cuerpo son prueba de la atroz lucha que sostuvo contra sus agresores en defensa de su virginidad, hasta que se cansaron y la remataron a culatazos. No habían disparado un solo tiro contra ella.

Detalle de la figura de cera que contiene los restos de la mártir. Monasterio de la Santísima Trinidad de Martos, Jaén (España).

Hallados también los cuerpos de sus compañeras de martirio, fueron envueltos en unas sábanas y llevados al santuario de Nuestra Señora de la Villa, a una cripta dedicada a los mártires de la ciudad de Martos. Las religiosas trinitarias, sin embargo, lograron que se les permitiera llevarse el cuerpo de su mártir a la iglesia del convento, y allí fue enterrado después de estar varios días expuestos a la veneración de los lugareños.

Actualmente y tras la beatificación, los restos de sor Encarnación se veneran en una urna abierta de la iglesia del convento, dentro de una figura de cera revestida con el hábito trinitario y la palma del martirio. Está incorrupta, pero lo que se ve es la figura que recubre el cuerpo, no el cuerpo mismo como dicen algunas fuentes que sin duda, al contemplar la figura, creen erróneamente que se trata del mismo cuerpo de la Beata [2].

Glorificación de la mártir
Años después, las religiosas trinitarias inician los trámites necesarios para lograr la beatificación de sor Encarnación. Ya en 1985 se abre el proceso a nivel diocesano y en 1988 el obispo de Jaén decreta la introducción de su causa nombrando el tribunal correspondiente. El proceso se clausuró en 1989 y enviado a Roma, donde fue recibido por la Congregación para las Causas de los Santos.

Finalmente, el 28 de octubre de 2007, sor Francisca de la Encarnación Espejo Martos fue solemnemente beatificada por Su Santidad Benedicto XVI.

Única foto conocida de la Beata, la cual ha servido de modelo para lienzos y estampas.

¡Oh Beata Francisca de la Encarnación!
Tú que entregaste tu vida al Señor en la vida trinitaria contemplativa, y la ofreciste como holocausto supremo derramando tu sangre en el martirio, perdonando a tus verdugos, intercede ante la Santísima Trinidad para que también nosotros recibamos la gracia del verdadero amor y la fuerza de perdonar a los que nos ofenden.
Concédenos también las gracias y favores que con confianza pedimos por tu intercesión.
Por Jesucristo Nuestro Señor, Amén.

(Padre Nuestro, Ave María y Gloria.)

Meldelen

Bibliografía:
“Crónica del proceso a una mujer inocente”, folleto editado por las Trinitarias de Martos, año 1989.
– RODRÍGUEZ BORREGO, Andrés, “Buscó a Cristo apasionadamente”, folleto editado en 1986 sobre la vida de la Beata.
– RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, Gregorio, “El hábito y la cruz. Religiosas asesinadas durante la Guerra Civil Española (1936-1939)”. Ed. Edibesa, Madrid 2006.


[1] Esta afirmación debe matizarse. En efecto, la Orden Trinitaria considera que la Beata Francisca de la Encarnación Espejo Martos es la única religiosa mártir de la Orden, no sólo nivel español, sino general. Sin embargo, hay constancia de la existencia de una Santa Laura, religiosa trinitaria mártir, que fue ejecutada en Constantinopla junto a 52 compañeras el año 1453.
[2] He sabido recientemente, por testimonio oral de una religiosa de Martos, que al hallar el cuerpo de la Beata Francisca éste se encontró incorrupto y al moverla, sangró abundantemente. Sin embargo, al estar la piel muy ennegrecida y ofrecer un aspecto horrible, se ha obtado por recubrir dicho cuerpo con la visible figura de cera. La mencionada religiosa da por cierto esto afirmando que el médico lo firmó así en su informe forense, pero yo no he podido contrastar estos datos, que no aparecen en ninguna de las fuentes que he consultado, por lo que únicamente dependo de este testimonio oral que no puedo corroborar.

Artículo extraído ilegalmente y sin permiso de PreguntaSantoral.es